Revilla y Mujica en el vagón del tren de El Soplao. Delante, la esposa de este último, Lucía Topolansky.
Revilla y Mujica en el vagón del tren de El Soplao. Delante, la esposa de este último, Lucía Topolansky.

"Santillana le volvió loco y se ha llevado fotos de vacas tudancas"

  • El expresidente de Uruguay José Mujica y su esposa se despiden de Cantabria tras un periplo de tres días por la región

Dos latas de anchoas que le regaló el propietario del hotel donde se alojó constituyen el único recuerdo que el expresidente de Uruguay José Mujica se ha llevado de su periplo de tres días por Cantabria. Las conservas, y las fotos de vacas tudancas que realizó camino de la cueva de El Soplao. Esos animales de pelo gris y cuernos retorcidos llamaron tanto la atención al que fuera también ministro de Ganadería de su país que hizo parar el coche para verlas de cerca y preguntó con insistencia sobre su raza. La vaca en Uruguay no es animal sagrado como en India pero sí una fuente de riqueza. No en vano, en un país de tres millones y medio de personas hay 14 millones de vacas, lo que explica el interés del ilustre visitante.

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«He pasado tres días que no olvidaré en mi vida», exclamaba el presidente Miguel Ángel Revilla después de despedir al matrimonio en el aeropuerto de Santander, donde precisamente las anchoas provocaron la última anécdota del viaje. Porque el uruguayo guardó las dos latas en un bolso del chaquetón y al pasar por el escáner sacó todo menos las anchoas. Aquel cacharro, que diría el uruguayo, no paraba de pitar. ¿Pero qué llevas ahí?, le espetó Revilla expectante, y Mujica sacó entonces la hojalata del bolso con cara de despistado.

El carismático político, senador de Uruguay como su esposa, llegó a Cantabria el viernes del brazo del líder regionalista, que había planificado una agenda a su medida y se convirtió en un perfecto anfitrión. Llevaría al humanista a su Polaciones natal y de allí a los bravos paisales de Fuente Dé. Pero el frío y la lluvia torcieron las previsiones. Mujica, de 81 años, «está bien pero torpe», dice Revilla, que optó por visitar con él Ajo, Santillana del Mar, la cueva de El Soplao, Suances... De Santillana del Mar quedó prendado. Hubo algo litúrgico en la visita.

«La visitamos el viernes a las diez de la noche. Había muy poca gente y caía una lluvia muy fina que daba un aspecto mágico al lugar. La recorrimos de arriba abajo, pero despacio porque anda muy lento, y le volvió loco», rememora Revilla. Después fueron a cenar a ‘El Refugio’, de Torrelavega, porque Mujica ha disfrutado de lo lindo de la gastronomía cántabra. «La gente le decía, ¡es usted mi referente, usted es Dios, unas cosas!», se asombra Revilla, que advierte del carácter privado del viaje, y de que él ha pagado de su bolsillo los billetes de avión de Madrid a Santander, el hotel y las comidas.

El matrimonio también ha pasado veladas en la casa de los Revilla-Díaz, en El Astillero. «Vimos el fútbol, al que es un gran aficionado, y el sábado el programa de La Sexta donde colaboro. ¡Qué lúcido en todos sus comentarios!», señala el jefe del Ejecutivo, todavía emocionado por la estela del senador. «He conocido a un hombre bueno con mayúsculas, y sabio, a un embajador de la paz», evoca el regionalista, a quien Mujica ha invitado ya a su austera chacra de las afueras de Montevideo.