Torra tomará posesión como president, casi de tapadillo y en un acto sin invitados

Torra (i) y Puigdemont se saludan en Berlín. /Omer Messinger (Efe)
Torra (i) y Puigdemont se saludan en Berlín. / Omer Messinger (Efe)

El presidente se estrenará este jueves, manifestándose contra la justicia española y a favor de los dirigentes secesionistas presos

CRISTIAN REINOBarcelona

Quim Torra será este jueves investido presidente de la Generalitat, después de que el Rey firmara su nombramiento y saliera publicado en el BOE. Será una ceremonia sobria y muy breve y sin apenas invitados, por primera vez desde 1980. Quiere transmitir que la política catalana está lejos de regresar a la normalidad, que vive tiempos de excepcionalidad y también que su mandato es provisional, en la medida en que el presidente legítimo es Carles Puigdemont y él debería ser quien asumiera el mando.

En sus primeros pasos como presidente, Torra está mostrando una lealtad inquebrantable hacia quien le puso a dedo. El día después de ser investido fue a verle a Berlín para escenificar el reparto de papeles y este jueves podría incluso evitar colocarse la medalla que distingue al nuevo presidente. La liturgia marca que es el mandatario saliente quien impone el medallón con el escudo cuatribarrado al entrante, pero en esta ocasión Puigdemont no puede asistir al acto. Podría ser el presidente del Parlamento quien 'coronara' a Torra o incluso se especula con que la medalla ni siquiera se colgará del cuello del presidente. Como pendiente de la reelección del expresidente, a la que Torra se comprometió en su investidura.

Todo será nuevo en el acto de toma de posesión. Empezando por el organizador. La Generalitat, intervenida por el 155, y el Gobierno central han tenido que negociar la ceremonia. Está por ver hasta dónde llega la voluntad de la Moncloa de que sea un acto de obediencia constitucional. De entrada, Torra no prometerá respetar la Carta Magna. Su intención es utilizar la fórmula que empleó Carles Puigdemont. «Prometo cumplir lealmente las obligaciones del cargo de president de la Generalitat con fidelidad a la voluntad del pueblo de Cataluña representada por el Parlamento». Retórica soberanista, que pasó el corte del TSJC, que dijo que en la ley de Presidencia no se establece que los miembros del Ejecutivo, al ser nombrados, «tengan que usar ninguna fórmula de juramento o promesa».

También será novedad el lugar del acto. Tradicionalmente, se celebra en el salón Sant Jordi del Palau de la Generalitat y suelen asistir los representantes de diferentes estamentos, desde la política, iglesia, ejército o la sociedad civil. A la toma de posesión de Puigdemont acudieron 400 personas. Pero como esta vez no habrá invitados -salvo su familia, Roger Torrent y el secretario del Ejecutivo catalán- se ha optado por una sala más pequeña, la de Montserrat. Algo sobrio e íntimo, lejos de la pomposidad de sus antecesores, para visualizar un momento de tristeza, por el hecho de que haya miembros del anterior gobierno en la cárcel y en el 'exilio'. Al cierre de esta edición, ni siquiera se había enviado la convocatoria.

Política de gestos

Torra anticipa un mandato lleno de gestos. Este miércoles participó en la manifestación que convocaron la ANC y Ómnium para homenajear a Jordi Cuixart y Jordi Sànchez, cuando se cumplían los siete meses desde que ingresaron en prisión. Y además, el viernes viajará a Madrid a visitar a los secesionistas que están presos.

Tras la toma de posesión, Torra anunciará, a las horas o días siguientes, la composición de su gobierno. En principio, las dos piezas clave serán Elsa Artadi y Pere Aragonès. El presidente de la Generalitat quisiera restituir en el cargo a todos los consejeros del gabinete anterior, pero los republicanos Junqueras, Romeva, Mundó, Serret y Bassa lo han rechazado. Comín lo está sopesando y los que podrían repetir son Turull, Rull y Puig, todos ellos de JxCat.

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El Senado mantendrá la Comisión del 155 aunque se deje de aplicar

La inminente suspensión de las medidas de intervención de la Generalitat al amparo del artículo 155 de la Constitución no comportará necesariamente la disolución de la comisión conjunta creada en el Senado para tramitar la ley que permitió aplicar en este precepto constitucional en Cataluña.

Fuentes parlamentarias han explicado hoy que el funcionamiento de esta comisión, presidida por el presidente de la Cámara Alta, Pío García-Escudero, sólo depende de la propia Mesa de la institución, sin que se vea afectada por el fin de la aplicación del 155, y es a este órgano al que en última instancia correspondería disolverla.

Además, se da la circunstancia de que la Comisión del 155 tiene todavía pendientes varias iniciativas, entre ellas una comparecencia de la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría.

Esta solicitud fue tramitada a petición propia el pasado 14 de marzo para informar sobre la ejecución de las medidas aprobadas por el Senado, y se anunció para después de Semana Santa.

 

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