Trump pierde a su mano derecha

Hicks observa un discurso de Trump. / Foto: Afp | Vídeo: Atlas

Hope Hicks es la tercera persona en ocupar el puesto de director de comunicaciones de la Casa Blanca

MERCEDES GALLEGOCorresponsal en Nueva York

Ya lo predijo Michael Wolff, el autor del libro Fire and Fury que desgrana la volatilidad de la Casa Blanca de Trump: “En un año más aquí no queda nadie salvo su familia”. Y hasta eso está en duda. Cada semana cae alguien del equipo. El presidente se va quedando sólo y aislado en su torre, pero ninguna pérdida tan dolorosa y crucial como la abrupta partida anoche de su mano derecha, Hope Hicks, la ex modelo de 29 años que desde que empezó su aventura presidencial hace tres años lo mismo le quitaba las arrugas del pantalón que transcribía el dictado de sus emails o dirigía los mensajes políticos.

Acorde con quien valora más la lealtad que la experiencia, Trump la ascendió el verano pasado a directora de Comunicación, después de que desapareciese casi por combustión espontánea el pintoresco Anthony Scaramuchi, cuyo breve ejercicio de cinco o diez días, según se cuenten, dejó en duelo a los caricaturistas del país. Hicks pasó entonces a ocupar el despacho de al lado del presidente, siempre lista para saltar a su llamado, interceder con la prensa para suavizar su imagen y clavar una severa reprobación a quienes se miraran por el rabillo del ojo al oír sus disparates. “Ojalá todos pudieran verle como le veo yo”, suspiró una vez.

No fue en entrevista, porque Hicks no dio ninguna. Su absoluta falta de protagonismo casaba bien con el ego del jefe, al que no le gusta que nadie le haga sombra ante los focos salvo que sea una mujer bonita y silenciosa. La ex modelo que le llevó su hija Ivanka era perfecta. Igual de imponente con minifaldas y zapatos de salón que en smoking y pajarita. Al gallo del corral le gustaba tenerla siempre cerca para volverse hacia ella cuando necesitaba un dato o una frase oportuna. Antes de cruzar la puerta levantaba los brazos y allí aparecía corriendo con la vaporeta en la mano para asegurarse de que no tenía ninguna arruga. En su avión privado le dictaba los emails y hacía repaso de los asuntos del día. Allí es donde la discreción de Hicks se cruzó en julio pasado con la investigación del fiscal especial Robert Mueller.

Según el ex portavoz del equipo legal del presidente Mark Corallo, que dimitió en esas fechas, Hicks estuvo al teléfono con Donald Trump Junior cuando se discutía cómo reaccionar a la publicación de su cruce de emails con una abogada rusa que le prometió “los trapos sucios de Hillary”. Convertida en la persona de confianza de Trump, se habría encargado de trasladar sus palabras al comunicado que mentía sobre la naturaleza de ese encuentro, algo que puede ser utilizado contra él en el caso de obstrucción a la justicia que investiga Mueller.

El martes Hicks mantuvo su lealtad durante las casi nueve horas de implacable interrogatorio al que la sometió bajo juramento el Comité de Inteligencia de la Cámara Baja. Se negó en redondo a responder preguntas sobre ese episodio o cualquier suceso posterior a la campaña alegando privilegio de secreto presidencial, pero admitió que en su cargo a veces se le ordena decir “pequeñas mentiras” que según ella nunca han tenido que ver con la trama rusa. CNN dice que Trump estalló en furia al saberlo. “¿Cómo has podido ser tan estúpida?”, dicen que le espetó. Horas después presentó su dimisión.

Muchos insisten con que llevaba semanas rumiándola, desde que su novio Rob Porter tuvo que dimitir del cargo de secretario del presidente al perder la autorización para revisar información clasificada por haber maltratado a sus dos ex esposas. Los fotógrafos empezaron a hacer guardia ante la casa de la discreta Hicks, que odiaba ver su nombre en los periódicos. Se la vio enjugarse las lágrimas en las esquinas al verse en las pantallas de televisión y se quemó de vivir constantemente apagando fuegos con la crisis del día. “Voy echarla de menos, es lo más lista y atenta que hay”, dijo nostálgico su jefe en un comunicado. Ella se despidió públicamente reiterándole su gratitud y no se descarta que vuelva a trabajar para él en la próxima campaña, cuando descanse y recupere la compostura.

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