'Superwoman' en el siglo XXI
La parte positiva de vivir una pandemia ha sido la evolución mental (o revolución) que ha supuesto quedarnos en casa
Seguramente el mundo de la arquitectura sea uno de los más vinculados históricamente con la figura masculina. A lo largo de la historia de la ... arquitectura, el papel de la mujer se ha relegado a un segundo plano dejando todo el protagonismo al hombre.
Lejos de todo eso, en los últimos años las escuelas de arquitectura de todo el país se han ido llenando de mujeres que poco a poco se han abierto paso en el mundo laboral. De hecho, yo he sido una de ellas. Desde mis primeros años de estudiante, llenos de largas noches sin dormir, tiritar de frío dibujando cada rincón de la ciudad, pasando por los años de aprendizaje y colaborando en diferentes estudios, hasta el día de hoy, dirigiendo el mío propio y formando parte de la Junta de Gobierno del Colegio de Arquitectos de Cantabria.
Pero, ¿se ha equiparado el papel profesional de la mujer al del hombre? Seguramente no, o al menos no al mismo precio.
Parece que una mujer tiene la 'obligación social' de dar el 200% en el trabajo y estar con los niños en el parque. Desde luego, las condiciones de maternidad y conciliación significan seguramente el mayor esfuerzo tanto físico como mental de las madres trabajadoras de hoy en día. Incluso en mi caso, siendo una trabajadora por cuenta propia, es algo difícil de lidiar en el día a día. Visitando obras ocho días después de haber pasado por una cesárea o hacer encaje de bolillos para que alguien recoja a los niños en el colegio porque se ha alargado una reunión... Podría narrar un sinfín de escenarios en los que parece que necesitamos días de 48 horas y cuatro manos para poder llegar a todo.
Pero no me considero una 'superwoman'. Formar un 'equipo' en casa es imprescindible para poder triunfar en lo profesional. Tener la opción que cada uno en un momento dado tiene de delegar ciertas tareas, permite focalizar las energías en el trabajo. Por igual y sin géneros.
Parece una utopía oír hablar como ocurre en los países nórdicos de bajas maternales de dos años y teletrabajo para poder conciliar. Lo cierto es que la parte positiva de vivir una pandemia ha sido la evolución mental (o revolución) que ha supuesto la obligación de quedarnos en casa. Es curioso que desde hace años teníamos la tecnología para hacerlo, pero hemos necesitado que el covid pusiera nuestro mundo patas arriba para hacer uso de ello.
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