Pablo Solo, la reinvención de un hombre orquesta

En su último videoclip, Solo se multiplica por cuatro personalidades / Fran López

El compositor, cantante y multiinstrumenta cántabro presenta su primer trabajo en solitario, este jueves, en el Rvbicón

Pilar González Ruiz
PILAR GONZÁLEZ RUIZSantander

La incertidumbre inicial ha sido sustituida por buenas sensaciones. Pablo Solo se ha curado las ganas de alejarse de la música haciendo canciones. Esto, por contradictorio que resulte, es lo que convive en el interior de quienes entienden los acordes como latidos rutinarios. Más en su caso, capaz de combinar una colección de sonidos que le convierten en un hombre orquesta moderno. Menos estridente y más apetecible. Este jueves estará presentando algunas de sus nuevas canciones (el disco, 'Alondras', se publicará en octubre), en el Rvbicón (21.30 horas). Una buena ocasión para comprobar cómo dos pueden sonar a doce.

Le acompañará en esta ocasión Borja Juanco, amigo, productor a medias de este trabajo y bajista. Esta última función será la que más vestirá un escenario que parecerá repleto. Baterías que se tocan con los pies, loops sonoros que invitan a aprender sobre la marcha, guitarras enredadoras y canciones que han nacido en los últimos 12 meses.

Cuando todo empezó «de manera fortuita», Pablo se planteaba alejarse de la música. Había terminado la etapa con The Puzzles, una de las bandas con mejor factura de la escena cántabra y quería dejar de lado la composición «porque implica mucho a nivel emocional». Y sin embargo, la forma de escapar fue empezar a componer. «Tengo la suerte de tocar varios instrumentos y empecé a grabar en casa -explica- Quería hacer algo sencillo, montar una banda de amigos pero...se fue haciendo una bola más grande». Esa bola implicó tomarse el proyecto del disco más en serio. No hay banda, pero la presencia se suple con ideas. Todos los instrumentos los toca él mismo, creando en el momento patrones musicales, renovando las opciones que uno podría imaginarse. Solo toca solo y el resultado lo define como «curioso», una combinación que «tiene peso musicalmente y es interesante a nivel visual».

Del ramo de instrumentos que maneja es la batería la que más disfruta y la guitarra la que elegiría por su versatilidad. Pero en 'Alondras' ha añadido bajo, ukelele, piano y teclados, con alguna tímida incursión en otros elementos.

Aparecer a solas sobre un escenario le aporta «libertad y seguridad» y de paso, aparta problemas; «estar en una banda es compartir los viajes, los buenos momentos, pero como en todo, hay problemas y discusiones». Con este formato, bromea: «nadie aguanta a nadie».

Un poco antes de mayo comenzó a dar a conocer los temas. Ese trabajo previo, gestado en la intimidad de su casa, pasó después al estudio de Juanco y desembocó en Moon River. Aquí le salen palabras teñidas de agradecimiento hacia Fernando Macaya, de esas que se quedan pequeñas intentando expresar emociones; «Gran parte de lo que tengo se lo debo a él», enfatiza. Tan en serio se lo tomó que hasta se «abrió» una cuenta de Facebook para empezar a crear expectativas. Y ahí apareció Folcrecords, Antonio y Gerardo, para hacer más fácil el camino y darle carretera a un proyecto que «había que sacar».

El concierto

Día: jueves 1 de agosto

Hora: 21.30 horas

Lugar: Bar Rvbicón

Entrada: 5 euros

Entrada + single: 10 euros

El resultado ha sido una colección de comentarios positivos y palmadas en la espalda para retomar la ruta pausada. Reacciones que importan y a la vez no. «Tengo confianza en lo que hago, que es lo que me gusta y mientras me guste a mí, todo está bien, pero la opinión de amigos con criterios que comparto sí que influye. Quien se dedique a la música y diga que no, miente».

En un año salieron 24 canciones. Un prolífico balance del que quería ver surgir un disco doble con al menos 22. «Mejor algo más asequible», le dijeron. El resultado es un EP, 'Name the lad' con dos bocados de apertura y las once canciones restantes que llegarán en otoño. Buena época para un disco que, según le dijo Íñigo Breguel, de Los Estanques, «respira añoranza». «Los temas y las letras tienen esa atmósfera de melancolía, no por el tiempo, sino por el día a día; esa actitud de ir dejando cosas para mañana». Una de las canciones se llama justo así; 'Mañana'. Y también 'Wasting my time' reflexiona sobre los momentos que pasan sin poso. Como un pequeño diario en el que se cuelan rarezas como «Bowdown/The Ocean King» es el que define como su composición más atípica, la última que hizo y que suena a congas, influida por la música nigeriana de los años 70 y en la que, también suena Santander, «lo que se filtra de la ciudad donde estás» y el surf, que practica desde hace algunos años y le «cambió la vida».

Pasado inglés, presente santanderino

En un pasado menos lejano, allá por 2006, Pablo Solo, con la formación primigenia de The Puzzles, era un habitante más de aquel Reino Unido que aún no quería ser otro. Vivió en Reading y en Liverpool. Cumplió esas aspiración de cualquier adolescente que se cuelga una guitarra de vivir de la música. Eran la banda residente de dos locales. Les surgían otros bolos. Hacían lo que querían hacer y hasta tocaban en The Cavern, el genuino local donde sonaron The Beatles, de quien hay una influencia evidente. «Nos trajimos un aprendizaje brutal», rememora. «Ahora lo pienso más que entonces ¡Mira dónde estábamos! Si estuviera ahora, me comería la ciudad». Sus 'Alondras' suenan a los cuatro fantásticos pero también a los Beach Boys, a rythm & blues, folk americano e incluso «rollos oscuros».

En una Cantabria bañada por la ola de festivales veraniegos (hasta seis en apenas dos meses) Pablo Solo se confiesa «poco atento» pero cree que la presencia de bandas locales en esos eventos «no hace justicia a lo que hay aquí». Proyectos «muy interesantes» y bandas «que se buscan las alubias donde pueden». Reflexiona: «A Cantabria debería interesarle contar que tiene buenos creadores en la música».

En la otra mitad de esa luna con claroscuros está el circuito de bares y pequeñas salas, tan importante como valorado por los artistas. «Si no podemos mostrar lo que hacemos con el soporte de las instituciones y tampoco existieran los pequeños garitos, apaga y vámonos», resume.

Cuadruplicado en un juego visual que le otorga diferentes personalidades, el multiinstrumentista reconoce tener algo de los cuatro personajes cómicos que pueblan su reciente videoclip. Quizá con Solo McLiver, teclista borrachín pendenciero, es con quien menos se identifica «porque soy más soso», reconoce, mientras relata que antes de empezar a leer 'Nicholas Nickleby' de Dickens está metido en 'Wouldn't it be nice' y la grabación de 'Pet Sound'. Sátira literaria y agridulce historia de la música.

Seguro de lo que toca, entusiasta de lo que hace y algo más tímido con el trámite mediático, Solo no lleva bien esa parte de tener que «venderse» como «un compositor con un gran mundo interior». La promoción, necesidad y peaje en el mundo del arte. «Yo me veo como un tipo normal al que le gusta hacer música». Puede que esa, su música, sea la mejor definición posible. Compruébenlo.