Ortega lo niega todo en una entrevista para Trump y el Congreso de EE UU

Varios jóvenes sostienen cruces con mochilas en honor a los estudiantes que murieron en manifestaciones en Nicaragua./Jorge Torres (Efe)
Varios jóvenes sostienen cruces con mochilas en honor a los estudiantes que murieron en manifestaciones en Nicaragua. / Jorge Torres (Efe)

Según el mandatario nicaragüense no hay «ni un solo sacerdote» que diga haber sido agredido por el gobierno

MERCEDES GALLEGONueva York Corresponsal

La posverdad nicaragüense que Daniel Ortega intenta imponer al mundo alcanzó su punto álgido el lunes en la primera entrevista que da el mandatario en nueve años a un medio independiente. Le tocó a Fox, la cadena estadounidense que ve obsesivamente Donald Trump. Para él y su partido iba el mensaje de estabilidad que quiere proyectar contra viento y marea, con algo que el estadounidense puede entender muy bien: «Hechos alternativos», tan alejados de la realidad que dejan perplejos a cualquiera que tenga un atisbo de ella.

En la realidad paralela de Ortega, en Nicaragua no pasa nada desde hace una semana. El ejército paramilitar que ha reprimido sanguinariamente a la población desarmada responde «a fuerzas políticas» de la oposición y sólo ataca de noche. Tampoco hay «un solo sacerdote que diga que ha sido agredido por el gobierno», ni ha muerto «nunca nadie» en ninguna Iglesia.

La estrategia de la posverdad la explicaba muy gráficamente en Johanesburgo Barack Obama la semana pasada, durante su primer gran discurso desde que dejó la presidencia. «Si yo digo que esto es un podio y tú dices que es un elefante, va a ser muy difícil que podamos cooperar». Ortega no quiere cooperar en ningún diálogo. El dictador nicaragüense al que la conferencia episcopal presentó el mes pasado una salida negociada con las fuerzas sociales de la Alianza Cívica dice que «no he escuchado nunca este tema de adelantar elecciones». Su intención es seguir en el poder por lo menos hasta que agote el mandato en el 2021, «cuando nos corresponde hacer de nuevo elecciones».

No tenía delante a un periodista informado sobre la situación que vive el país centroamericano desde hace tres meses que pudiera ponerle en apuros. Ortega eligió bien esa exclusiva que utilizó para llegar hasta al Congreso estadounidense, al que pidió «respeto» para su pueblo. Lo que le preocupa es la propuesta de ley introducida en la Cámara Alta por el senador Bob Menendez para imponer sanciones «a las personas responsables de la violencia y abusos de derechos humanos en Nicaragua». El balance provisional de 400 muertos, más de 2.000 heridos y 700 desaparecidos equivale a crímenes contra la humanidad de los que puede ser hallado culpable.

En ella se acusa explícitamente al gobierno de Nicaragua de responder a las manifestaciones pacíficas contra el gobierno «con exceso de fuerza» y de los «asesinatos perpetrados por sus fuerzas de seguridad pública», a los que ha acompañado un ejército privado de paramilitares armado hasta los dientes. El origen de esas armas es la única verdad que pudo decir a Fox, al vincular su financiación con el narcotráfico. Antiguos comandantes de la revolución sandinista que han formado parte de su gobierno, como el ex vicecanciller Víctor Hugo Tinoco, están convencidos de que ya guardaba un arsenal privado «de acuerdo a su mentalidad de guerra». A esas mismas horas, el obispo de Jinotega Carlos Herrera consolaba a la familia de otro joven asesinado por los paramilitares en Barrio Sandino, donde amanecieron al menos tres muertos como parte de la sanguinaria cacería de quienes han participado en las protestas contra el gobierno.

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