Una nevada breve, pero histórica

Unos chicos juegan con la nieve en el parque de Las Llamas, Santander. / Javier Cotera

La costa amaneció blanca y con temperaturas de hasta -6 grados en alguna localidad del interior de la región | Las autovías estuvieron colapsadas y 10.000 alumnos se quedaron sin clase

Daniel Martínez
DANIEL MARTÍNEZSantander

Las audiencias de televisión dicen que la información meteorológica está siempre entre los espacios más seguidos por los espectadores, mucho más en días de temporal. Los que en las últimas jornadas siguieran la previsión para Cantabria sabían que la nieve podía caer de forma intensa en las comarcas del sur, causar problemas en el interior e incluso hacer acto de presencia a nivel del mar. No es que la gente no se fíe de los hombres del tiempo, pero... Hace tres semanas el parte y las alertas eran calcadas y no pasó nada. En Santander, Castro Urdiales o Suances también estaban advertidos. Aun así, encontrarse la playa cubierta por un manto blanco –de varios dedos de espesor en algunas zonas– a primera hora fue toda una sorpresa.

A las seis, las siete, las ocho y las nueve de la mañana, los que apagaban el despertador y abrían la persiana para comenzar el día se quedaban con la boca abierta. No de sueño, sino de asombro. Los copos que comenzaron a caer en el litoral alrededor de las 3.00 horas y que fueron creciendo en tamaño e intensidad de forma paulatina hasta alrededor de las nueve de la mañana llegaron a cuajar sobre contenedores, vehículos y tejados. En las carreteras de las zonas urbanas se marcaban las rodadas de los coches y los prados y arenales perdieron por unas horas sus colores característicos. Todo blanco. La escena era la misma en todos los hogares. Mirada de complicidad con el vecino que sacaba la mano para capturar un copo y la cara de ‘pues era verdad que iba a nevar’.

El temporal

Para los escolares que se preparaban para ir al colegio –no todos pudieron–, el entretenimiento mientras tomaban el desayuno y se vestían no estaba en los dibujos de la pantalla, sino en la ventana. Porque al contrario que los niños de Campoo, Liébana y Valderredible, para los que la nevada de ayer fue una más de todas las que se han encadenado a lo largo del invierno, los de la capital no están acostumbrados a tocar la nieve nada más salir del portal. Tampoco en las localidades de la costa oriental. No todos los días se puede sacar el trineo para deslizarse por la playa de Brazomar. Ni hacer un muñeco de nieve en una terraza de General Dávila.

Ayer, en las calles de Santander, convivían dos tendencias. Una apuntaba que la nevada que alcanzó a toda la región –con mayor o menor intensidad, pero esta vez no se libró ninguna comarca– y que hizo desaparecer la arena de los arenales había sido histórica. La otra, defendida por los que recuerdan la que cayó en 1985 colapsando la capital, reprochaba que usar ese calificativo para hablar de los tres centímetros que se acumularon en las zonas más cercanas al litoral era toda una exageración. Y las dos tenían parte de razón. Porque aunque desde hace 33 años los copos no caían con tanta intensidad en las localidades costeras, su incidencia fue muy relativa.

«Hoy no llego al curro»

Cientos de personas han estado atrapadas y «resignadas» en sus vehículos a primera hora de esta mañana en la autovía A-8 a la altura de Castro Urdiales porque, pese a conocer de antemano las nevadas previstas para hoy, decidieron utilizar las carreteras porque necesitan «ir a trabajar».

Así le ha ocurrido a Pedro, quien explica que intentó madrugar más y salir antes para evitar el temporal, pero al final «la solución ha sido peor, porque la autovía ya estaba intransitable a las seis de la mañana».

«Hoy no llego al curro», lamenta este trabajador del Servicio Municipal de Limpieza de Bilbao, que ha estado acurrucado en el asiento del conductor ya que, además, se la ha roto la ventanilla del coche por el frío o por una piedra que ha impactado contra su cristal. «Ya ni lo sé», asegura.

Sin embargo, añade, entre risas, que «las desgracias nunca vienen solas» y reconoce que hoy le ha tocado a él, mientras recoloca unos cartones con esparadrapo para evitar que entren los copos de nieve.

Otros de los trabajadores afectados es Iván, un camionero que pretendía descargar su mercancía a primera hora de esta mañana en Galdakao (Vizcaya) y que tendrá que esperar para salir de la «ratonera». Y es que «los camiones siempre somos los últimos en salir de las nevadas», explica.

«Esta vez no hay excusas, la nieve estaba prevista», afirma el camionero, quien opina que la mayor parte de la culpa de los colapsos de tráfico por nevadas es de los propios conductores que salen a la carretera sin ningún tipo de precaución.

«Siempre ocurre lo mismo, no estamos acostumbrados a conducir en estas circunstancias y se producen largas retenciones por accidentes al carecer los vehículos de neumáticos de nieve o cadenas», sentencia.

De hecho, a las 10.00 horas el cielo comenzó a despejarse, subieron las temperaturas y al mediodía no quedaba en la ciudad ni un rastro de la nevaba. Ni incidencias graves, ni problemas en la circulación como hace tres décadas, ni santanderinos bajando con esquíes por la cuesta de Guevara como en aquella ocasión. Después del frío del martes y la nieve de la madrugada, subieron los termómetros hasta los 10,1º grados centígrados, un anticipo del incremento aún más notable que se espera para la jornada de hoy. La magia sólo duró unas horas. En cualquier caso, el tiempo, y más concretamente la nevada, se convirtió este miércoles en un monotema presente en todas las conversaciones.

Más en la zona oriental

Castro Urdiales fue uno de los puntos junto al mar donde se acumularon espesores más importantes y se dibujaron escenas invernales más propias de otras latitudes de la región. Un escenario de postal, por ejemplo, para los 10.000 menores de 74 colegios repartidos por toda la comunidad autónoma que se quedaron sin clase. En algunos casos porque el transporte público no pudo salir a tiempo y en otros por los problemas para acceder a los centros escolares.

No es la primera vez este año que ocurre en municipios como San Pedro del Romeral, Potes o Valderredible, pero mucho más sorprendente es que algunas aulas también estuvieran vacías en Camargo, Torrelavega, Bárcena de Cicero, Santoña... O en San Vicente de la Barquera y Unquera, aunque allí la capa blanca era mucho más fina, ya que la borrasca descargó con más fuerza en la zona oriental.

Menos gracia les hizo la nieve a los conductores. Sobre todo a los que usan habitualmente la autovía A-8 para acudir a sus puestos de trabajo. Antes del corte total durante casi dos horas entre Castro Urdiales y el límite con Vizcaya, los que se libraron del cierre sí que sufrieron retenciones a la altura de Ontón y posteriormente en Solares. De media, emplearon el doble de tiempo en llegar a Santander o Bilbao. «Se ha liado un poco en la zona de Castro Urdiales, pero es verdad que estaba previsto y esta vez los meteorólogos lo han clavado hasta con las horas», señalaba Rafa Gómez, de DYA Cantabria. Desde las cinco de la mañana, sus equipos de emergencia estaban preparados para atender cualquier incidencia, pero la acumulación de vehículos en las horas punta, la intensidad de las precipitaciones y algunos accidentes hicieron imposible impedir las restricciones a la circulación. Desde hace ocho años no se producía un corte total en la Autovía del Cantábrico por esta causa. «El que tiene que trabajar, aunque la carretera esté mal, coge el coche. Para que luego digan que los españoles somos vagos», bromeaba Gómez, quien también apuntaba que la borrasca había descargado especialmente en el entorno de Castro Urdiales:«Los compañeros de una ambulancia que tuvieron que ir al hospital de Laredo nos lo decían. Había mucha diferencia, pero con el calor que se ha levantado ha durado muy poco la nieve».

En Ramales de la Victoria, situado a 95 metros sobre el nivel del mar (msnm), Protección Civil tuvo que emplearse a fondo para despejar las carreteras del pueblo. Y en Arredondo (160 msnm), el pan llegó a las casas gracias a la intervención de dos voluntarios de la agrupación municipal. «Cuando nos levantamos vimos que había caído bastante y que algunas vías estaban intransitables. Nos llamó el alcalde para que echáramos una mano a la panadera y la lleváramos en el todoterreno», cuenta Gonzalo Jover, que junto a su compañero y un vecino acercó la hornada del día a las pedanías de Rocías, Val de Asón, Asón, Socueva y Bustablado. Donde no pudieron llegar en el vehículo por la capa acumulada, lo hicieron a pie.

Fue en esa zona en la que se concentró la nevada. La prueba es que en otros municipios, como Corvera de Toranzo, donde este invierno ha habido problemas, ayer el tiempo no causó grandes trastornos. «En las zonas bajas unos cinco centímetros y en las altas, como Castillo Pedroso, unos diez», explicaba David González, jefe de Protección Civil, quien señalaba que casi se había encontrado más nieve en dirección a Torrelavega que cuando subió posteriormente hacia Alto Campoo.

Proporcionalmente, los 12 centímetros que se acumularon en la estación de esquí son menos que la fina capa del litoral. De hecho, aunque a primera hora se interrumpió el paso de camiones hacia Reinosa, la A-67, una de las vías más conflictivas de toda España durante los temporales de invierno, no se llegó a cerrar. De igual modo, hubo algunos problemas en las conexiones aéreas y ferroviarias. En la red de carreteras autonómicas, el 112 tuvo que prestar apoyo a vehículos que quedaron atascados por la nieve. En total, el Centro de Coordinación recibió 360 llamadas y realizó 330 intervenciones. En Torrelavega los copos cubrieron de blanco prácticamente todo el municipio y complicaron la circulación en la subida a La Montaña. También se hicieron muchas fotografías en Muriedas, Santoña, Cabezón de la Sal... y los servicios de Protección Civil de Reocín y Santillana tuvieron que hacer frente a un elemento al que no están acostumbrados.

Hoy suben las temperaturas

La región también estaba ayer en alerta amarilla por bajas temperaturas, aunque no se llegaron a los niveles del día anterior. Las mínimas se registraron en la estación de esquí de Alto Campoo (-8,4º) y en Tresviso (-7,0º) y la máxima la compartieron Ramales de la Victoria y Los Tojos, donde se alcanzaron alrededor de las 14.00 horas los 11,6º.

En cualquier caso, durante la jornada de hoy se superarán estas marcas –en algunos puntos llegarán hasta los 19º– y las precipitaciones serán más escasas, por lo menos hasta la segunda parte de la jornada. Este miércoles, la localidad que recibió más lluvia fue Polientes, con más de 25 litros por metro cuadrado.

Pedro Álvarez | Luis Palomeque | Nacho Cavia

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