ZOOFANÍAS

El verbo griego "faino" significa "aparecer" en el sentido de brillar y hacer visible. De ahí vienen palabras como "fenómeno", que quiere decir "aparecido o puesto a la luz", o "fanático", o "iluminado". Hace dos años tuve el placer de escuchar unos cánticos griegos ortodoxos en una iglesia de Nicosia que lleva el nombre de ‘Panayía Faneromenis’, a saber, la ‘Santísima Manifestada’, efectivamente referido a la Virgen María. Así que pensé: "vaya, esta es La Bien Aparecida, reina y madre no de los montañeses, sino de los chipriotas".

Puesto que en la tradición cristiana esto de "aparecerse" es exigencia del guion, hay también muchos derivados del verbo; por ejemplo, ‘teofanía’, que es aparición divina, o ‘epifanía’, que es "manifestación, aparecer-sobre". Así se denomina el 6 de enero, fiesta que rememora la manifestación a los Reyes Magos. Esta ‘fanía’ es la favorita de los niños, de modo que no sé por qué ya no les enseñan griego en la escuela, si es lo único que les podría interesar.

A lo que voy: una ‘zoo-fanía’ es una aparición animal. Puede ser el perro del vecino, que nos saluda con un idioma que nos pilla bajos en ‘listening’. Pueden ser los jabalíes que ya merodean por Torrelavega, como en esa serie de ciencia ficción titulada ‘El mundo después de nosotros’, donde se narra cómo la naturaleza recuperaría sus dominios en caso de desaparecer la especie humana. "Torrelavega después de los torrelaveguenses" no será rotulación injusta si el Gobierno de Cantabria sigue quitando dinero a las empresas del Besaya para pagar el desmadre de nómina que tienen algunas consejerías. La gestión de recursos humanos públicos no existe, y el pato lo pagan los recursos humanos privados. Los que están en paro, privadísimos. De todo. Hay una zoofanía que causa algunos estragos: el lobo, que es nuestro hermano como diría San Francisco, pero tiene una cierta tendencia a comerse a besos al ganado menor, el cual no le ve la gracia a la licencia. Así que necesitamos la antropofanía en forma de funcionarios o cazadores que regulen el lobo ibérico, a fin de que el lechazo ibérico también este protegido. Decía Hobbes que el hombre es un lobo para el hombre, y en mi pueblo dicen que el lobo es un hombre para las ovejas. Ambos tenemos razón, o ninguno. Hay quien detecta ya una cierta zoofanía en la política. Siempre se ha dicho admirativamente lo de "ese es un animal político", como si fuera costumbre de un elefante ser gobernador civil, o de una trucha intervenir en el Senado. Pero en otras ocasiones el orden sintáctico cambia, y resulta lo de "ese es un político animal". Quitar dinero de la economía de Torrelavega, que tiene mucho paro, para cuadrar el caos de nóminas de quienes tienen mucho empleo, ¿en qué categoría entrará, cintura o cinturón? En vano buscamos analistas políticos, cuando lo que se requiere son zoólogos. Que la ‘Panayía Faneromenis’ de Ampuero nos proteja.

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