Tres hermanos merachos de sangre

Los tres hermanos Acebo sacan el brazo una vez más. /Héctor Ruiz
Los tres hermanos Acebo sacan el brazo una vez más. / Héctor Ruiz

El Ayuntamiento de Miera acaba de reconocer la labor de tres de sus vecinos de la familia Acebo por haber realizado más de 300 donaciones de sangre

Héctor Ruiz
HÉCTOR RUIZMirones

Con su más que razonable parecido físico nadie puede negar que los Acebo son hermanos. Eso sí, sus diferentes maneras de ser invitan a pensar que cada uno sea de su madre y de su padre. Mari Paz, la mayor y más alegre, no calla ni debajo del agua; José, el mediano, es un experto bromista; y Trinidad, la pequeña, resulta ser la más seria y callada de los tres. Aun con su diversidad de caracteres, hay algo más que les une: su compromiso con las donaciones de sangre, que entre los tres suman más de 300 aportaciones desde 1980, lo que les ha llevado a recibir ahora el reconocimiento del Ayuntamiento de Miera por su labor.

Mari Paz, José y Trinidad Acebo donan tanto sangre como plasma, para lo que se trasladan a Valdecilla

Como casi siempre, los mayores son los que allanan el camino a los que vienen por detrás. Por ello, Mari Paz fue la primera en animarse a donar sangre. Fue en el verano de 1980, tras haberlo intentado previamente y recibir una negativa por estar embarazada. «En aquel momento no estaba tan extendido», recuerda.

José empezó cuatro años más tarde, sin embargo, hace tiempo que le tomó la delantera a su hermana mayor, puesto que él supera las 167 extracciones frente a las 92 de Mari Paz a lo largo de todos estos años. En su caso, comenzó tras sufrir un «grave» accidente de coche y recibir una transfusión. «Todavía está el coche en un terraplén de San Roque de Riomiera», señala. A raíz de eso inició sus donaciones. «A mí de siempre me gusta ayudar a los demás, pero hasta que no te pasa no te lo planteas tanto».

«Si me pagaran no haría las donaciones, esto para mí es una cuestión de satisfacción personal» Mari Paz Acebo Acebo | Donante de sangre desde 1980

Por su parte, Trinidad, que se lleva muchos años con sus hermanos mayores, fue la última en introducirse en este mundo. Fue en 2002, y desde entonces ya roza el medio centenar de donaciones. Para hacerlo, al igual que José y Mari Paz, siempre ha acudido hasta el Hospital de Valdecilla.

Fue ahí donde les propusieron hace algunos años comenzar con aféresis, modalidad por la que se obtiene plasma y plaquetas. «Uno de los primeros en hacerlo en Cantabria fui yo», recalca él. Mientras que la mayor de ellos hace hincapié en que también se lo ofrecieron a ella. «Requiere mucho más tiempo que la donación de sangre, pero yo ya hacía el viaje a Santander me daba igual dedicar unas horas más».

Tal y como relatan los Acebo, la extracción de plasma les supone entre tres cuartos de hora y una hora y media, dependiendo de los ciclos que hagan. A lo que hay que sumar el traslado hasta Valdecilla. «Para mí sí que supone un sacrificio bajar en autobús», reconoce Mari Paz.

«Es muy difícil conseguir que la gente se anime a donar, sólo lo harían con dinero de por medio» José Acebo Acebo | Donante de sangre desde 1984

José le da la razón, aunque también explica que «te tumbas, te duermes y te echas unos sueños impresionantes». Por todo ello prefiere no pensar mucho en el tiempo de dedicación que le supone porque «lo hago para hacer el bien». Además, haciendo gala una vez más de sus bromas, lo toma con humor. «Yo siempre pido que me saquen un poquitín más para hacer morcillas, pero nunca me hacen caso», suelta entre risas.

Eso sí, Trinidad explica que no resulta doloroso, pero apunta que «hay que tener cuidado». Sobre todo cuando recuerda una ocasión en la que, al salir tras donar sangre, echó a correr porque llovía «y me dio la pájara de qué manera... No sabía que eso podía pasar».

A pesar de todos los años que llevan con el mismo ritual acudiendo cada tantos meses al hospital, ninguno de los tres ha entablado relaciones con el resto de donantes. «Hablas con la de al lado, pero nada más», comenta Mari Paz, sobre todo porque «nunca coincides con los mismos que otras veces» completa la pequeña de los tres. No obstante, sí que han estrechado lazos con el personal médico, puesto que en todo este tiempo su nombre ha sonado más de una vez por los pasillos del hospital. «Si el banco necesita de alguno de nuestros grupos nos llaman para que vayamos». Sobre todo el famoso es José y sus bromas. «Cuando vamos nosotros luego nos cuentan la que ha liado nuestro hermano», confiesan ellas.

Una familia de premio

Imágen de la entrega del reconicimiento municipal en las Antiguas Escuelas de Mirones.
Imágen de la entrega del reconicimiento municipal en las Antiguas Escuelas de Mirones.

Los Acebo tienen otros dos hermanos, pero Mari Paz, José y Trinidad son los únicos que arriman el brazo. «Nos han dicho que en toda Cantabria no hay otro caso de que de cinco hermanos, tres hayan sido donantes durante tanto tiempo», concreta Mari Paz, y José recalca que «sobre todo es que lo nuestro no es algo esporádico».

Con ese logro, el Ayuntamiento de Miera no ha dejado pasar la oportunidad de reconocer el compromiso de tres de sus vecinos. «El alcalde vio nuestros nombres en un libreto entre los que aparecen los más donantes de Cantabria», detalla José. Por ello, el regidor, Tarsicio Gómez, habló con la familia para concederles un reconocimiento, que finalmente se llevó a cabo con la presencia de la Asociación Hermandad de Donantes de Sangre.

No obstante, los tres recalcan que nunca han prestado su brazo para recibir ningún premio. «Yo lo he hecho siempre con la intención de que ahí se quedara, no para que me hicieran un reconocimiento», matiza la mayor de ellos. De hecho, apuntilla que «si me pagaran no lo haría, esto para mí es una cuestión de satisfacción personal». José a su vez añade que «es muy difícil animar a que la gente done, únicamente si les das cien euros irían mañana mismo, y sólo a coger el dinero».

Las donaciones en la región crecieron en 2018 tras años a la baja

En Cantabria el año pasado se registraron 22.436 donaciones. Un dato que, tal y como se aclaró cuando salieron publicados los datos en febrero, supone que la región sea autosuficiente para las transfusiones en los hospitales públicos y privados. Además, se rompió una ligera tendencia a la baja que se acumulaba tras los siete últimos balances. El número total fue un 2,86% más alto que en 2017. Y, lo que es más importante: a la lista de los que dan el paso de poner su brazo se sumaron 2.497 personas. Casi 2.500 nuevos donantes.

El grueso de lo donado procede de la furgoneta que se mueve por distintas partes de la región. Esa unidad móvil completó en el pasado año 495 salidas y 40.000 kilómetros. De su tarea salió el 70,5% de las donaciones. Siete de cada diez.

Por otra parte, Cantabria volvió a liderar un año más la estadística nacional de donantes de órganos con una tasa de 86,2 por millón de habitantes gracias a las 50 personas que donaron durante 2018, lo que supone el récord regional desde que se inició el programa hace 44 años. Con estas cifras se superó en 38,3 puntos la media nacional, situada en 47,9 por millón de habitantes, y también los 43 donantes que tuvo Cantabria en 2015 y 2017.