La Policía ha abortado en lo que va de año 321 intentos de inmigrantes de colarse en el ferri

Imagen de archivo de patrullas de la Guardia Civil y de la Policía Portuaria tras la detención en febrero de nueve inmigrantes. /Margarita Rodríguez
Imagen de archivo de patrullas de la Guardia Civil y de la Policía Portuaria tras la detención en febrero de nueve inmigrantes. / Margarita Rodríguez

128 casos fueron dentro del puerto y 80 de ellos ya a punto de embarcar. Diez inmigrantes pasaron ilegalmente, pero se les devolvió a España al ser pillados en destino

Teodoro San José
TEODORO SAN JOSÉSantander

El lunes los agentes de la Guardia Civil de Aduanas descubrieron, con la ayuda de un perro, y detuvieron, a dos jóvenes que pretendía embarcarse como polizones dentro de un remolque debajo de la lona; el sábado, la Policía Portuaria entregó al Grupo Operativo de Extranjería a tres jóvenes a los que había detectado en el interior de las instalaciones, seguramente buscando escondite en algún vehículo con destino al Reino Unido. El domingo no se detectó a ninguno. Así suele ser el día a día en el puerto de Santander, en la zona marítima más restringida donde coches, caravanas y camiones se encuentran estacionados a la espera de embarcar en cualquiera de los barcos de Brittany Ferries con destino a Plymouth o Portsmouth. Aunque también hay jornadas, como las del pasado miércoles, en las que el Grupo Operativo de Extranjería llegó a retener a ocho ilegales.

Con ese goteo de intrusos e interceptaciones, la Brigada de Extranjería de la Jefatura Superior de Policía ha contabilizado en lo que va de año un total de 321 intentos de paso ilegal a Gran Bretaña. La mayoría, moviéndose por las instalaciones próximas al ferri e incluso fuera del recinto portuario, en lo que se denomina 'intentos de intrusismo'. Los datos de la Autoridad Portuaria, que se refieren exclusivamente a los interceptados dentro del recinto del puerto, registran 138 «intentos de intrusismo» con destino a los buques de Britanny Ferries. 128 potenciales polizones fueron sorprendidos, 80 de ellos ya montados en el camión, y 10 lograron su objetivo, pero fueron localizados en Gran Bretaña y devueltos a España.

El número de incidencias contabilizadas no coincide con el de número de personas, pues a menudo un mismo individuo lo intenta varias veces. Y como muestra, un dato: la Policía ha anotado 110 intentos por parte de menores, pero correspondientes a 40 menores diferentes, que lo probaron varias veces. Aquellos 321 intentos representan una cifra considerable, aunque está lejos de las más de ochocientas retenciones, entre intrusos y polizones, que la Policía contabilizó en 2014, de los que 143 fueron interceptados dentro del puerto y 27 lograron llegar a Reino Unidos y fueron devueltos desde allí.

El Grupo de Extranjería lo achaca a que «está funcionando» lo que denomina como «operativo complejo» que se establece en torno a la estación marítima, que incluye a efectivos de la Guardia Civil y de la Policía Portuaria. Los responsables del puerto han multiplicado también las medidas disuasorias: cámaras de vigilancia de distintos tipos, vallas recrecidas con alambre de espino dotadas de detectores de movimiento, sensores de CO2 para investigar el interior de los camiones...

Pese a ese descenso en el número de intentos, uno de los responsables de la Brigada de Extranjería también reconoce que durante el verano se ha detectado un repunte, y especialmente los fines de semana, cuando no hay conexión marítima en Bilbao y sí funciona el ferri desde Santander. Un aumento, por otro lado, que tiene que ver con la operación realizada en la conocida como 'jungla de Calais' y en la eliminación de campamentos ilegales, como señalan desde la Jefatura Superior de Policía, entre ellos de ciudadanos albaneses, que esperaban su oportunidad para pasar al Reino Unido a través del Eurotúnel.

Albaneses, mayoritarios

Porque albanesa sería la procedencia del inmigrante tipo que trata de llegar ilegalmente a Gran Bretaña desde Santander. Un par de retazos más completarían el dibujo del retrato robot del intruso que trata de embarcarse: varón y de entre 20 y 25 años. Y es que aunque también se han detectado a sirios, iraquíes, afganos y de otros países, la presencia de naturales de Albania entre los detenidos es aplastante: el 95% son ciudadanos con esa nacionalidad, según la Policía y la Autoridad Portuaria.

Hace varios años, cuando el problema de los intrusos y polizones comenzó a ser patente en Santander, los albaneses ya eran mayoría y, por entonces, solían llegar documentados; no necesitan visado y les bastaba con el pasaporte en regla para desplazarse libremente durante tres meses por los países de la Unión Europea... menos por Gran Bretaña, que no rubricó aquel tratado del 'espacio Schengen'.

Pero de un tiempo a esta parte han cambiado su estrategia pues, según un responsable de Brigada de Extranjería, la mayoría se mueve sin papeles. Y aporta como ejemplo que de las ocho retenciones que hubo el miércoles en las inmediaciones del ferri, dos llevaban papeles y seis iban indocumentados. «Se supone que sus pasaportes los tienen otras personas en una 'segunda línea', por así decirlo, y si logran su objetivo de alcanzar el Reino Unido, se supone que se lo mandan allí». A lo largo de este año Extranjería ha iniciado 51 expedientes sancionadores, ha impuesto 24 salidas obligadas (se les acabó el tiempo de estancia legal), 5 devoluciones (detectados con la entrada prohibida en España) y 5 expulsiones.

El proceso

El proceso es prolijo, no obstante. Cuando se le detiene como polizón se le incoa un expediente de expulsión por estancia irregular, pero queda en libertad mientras se tramita. Si se le vuelve a detener se inicia el trámite de expulsión en 72 horas o se solicita una orden de internamiento supervisado en un centro para extranjeros hasta que pueda ser deportado. No es de extrañar, pues, que durante sus intentos por pasar como polizones se muevan sin papeles para dificultar aún más la labor policial y demorar cualquier tramitación administrativa.

A pesar de que se contabilizan por cientos los intentos de pasar como polizones, la Policía estima que no se da una bolsa estable de albaneses en Santander, sino que «vienen y van» y que, a lo sumo, puede haber «un par» de decenas de ciudadanos de ese país en esta ciudad. Se alojan en pensiones u hostales cercanas al puerto y puede vérseles rondando la valla perimetral, en establecimientos públicos de la zona marítima o en las cercanías del Centro Botín observando la maniobra de carga del ferri. La Autoridad Portuaria detalla que también merodean por las gasolineras cercanas a Santander donde los camiones cargan combustible antes de embarcarse o en las áreas de servicio y zonas en las que descansan y pernoctan los camioneros, como en Nueva Montaña, donde es habitual verles en pequeños grupos. De uno u otro modo buscan el momento propicio colarse en los bajos de algún transporte o en el interior del remolque, rompiendo la lona o los precintos de seguridad de las cartolas.

Al margen del origen y causas de esta presión migratoria, una de las consecuencias del embarque de polizones son los perjuicios que causan a la naviera -a la que le cuesta dinero pues el Gobierno británico le multa y le obliga a devolverles a España-, así como los daños que provocan a los transportistas en el vehículo y carga. «Que pisen o rompan el palé, que la mercancía llegue dañada y que el transportista lo asocie con su embarque en Santander ya es serio», señala Manuel Pascual, director de Brittany Ferries. «Lo de la deportación pues bien, se paga y ya está. Pero lo otro, perder clientes, es más gordo».

«Santander no les gusta tanto»

Los 321 intentos de intrusión en Santander nada tiene que ver con la avalancha que se produce en el puerto de Bilbao (en agosto ya llevaban 1.885 interceptaciones de polizones), donde también opera Brittany Ferries y la presión de los inmigrantes se ha convertido en un problema. «Aquí, en Santander, está mucho más tranquilo que en Bilbao. Sin comparación. Ha subido un poco ahora, pero poca cosa. Es que en Bilbao se había desmadrado, pero las autoridades han apretado y la situación vuelve a estar en su sitio», señala Manuel Pascual, director de la naviera en España, al recordar la presión de los inmigrantes en Bilbao por utilizar sus barcos como lanzadera hacia Gran Bretaña. Tanto que Brittany llegó a pedir a las autoridades portuarias bilbaínas mayor vigilancia y más medios para atajar aquella marea humana .

Debido a esa avalancha y a los perjuicios económicos que ocasionaban los polizones, la naviera llegó deslizar su inquietud por el problema hasta el punto de insinuar a las autoridades competentes que se repensarían parte del negocio en aquel puerto. «Pero nunca pensamos en irnos, como se llegó a decir», afirma Pascual.

Al aumentar los medios y efectivos y apretar los controles en Bilbao, se ha detectado que una parte de esos inmigrantes albaneses se trasladó hacia el puerto cántabro. «Pero Santander no les gusta tanto», sostiene Pascual. ¿Y por qué no les gusta tanto? Habría razones estratégicas y logísticas que responderían esa pregunta. Por ejemplo, el perímetro del puerto de Bilbao tiene más de ocho kilómetros de vallas, frente a los escasos dos kilómetros de los muelles de Maliaño, y existe un monte, el Serantes, pegado al Superpuerto bilbaíno desde el que pueden vigilar a la Policía. Además, en Santander la naviera Brittany Ferries trabaja menos remolques no acompañados (los que se dejan sin cabeza tractora) que en Bilbao, donde dos veces por semana zarpa el ‘Pélican’, un buque ‘ro-ro’ que puede cargar hasta cien remolques, en tanto que en el ‘Cap Finistere’, por ejemplo, entran a lo sumo veinte. En Santander «hay menos tráfico de remolques y, por tanto, tienen menos oportunidades. Además, aquí hay más vigilancia».

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