Las numéricas historias del lotero

Fernando Burgués (con el cero) estuvo treinta años en la administración de la calle Burgos, la que ahora lleva Ricardo Abascal (con el nueve)./Daniel Pedriza
Fernando Burgués (con el cero) estuvo treinta años en la administración de la calle Burgos, la que ahora lleva Ricardo Abascal (con el nueve). / Daniel Pedriza

Supersticiones y anécdotas rodean la biografía del sorteo más famoso. Lo del «furor» de este año por el 155 es totalmente cierto

Álvaro Machín
ÁLVARO MACHÍNSantander

Es festivo, pero la puerta de la número cinco está abierta y no deja de entrar y salir gente. Ricardo está dentro enseñando al fotógrafo el 'tesoro' de este año. El último décimo que que conserva del 155. Lo ha vendido todo y no hacen falta muchas explicaciones. Ya puestos, presume de curiosidad con el 99999. Le tienen íntegro todos los años. El último número. Fernando asoma cuando andan en eso. Saca del bolsillo una pequeña cartera y enseña un décimo al periodista: 00000. «Le compro en Valencia». El primer número. A estas alturas ya queda claro que la charla va a girar en torno a las curiosidades.

Juntos forman la historia completa de la administración de lotería de la calle Burgos. Una de las de toda la vida en Santander. Fernando Burgués estuvo al frente del negocio treinta años. Ahora es «tasquero» -'Dondenando', en Joaquín Costa-. Ricardo Abascal fue el que tomó el relevo hace cuatro años. Hoy toca hablar del gordo y de números. «Tuvimos cuarenta series y las vendimos en dos semanas. Y hubiésemos vendido todo lo que nos hubieran traído. Aún llama gente a diario. Nunca en estos últimos años hemos tenido un furor como este. No podemos hacerlo en ningún caso, pero ha habido gente que nos ofrecía pagarnos el doble de lo que vale. Y ahora lo que hacen es pedirnos terminaciones así». Abascal habla del famoso 155. Cataluña, Constitución... De no ser por eso, sería un «apestado». No gustan tan bajos. Carne de devolución. Pero ha sido la locura de un año que va «bien». «Muy bien». El mejor desde que está en esto.

Postales de Navidad

«A mí me llamó una vez Iñaki Gabilondo -empieza a recordar Burgués-. Habían formado en la radio preguntando a la gente un número aleatoriamente y resulta que lo tenía yo. Reservaron unos décimos y lo dijeron en antena. El efecto fue tremendo. Vino gente, llamadas... Se agotó en media hora». La superstición es parte del negocio. Clave. El año del 250 aniversario de Santander, ¿adivinan cuál fue uno de los más vendidos aquí? Justo ese. A medias con el 01755 (1755, año de la concesión del título de ciudad). Y al poco fue también el 250 cumpleaños del Banco Santander. Cola con corbata roja. «Se vendieron bien en su día», dice Burgués. Y por seguir con lo del banco, Abascal le cuenta que más de un empleado ha venido a por el 00123 (por la cuenta). Tampoco olvida las llamadas que recibió desde Canarias preguntando por un número concreto. Le extrañó y se puso a investigar. Por lo visto allí un chico soñó con un número que tocó un año, pero no se lo había dicho a nadie. El sueño se repitió tiempo después con otros dígitos. Esta vez dijo el número, pero no cuándo tocará. Y siguen en ello. «El del brujo», le llaman.

Hay realidades confirmadas. Que gustan más los impares que los pares -«el cero y el dos no los quiere casi nadie»-, que hay gente que sólo acude a comprar en Navidad pero que nunca falta y que tira de fecha de nacimiento propia, de los hijos, del año en curso... «O del aniversario de boda... -pausa- Si le fue bien». Y que los terminados «en trece están siempre solicitadísimos». Eso no falla.

Pero otras cosas sí que pueden fallar. «No voy a dar nombres», empieza a relatar Burgués. Alguien perdió un décimo con el tercer premio. «Lo había tirado, ya cuando tocó estaba en la basura». Era obvio que era suyo porque un familiar había comprado seis décimos seguidos y, entre ellos, ese. Sabían el número, la serie, estaba constatado que los compró la misma persona... Pero el papelito había desaparecido. «Tuvieron que pleitearlo, pero al final se lo dieron». Los millones de entonces no fueron a parar al 'saco' de lo que queda sin cobrar. Que no es pequeño.

«Recuerdo a una señora mayor que vino un lunes y el sábado habíamos dado el premio. Le vi el décimo desde que entró por la puerta. Cuatro millones, pero la mujer dijo que le mirásemos otro y que ese fuera a la basura, que no tenía nada. Había gente en la cola y no quería alertar a nadie, porque hay mucho 'julay'. Así que le dije que volviera después de ir a la compra». Burgués la acabó acompañando al banco. «Cuando se lo dije, se detuvo, le dio unas monedas a un mendigo y me dijo: 'que bien, porque así podré ayudar a mucha gente'».

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