La memoria sepultada del pueblo de Reocín

Trabajos en la antigua mina./DM .
Trabajos en la antigua mina. / DM .

El hundimiento de las galerías más profundas de la mina en 1965 destruyó las casas y provocó la primera evacuación masiva. Fue el principio del fin de un pueblo borrado del mapa

Mariña Álvarez
MARIÑA ÁLVAREZReocín

Parte de la memoria de Reocín está sepultada bajo tierra. Esa zanja descomunal y el lago que se ve desde el polígono del Besaya es paisaje inventado. De la auténtica capital del municipio, que ya solo unos pocos pueden recordar, apenas quedan un puñado de casas diseminadas. Las tiendas, el ambiente que reunía a jóvenes de toda la comarca, la villa atractiva a la que antes se emigraba... Aquello nació y murió con la mina.

De los dos mil habitantes que llegó a tener a mediados del siglo pasado quedan sesenta viviendo en las zonas altas. Los oriundos de Reocín, los viejos mineros y sus descendientes, ya no tienen pueblo. Viven en barrios adaptados en los alrededores o en otros municipios, en Ganzo, Valles, Quijas, Torres, Puente San Miguel o Torrelavega, en los que tuvieron que instalarse tras el primer hundimiento de la mina (1965), otros tras la expropiación de sus casas por la explotación a cielo abierto (1982) y el resto, tras el cierre definitivo del que fuera el mayor yacimiento de zinc de Europa (1857-2003).

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La primera catástrofe que sacudió los cimientos de Reocín ocurrió el 17 de agosto de 1960, al día siguiente de que el pueblo celebrara sus entonces famosas fiestas de San Roque. Sobre las diez de la noche reventó el dique de La Luciana, generando un estruendo que llegó a escucharse en Torrelavega y un apagón general en toda la comarca. Parte del pueblo quedó enterrado bajo toneladas de lodo. Murieron 18 personas.

Cinco años después se produjo el nefasto temblor. A las 14.15 horas, los vecinos de Reocín salieron de casa con lo puesto y en pleno seísmo huyeron en tropel hacia el monte para escapar de la amenaza subterránea. El hundimiento de cuatro de las galerías provocó un terremoto de 4,1 grados en la escala Richter, registrado por el Instituto Geográfico Nacional (IGN) como el segundo más fuerte habido en Cantabria, detrás del de Arredondo de 1938 (de 4,9). El de Reocín destruyó una veintena de casas, arruinó otras treinta y dañó medio centenar más. Hubo una docena de heridos, aunque todos salieron adelante. Aunque más tarde se reconstruyeron las casas y parte de los 700 evacuados pudieron regresar, Reocín ya no volvió a ser lo que era. Los barrios Pomares, Izán y Abajo quedaron borrados del mapa.

Tiempo después la empresa cerró las galerías afectadas y continuó con la extracción de zinc. Y enseguida se proyectó la reconstrucción del pueblo y buena parte de los evacuados regresaron a Reocín.

Y ahí se quedaron hasta que a principios de la década de los ochenta Asturiana de Zinc decidió explotar a cielo abierto. La empresa necesitaba todo el terreno que ocupaba el pueblo y comenzó un peliagudo periodo de negociaciones con todos los habitantes para que desalojaran sus casas reconstruidas tras el hundimiento.

Entre la expropiación de 1982 y el cierre definitivo de la mina (5 de junio de 2003) pasaron apenas veinte años. Los antiguos residentes se quedaron entonces sin mina, sin trabajo y sin pueblo.