Donna Strickland | Premio Nobel de Física 2018

«Los láser potentes no tienen por qué ser destructivos, esto no es 'Star Wars'»

Donna Strickland, en el momento en que fue investida doctora Honoris Causa en La Magdalena. /Roberto Ruiz
Donna Strickland, en el momento en que fue investida doctora Honoris Causa en La Magdalena. / Roberto Ruiz

La investigadora canadiense, foco de atención de la cuarta edición de la Escuela de la Luz, fue investida esta semana en la UIMP como doctora honoris causa

José Carlos Rojo
JOSÉ CARLOS ROJOSantander

Donna Strickland es todo amabilidad, y su inteligencia fluye a través de una mirada que te atraviesa mientras escucha con atención cada pregunta de esta entrevista. Canadiense nacida en 1959, se convirtió el pasado año en la tercera mujer en lograr el Nobel de Física desde la creación de la distinción en 1901. Razón de peso para que durante esta pasada semana haya sido el centro de atención de la nueva edición de la Escuela de la Luz, organizadapor cuarto año consecutivo en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) por el catedrático de la Universidad de Cantabria José Miguel López Higuera. También para que haya pasado a engrosar el selecto grupo de doctores honoris causa en La Magdalena:«Estoy abrumada con la distinción porque hay muchos físicos muy reputados y han pensado en mi», resume, humilde, en su inglés canadiense.

Le otorgaron Nobel por «generar los pulsos de láser más cortos e intensos creados por la humanidad».

–Logramos descomponer los haces de luz en diferentes colores para intensificarlos por separado. Después logramos reunirlos de nuevo y alcanzamos una intensidad que nunca se había alcanzado.

Usted es la responsable de la cirugía de precisión con láser, en cierto modo.

–Ha tenido muchas aplicaciones, por ejemplo, en intervenciones oculares.

Pero el láser es una herramienta. Este buen uso puede convivir con otros malos. ¿Qué opina de que algún día su invención pueda tener un uso negativo, por ejemplo, en la industria militar?

–En realidad es que esto es más complicado de lo que parece. Cuando hablamos de industria militar, creo que podremos referirnos a un láser que contenga energía, que no es decir lo mismo que potencia. Lo que pasa es que estamos sesgados por lo que hemos visto en 'Star Wars'. Nosotros hemos logrado haces de luz muy concentrados en pulsos pequeños, pero no quiere decir que contengan energía destructiva. Afortunadamente me temo que la aplicación de todo esto tiene más encaje en los buenos usos que en los malos.

¿Cuáles de esos usos le gustaría ver en los próximos años?

–Estoy convencida de que se encontrarán aplicaciones interesantes en el mundo de la microscopía y en la aceleración de partículas. Pero hay otros muchos ámbitos...

¿Cree que puede ser la tecnología que revolucione la electrónica en este siglo?

–Sucede que cada vez más veremos cómo los circuitos eléctricos serán sustituidos por los ópticos. Los electrones tienen más masa que los fotones. Son, al final, más lentos. Por eso cuando podamos ver cómo toda esa base que sustenta muchos aparatos cambia, estaremos ante una gran revolución. Lo vamos a ver pronto.

Ha dicho que será un cambio de paradigma en el mundo de las telecomunicaciones.

–Es que la luz es la forma más precisa que podemos encontrar a día de hoy de transmitir información de una parte del globo a otra. Va a ser así...

Ha contado alguna vez que cuando su padre le llevó al museo de la ciencia de Ontario, puso especial interés en el área de láser. ¿Tuvo eso que ver con su vocación de adulta?

–Es una historia que contaba mi madre y de la que no me acuerdo.

Su vocación, entonces, ¿nació después?

–Cuando llegué a la universidad descubrí al catedrático que estudiaba el láser. Me pareció algo muy 'cool' y a partir de entonces mi curiosidad por el medio no decayó. Creo que mi verdadera vocación nació ahí.

Muchas mujeres científicas han crecido con una vocación ligada al laboratorio pero han encontrado más dificultades que los hombres para prosperar. Usted ha reivindicado el papel de la mujer científica en numerosas ocasiones.

–Creo que la clave es derribar los bloques culturales que nos diferencian por género desde la infancia. En EE UU más del 50% de los alumnos son chicas y todavía hoy se piensa que las chicas son mejores enfermeras que ellos o que ellos son mejores ingenieros que ellas. Esto no es así, la realidad no es esa. Hay mujeres que son mejores que ellos como investigadoras y hombres que pueden cuidar mejor que algunas mujeres. Son bloques preestablecidos que hay que derribar.

Es una mera cuestión cultural.

–No cabe duda, y lastra algunas vocaciones.

También lastra a este país la apuesta tímida que se hace en I+D pese a que la de España es una de las economías más potentes del mundo.

–Recuerdo la primera vez que mis padres me describieron España. Nada tiene que ver el país que he descubierto en mi primera visita con lo que me contaron ellos. La economía ha crecido muchísimo y todo ha evolucionado de una manera impresionante en unas pocas décadas. Queda ahora que el país continúe con el siguiente paso, que es confiar en que la ciencia es el camino del futuro. Sólo hay que mirar a China y a la manera en que está cambiando gracias a la inversión que se está haciendo en I+D+i.