Jugar con pólvora ajena

En el plan megalómano de Pereda cabía, entre otras cosas, el alquiler de aviones privados que se ofrecía a posibles inversores para dar esa apariencia de solvencia y poderío. Rufino aseguró que el grupo había destinado el 40% del presupuesto a gastos de representación, que incluían el alquiler de aerotaxis, pero negó que dijera a los hipotéticos inversores que los aviones que usaba fueran suyos.

Según su versión, la empresa decidió contratar los vuelos para determinados desplazamientos por España porque «nos resultaba más económico volar en aerotaxis que pagar los gastos de hotel y comidas». Tres de estas empresas reclaman más de 400.000 euros por el alquiler de los aviones, pero Pereda mantiene que «todos los vuelos se pagaron por adelantado ya que, de lo contrario, no se vuela», pero posteriormente pasaron facturas «desorbitadas» por servicios que no se habían contratado, que es lo que no se ha pagado, argumentó.

El asunto trajo cola. «Cuesta trabajo concebir que el presupuesto de representación de una compañía sea el 40% del presupuesto cuando estamos cojos de ingeniería. Eso es tirar con pólvora ajena», le espetó una de las acusaciones. Pereda matizó entonces que fue así durante tres meses porque había que «promocionarse y conseguir socios», pero desmintió que la intención de ese estipendio fuera un acto de ostentación. «Se alquilaba el aerotaxi solo si era necesario», apostilló.

Ya en la recta final, después de cuatro horas de interrogatorio en las que el empresario había mantenido la serenidad y la cabeza fría en sus respuestas, el presidente del tribunal y ponente de la sentencia puso el dedo en la llaga con una pregunta que pilló descolocado al acusado. El magistrado pidió a Rufino Pereda que explicara qué ventaja competitiva tenía su plan de negocio frente a sus competidores, grupos de la talla de Vodafone, Movistar o Telefónica. «Nuestro producto era exclusivo y nadie podía fabricarlo. Nos adelantamos seis o siete meses al mercado. Y luego el precio. Acceder al mercado chino no es tan fácil, se requiere haber estado allí 15 años, como estuve yo», aclaró, con no mucho convencimiento.