La oposición reclama el desmantelamiento de las depuradoras de Somo y Loredo

Los perros, en la depuradora de Loredo. /DM
Los perros, en la depuradora de Loredo. / DM

El debate sobre su futuro se reactiva después de que los perros de un vecino cayeran al pozo de una de las instalaciones

HÉCTOR RUIZ LOREDO.

Las dos depuradoras situadas en Somo y Loredo, en desuso desde que las aguas residuales del municipio son tratadas en la EDAR de Suesa, son objeto frecuente de debate entre los partidos políticos locales. Mientras el equipo de Gobierno (PRC) opta por la reutilización de ambos espacios para diferentes fines, la oposición ha manifestado en varias ocasiones la necesidad de su desmantelamiento como ha ocurrido este año en el municipio vecino de Marina de Cudeyo. La polémica se ha visto avivada desde que este mes de agosto los perros de un vecino estuvieron cerca de ahogarse en la depuradora de Loredo.

El Ayuntamiento de Ribamontán al Mar está a la espera de que Demarcación de Costas apruebe el proyecto presentado para la reconversión de la antigua depuradora de Somo, ubicada junto a la ría de Cubas, en un mirador. Respecto a la infraestructura de Loredo, construida en un espacio dunar que actualmente está integrado en la Zona de Especial Protección (ZEC) Dunas del Puntal y Estuario del Miera, los regionalistas han optado por depositar en sus vasos la arena y desechos que proceden del cribado de las playas, para lo cual informan de que se han renovado este año los permisos oportunos. El objetivo final, una vez se hayan llenado los dos pozos existentes en Loredo, será la plantación de vegetación para favorecer la creación de una duna que oculte bajo su superficie la antigua infraestructura.

No obstante, el planteamiento que mantienen los regionalistas es concebido por el Partido Popular e Iniciativa Vecinal por Ribamontán al Mar como «un peligro». Sobre todo después de que a mediados de agosto «por un descuido del encargado de la limpieza de la playa», explicó la teniente de alcalde, Araceli Colina, se quedara la puerta abierta de las instalaciones y dos perros de un vecino que iban sueltos acabaran arrojándose al pozo. «Las balsas están hechas de una masa verde que ellos interpretaron como suelo firme», recuerda el dueño, Alberto Martínez, que tardó «un cuarto de hora» en sacar a los animales «exhaustos y a punto de ahogarse».

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos