Molledo pasea a sus hijos más ilustres

Molledo pasea a sus hijos más ilustres
Nacho Cavia

El Ayuntamiento ha culminado un plan de paneles informativos sobre Torres Quevedo y Miguel Delibes

Nacho Cavia
NACHO CAVIALos Corrales de Buelna

El valle de Iguña muestra desde este mes una nueva cara a cuantos quieren acercarse a conocer más de cerca uno de los enclaves histórico y natural más importante de Cantabria, y lo hace con una invitación directa y especial al turismo científico y literario. Desde hace unos días, Molledo da la bienvenida al visitante con cuatro tótems que invitan a conocer la riqueza patrimonial y festiva del municipio, además de la importancia de dos de sus hijos más destacados, Leonardo Torres Quevedo y Miguel Delibes.

La inversión, de cerca de 60.000 euros, no ha sido tanta como el «esfuerzo» realizado para poner en marcha un proyecto «que nos ha costado lo nuestro», decía la alcaldesa, Teresa Montero, más que contenta por poder ver hecho realidad uno de los planes diseñados en este mandato para atraer turistas a Molledo y convencerles de que dediquen parte de su tiempo a disfrutar de un municipio con una oferta abierta a todos los gustos, bolsillos y posibilidades.

Si uno entra por el sur se encuentra en Santa Olalla el primer tótem, en el que además de dar la bienvenida al visitante se recoge la riqueza arquitectónica civil y religiosa del municipio. Si se entra por el norte, el panel está situado en La Serna de Iguña y está dedicado a Leonardo Torres Quevedo, aprovechando que el colegio público albergará un centro expositivo sobre el gran inventor de Santa Cruz de Iguña, ubicada algo más al norte siguiendo la antigua carretera Nacional 611.

Tras pasar el viaducto que salva las vías del tren, antes de la iglesia de la Virgen del Camino, se levanta un tercer tótem, dedicado a un visitante tan habitual como ilustre, el escritor castellano Miguel Delibes, Hijo Adoptivo de Molledo. El cuarto se puede ver en la única carretera de entrada a Silió y está dedicado a la Fiesta de Interés Turístico Nacional de La Vijanera, todo un referente en las mascaradas del viejo continente.

No son los únicos paneles que conforman ese proyecto, también los hay dedicados de forma concreta a detallar dos rutas. Una de ellas literaria, centrada en la novela 'El Camino' y ligada a la figura de Miguel Delibes y a su especial relación con el ámbito rural de Molledo. También se destaca el patrimonio natural de la zona, por la relación del escritor con la caza y la fauna, temas protagonistas de la novela ambientada en el municipio.

De la misma forma, otra ruta destaca la importancia histórica de la figura de Leonardo Torres Quevedo, nacido en Santa Cruz de Iguña (Molledo) en 1852 y considerado el inventor español más universal. De hecho, sus célebres transbordadores los ideó y probó en el valle de Iguña, en 1886 y, los patentó desde su localidad natal.

Un proyecto dirigido a futuros visitantes que no ha dejado impasibles a los vecinos de Molledo, muy receptivos con ese plan de difusión de su rico patrimonio humano, arquitectónico o festivo, sobre todo si al final, como es la intención, se refleja en la llegada de nuevos ingresos. Porque los dos objetivos principales de esa iniciativa parten de dos «deudas históricas», La primera dar a conocer al gran ingeniero iguñés, Torres Quevedo, y la vinculación del premio Cervantes, Miguel Delibes, con el municipio. La segunda, lograr que dos personajes de talla internacional como ellos logren situar Molledo en las rutas turísticas, complementando esa riqueza humana con la belleza arquitectónica e histórica de muchos de sus edificios civiles y religiosos o la carga festiva de un municipio que ya da la vuelta al mundo cuando se habla de tradicional Vijanera de Silió.

Luces y sombras

Lo cierto es que más vale que el futuro de ese proyecto sea más saludable que el del primer centro de interpretación dedicado a la vida y obra de Torres Quevedo. Levantado entre el colegio al que da nombre y su casa natal, en Santa Cruz de Iguña, está totalmente abandonado. Rotos los paneles y el sistema de audio, maleza, suciedad, pintadas y deshechos llaman más la atención que los inventos que se atisban en torno a una gran escultura dedicada al ilustre inventor. Si no fuera otro apunte para la tristeza, casi se agradece que el aparcamiento de grandes transportes oculten a la vista del visitante ese centro de interpretación.