«Mi gran pecado es querer ser el mejor»

«Mi gran pecado es querer ser el mejor»
EFE

El hombre que hizo historia en Madrid, tras cortar un rabo esta temporada, Diego Ventura, se siente ilusionado de estar en Santander

ALFREDO CASAS

Aunque ignorado por buena parte de las grandes empresas taurinas, Diego Ventura es la máxima figura del rejoneo. Ausente de las madrugadoras ferias mediterráneas, también ninguneado en Sevilla –su tierra de adopción–, Ventura decidió hacer la guerra por su cuenta. Su triunfal 'encerrona' en Espartinas, una apoteósica tarde en Arles y el histórico rabo cortado en Las Ventas, el epicentro del toreo, han devuelto a Diego la confianza y la moral para contrarrestar tanto sinsabor. Es Ventura un rebelde con causa y, posiblemente, la mejor cuadra de la historia del rejoneo.

–A pesar de ser la máxima figura del rejoneo ¿la presente campaña está siendo la más dura de su dilatada trayectoria?

–En parte. Es evidente que fácil no está siendo; me dolió quedarme fuera de Castellón, Valencia y Sevilla. Fue muy duro y, por qué no decirlo, llegaron algunas dudas. Por fortuna, fueron llegando los triunfos que me dieron una confianza tremenda. Necesitaba recuperar la paz interior y la seguridad en mí mismo. Como comprenderá, después de cortar un rabo en Madrid, de alcanzar uno de mis grandes sueños, ya todo me da igual.

–¿Quedarse fuera de Sevilla le marcó a fuego?

–Ya le digo que quedarme fuera de Castellón y Valencia me jodió, pero es que ¡Sevilla es mi casa! No fue tarea sencilla asumir mi ausencia de la Feria de Abril. Básicamente porque no existió motivo para ello. Si querer cambiar la corrida, si querer exigir una ganadería que se mueva más, que transmita más emoción, que proporcione más y mejor juego, es la razón por la que me quedé fuera, pues ya me dirá cómo está esto. Es preocupante.

–¿Organizó su 'encerrona' en Espartinas con ánimo de revancha?

–No. Organicé la corrida de Espartinas con la intención de complacer a los muchísimos aficionados, sevillanos y foráneos, que querían verme torear en mi tierra. También lo hice con ánimo de reivindicar mi condición de figura y para contribuir con mis honorarios a la asociación que apadrino –ANEF, Asociación Niños hacia el Futuro–. Me sentí muy respaldado. Fueron muchos los amigos, ganaderos y figuras del toreo a pie que, con su presencia, me apoyaron ante semejante injusticia. Es que me dejaron fuera por la cara. Son muchas las injusticias. ¿Acaso es normal que después de veinte años aún no haya debutado en Pamplona? ¡No tiene lógica!

–¿Cuáles son sus pecados?

–Mi gran pecado es salir todos los días a los ruedos a querer ser el mejor. Llegar a las plazas un día tras otro a decir «aquí estoy»; cortar a diario entre tres y cuatro orejas y triunfar como norma, por lo visto, es una gran putada. Tal y como está actualmente el sistema, mis triunfos resultan muy incómodos para mucha gente. Pero allá ellos…

–Aunque dicen que en Francia el sistema es otro, tampoco en el paísvecino están respondiendo en los despachos a sus continuos triunfos en los ruedos.

–Tampoco. Mire, la última vez que actué en Nimes, en dos tardes corté siete orejas y un rabo ¡y no he vuelto más! Es más, le diré que ni siquiera han vuelto a llamar. En Dax más de lo mismo: en mi último paseíllo corté tres orejas y un rabo, pues no he recibido ni una llamada. Son cosas que, por más que lo intento, no termino de entender. Igual usted es capaz de verle la lógica, pero yo… Igual el problema son mis honorarios, los de una figura. Hay empresas que, con mis dineros, contrata a tres rejoneadores. Será que no les importa la calidad del espectáculo. Mientras que la gente trague, todos estos empresarios de medio pelo irán aguantando.

–¿Hablamos de Madrid?

–Qué quiere que le diga, fue un sueño. Y mire que el primer día las cosas se pusieron cuesta arriba; también ese día me tocó tragar con algunas imposiciones que no impidieron que saliera a hombros. Pero el segundo día ¡ay amigo! Menuda fue la corrida de Los Espartales. Fue una tarde en la que salí al ruedo suelto y sin presiones de ningún tipo. Ya a mi primer toro lo cuajé de principio a fin y le corté las dos orejas; a partir de ahí, me rompí, me abandoné… la verdad es que todo salió a pedir de boca.

–¿La prensa especializada está contando lo que le está sucediendo?

–Sí. Gracias a Dios sí. Hoy en día sí. Desde que se anunciaron los carteles de Sevilla, hubo una reacción. Es que todo era muy descarado. No digo que fuera unánime, pero sí es cierto que, buena parte de la prensa, contó la verdad de lo sucedió. Tenga en cuenta que hay portales que viven de las publicidades, de los empresarios, y pueden hablar hasta un cierto punto. No es bueno que los portales taurinos más importantes estén así, pero algo van contando. Reconozco que hay especialistas, que van por libre, que están dando la cara y defendiendo lo que es de todos.

–Hablaba antes de Pamplona. El día en que se celebró la corrida de rejones en la capital navarra, en las redes sociales se crearon varios hashtags de apoyo a su figura

–Fue algo precioso; salió de los propios aficionados y me pilló de imprevisto. En realidad, yo no me enteré de nada hasta que me llamó mi jefe de prensa y me lo contó. Estaba montando a caballo en el picadero, no me apetecía nada ver la corrida, y, entonces sí, empecé a curiosear por las redes. Fue impresionante la cantidad de mensajes que recibí. La gente no es tonta, sabe lo que está sucediendo y defienden aquello en lo que creen.

–De todas las plazas del norte de España, la única en la que usted existe es la de Santander.

–¡Y no se olvide de Gijón! Para el empresario de Gijón también existo. Fuera bromas, así está el toreo. Confío en que el rabo de Madrid cambien las circunstancias de cara a la próxima temporada. Este año es muy complicado, tenga en cuenta que ya están prácticamente cerradas todas las ferias. Tengo fe en que se produzcan cambios significativos.

–Menos mal que en Santander profesan la religión 'venturista'.

– (Risas) La verdad es que, la de Santander, es una de las fechas del calendario que uno espera con impaciencia e ilusión. Santander para mí es oxígeno, una bocanada de aire fresco que me permite venirme arriba y continuar peleando la temporada. Cuatro Caminos es una plaza, además de hermosa, de muchísima categoría, de la que todo el mundo del toro está pendiente. La verdad es que disfruto enormemente de la afición de Santander.

–A mi criterio llega a la Feria taurina de Santiago con la cuadra más amplia y consolidada de la historia del rejoneo ¿Comparte mi opinión?

–Sin duda. Y no porque lo digamos usted o yo. Es algo unánime, reconocido por todos los profesionales. A la vista están los triunfos y su regularidad. Ahora mismo tengo preparados al máximo nivel veinte caballos. En mi cuadra no hay dos o tres estrellas y, luego, otros caballos de relleno. Cada uno de mis caballos es una estrella, un torero distinto, un animal con su personalidad. Por la calidad y variedad de mí cuadra, cada tarde, cada faena, es un acontecimiento imprevisible. Aquí no caben los guiones.

 

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