Memoria, palabra y dignidad

Imagen de la performance 'La Memoria de La Magdalena Borrada', realizada ayer en Caballerizas por la Asociación La Vorágine. / ESTEBAN COBO

350 personas celebran en Caballerizas un acto de 'justicia poética' para evocar a quienes sufrieron el primer campo de concentración del franquismo

GUILLERMO BALBONASANTANDER.

«No quiero que me tapen la boca cuando digo no quiero». La ecuación «memoria, palabra y dignidad» sirvió de himno poético contundente, reivindicación y evocación frente al olvido, en un acto de «justicia poética» celebrado ayer en Caballerizas de La Magdalena. Un minuto de silencio sobrecogedor y la respuesta masiva al llamamiento de La Vorágine permitieron certificar que la esencia de la convocatoria se tradujo en respeto, celebración histórica y acción simbólica ciudadana.

La performance colectiva 'La Memoria de La Magdalena Borrada', impulsada por la Asociación Cultural La Vorágine, reunió a cerca de 360 personas en una cita con la historia: un ceremonia que evocaba a los presos que sufrieron hacinados en el que fue el primer campo de concentración del franquismo.

La singular propuesta supuso, además, la apertura de la nueva edición de la Surada Poética, con la colaboración de la Fundación Santander Creativa y la UIMP, la decana de las universidades de verano que precisamente despedía ayer el primer curso bajo rectorado de Luz Morán.

Documento histórico del campo de concentración en 1938.
Documento histórico del campo de concentración en 1938.

Los voluntarios que recrearon la imagen histórica de 1938 - la de los represaliados que asistían cabizbajos a la celebración de un oficio religioso- conformaron con disciplina más de una decena de filas apretadas que escenificaban la fotografía de ese pasado de dolor, muerte y represión que, aún hoy, muchos tratan de ignorar y borrar.

Desde la siete de la tarde y durante una media hora la performance sentida y reivindicativa, con el color blanco dominante, tomó el espacio frente a la torre del reloj de Caballerizas donde precisamente actuara La Barraca de Federico García Lorca.

Un lugar para la memoria en el que se cifra en más de mil seiscientos el número de presos que el campo llegó a dar cabida a finales de los años 30 pese a lo limitado del espacio.

Tras un minuto de silencio la ceremonia que coordinó Paco Gómez Nadal, artífice de La Surada, combinó la evocación respetuosa y silente con poemas y música. La imagen que documentó el acto, tomada por los fotógrafos Esteban Cobo y Joaquín Gómez Sastre, servirá para ilustrar una posterior acción: la ubicación de unas grandes pancartas en diversos balcones de la ciudad que confrontarán la imagen del pasado y la fotografía recreada ayer.

Durante la representación se escucharon poemas y textos de autores y autoras gracias al trabajo del colectivo Voces Prestadas, coordinado por el actor y pedagogo Carlos Peguero, y la intervención en directo del grupo de rock folk cántabro Crystalmoors.

Antídoto

La palabra como «antídoto ante las ideas totalitarias» y la acción colectiva como una forma de zarandear la memoria enmarcaron el acto. En Caballerizas, al cabo, no hay ninguna huella física de la existencia durante cerca de tres años de un campo de concentración, con lo que se buscaba que «la poesía grabara una marca indeleble con la participación de la ciudadanía».

Versos y textos de Celso Emilio Ferreiro León Felipe, Miguel Hernández, Pedro Garfias, Marcos Ana, María Inciso y Miguel Labordeta, entre otros, sirvieron de voz colectiva y solidario, de grito silencioso, y de preludio de La Surada que discurrirá hasta noviembre presidida bajo un lema: 'Ante el aliento de lo irreparable'.