"Me han quitado la golosina nada más dármela"

Luis Baraiazarra muestra su traducción de la obra de Santa Teresa en el convento.
Luis Baraiazarra muestra su traducción de la obra de Santa Teresa en el convento. / M. Salguero
  • Luis Baraiazarra, traductor al euskera de la obra de Santa Teresa, se queda sin su Premio Nacional por errores del Ministerio de Cultura

Luis Baraiazarra estaba ayer inmerso en un «ajetreo» continuo desde muy temprano. No es que eso sea algo raro en un carmelita, lo raro era el motivo. Entrevistas, llamadas de conocidos. Como si hubiera ganado un premio... O peor, como si se lo hubieran retirado antes incluso de entregárselo. «Como quitarle a un niño una golosina nada más dársela», repetía ayer. Tal cual. «Creo que deberían tener más cuidado, porque no se puede jugar así con las ilusiones de la gente. No puedo entender que se cometa una equivocación así con algo tan importante», decía, desilusionado pero no enfadado. Le consuela pensar que con tanto revuelo «se está hablando mucho» tanto de la obra original como de la traducción.

Todo comenzó el jueves por la tarde. Le llamaron para comunicarle que su enorme obra de traducción de todos los escritos de Santa Teresa al euskera, ‘Idazlan guztiak Santa Teresa Jesusena’ (más de 1.800 páginas respetando, en su caso, la métrica de los poemas para que no pierdan su musicalidad), le había hecho merecedor del Premio Nacional a la Mejor Traducción 2016. Le dieron «un folio» en el que estaba escrita la resolución y en el que se mencionaba «que otras obras habían sido excluidas porque no cumplían las bases». Su Santa Teresa, que había pasado todo el proceso hasta el fallo, no parecía tener ninguna pega y el jurado reconocía –aún lo hace– el rigor y la calidad del trabajo que vierte por primera vez a esta lengua toda su creación literaria.

Pero pasadas las nueve de la noche del jueves, el presidente del jurado y director general de Política e Industrias Culturales y del Libro, José Pascual Marco, llamaba a Aita Luis para decirle «que estaban un poquito avergonzados. No se habían dado cuenta de que las bases, que están muy claras, no permiten a la obra concurrir al premio», explica el protagonista. Porque en esas bases se dice que debe tratarse de la traducción a alguna lengua oficial del Estado de una obra escrita en una lengua extranjera.

Lo cual deja fuera de liza a trabajos como este y otros muchos que podrían merecerlo, como señala el presidente de Euskaltzaindia (Real Academia de la Lengua Vasca), Andrés Urrutia, que es además miembro del jurado. Esta institución, que fue quien propuso la obra de Baraiazarra para el premio, hizo ayer pública una nota en la que califica la anulación de este reconocimiento como una «sorpresa triste y desagradable para las letras vascas». Urrutia destacó que «la obra estaba encima del tapete, es decir, había pasado la criba previa que hace el propio Ministerio de Cultura. El jurado trabaja sobre esos títulos ya preseleccionados y que se supone que cumplen las normas. Resulta un poco curioso».

El trabajo de cuatro años y medio realizado por Baraiazarra, dice Andrés Urrutia, «será siempre una gran referencia para la traducción en nuestra lengua». Y «el desgraciado accidente» que ha protagonizado puede servir para «estudiar un cambio en las normas del premio» que permita reconocer «la categoría» de traductores como Luis. Algo que hoy por hoy no es posible. «Eso es lo que hay que poner sobre la mesa: el tratamiento de lenguas y culturas que son diferentes y que compartimos», sostiene Urrutia. El traductor es de la misma opinión.