«Estas personas no deberían salir de la cárcel o no podremos salir nosotras a la calle»

Carteles que han portado muchas de las mujeres que se han concentrado hoy en la localidad onubense de El Campillo durante el minuto de silencio guardado en las puertas del Consistorio./EFE
Carteles que han portado muchas de las mujeres que se han concentrado hoy en la localidad onubense de El Campillo durante el minuto de silencio guardado en las puertas del Consistorio. / EFE

En la localidad onubense de El Campillo reina la preocupación y la indignación tras el presunto asesinato de Laura Luelmo

Elena Martin Lopez
ELENA MARTIN LOPEZMadrid

En la pequeña localidad de El Campillo, de apenas 2.000 habitantes, los vecinos no esconden su malestar e indignación tras el asesinato de la profesora zamorana Laura Luelmo.

«Tenemos mucha pena por lo que ha pasado, pobre chica», dice Carmen Cárdenas, una vecina de la localidad. «Estamos muy preocupados, no es la primera vez que esto ocurre en Huelva», expresa Eva Andújar, hasta hace poco dueña de una joyería del pueblo.

La época del año tampoco ayuda. «Ahora vienen las Navidades y los chavales van a salir y entrar. Los niños están asustados por lo que pueda pasar», dice Andújar. Por su parte, Cárdenas echa en falta más seguridad. «Por la noche aquí no hay movimiento de seguridad. El cuartel está a cinco kilómetros», dice.

Precisamente, ambas destacan el hecho de que la casa de la joven se encontraba en «la parte peor del pueblo porque no hay nadie» y es «una calle que está aislada».

Laura Luelmo se había mudado a la localidad de El Campillo hacía apenas diez días para cubrir una vacante como profesora interina de educación plástica en el instituto de secundaria Francisco Vázquez Díaz, situado en el pueblo de Nerva, por lo que la mayoría de los habitantes aún no habían tenido posibilidad de conocerla. «No esperábamos que pasara. Llevaba poco tiempo aquí, no la conocíamos», dice uno de los trabajadores del Bar Fermín, situado en El Campillo.

A la preocupación se le ha sumado un sentimiento de indignación tras conocer que el autor confeso del crimen, Bernardo Montoya, mató a una anciana en 1995 en un pueblo cercano y que ha salido de la cárcel hace apenas dos meses. «Estas personas no se reinsertan en la sociedad cuando salen de la cárcel, está comprobado, por lo que no deberían salir, porque si no las que no podremos salir a la calle seremos nosotras», comenta Andújar. Por su parte, Cárdenas expresa, notablemente irritada, que «los criminales tienen que estar en la cárcel y cuando salen tienen que estar vigilados. El pueblo debería haber sabido que esta persona, que es un depredador, vivía aquí. No estábamos informados de lo que teníamos en el pueblo».

Las dos mujeres coinciden en que este es un «problema de la justicia». «No debería haber permiso penitenciario para criminales, violadores y asesinos», añade Cárdenas. «Somos muy condescendientes con la gente que hace tanto daño y eso no debería ser así. No deberíamos vivir con miedo. Las mujeres estamos desprotegidas. No sé cuántas personas tienen que morir para que esto cambie», agrega Andújar.

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