La máquina de Sheldon y Gertzden que se convirtió en símbolo
/ Celedonio Martínez

La máquina de Sheldon y Gertzden que se convirtió en símbolo

  • Proyectada en 1896 e inaugurada en 1900 figura en el Catálogo de Elementos Etnográficos de la ciudad y es una de las postales más típicas del Santander marítimo

En los planos de Sheldon y Gertzden no figuraban las postales. Nadie lo hubiera imaginado. Su proyecto, de 1896, no estaba pensado para la mística y lo más parecido al Facebook en esos años eran las novelas de Julio Verne. Pero la grúa inaugurada en 1900 con la idea de realizar cargas y descargas de gran envergadura acabó siendo la protagonista indirecta de las fotos de los veraneos santanderinos y los paseos por el muelle. Algo habitual en los muros de internet. Un símbolo, un testigo. De la ciudad, de la historia, de la cultura... Una de esas pocas cosas –porque no hay tantas– que todos los santanderinos entienden como suyas. Tanto que su defensa les ha movilizado en alguna ocasión. La Grúa tiene tal fuerza para ‘mover’ que, prácticamente sola, obligó a mover el Centro Botín unos metros más allá respecto a lo que se planteó inicialmente, para que no tocaran su sitio en el Muelle de Maura.

«Grúa de 30 toneladas proyectada por Sheldon y Gertzden en 1896. La fundación consiste en un pilar de hormigón hidráulico y mampostería de seis metros por seis de sección horizontal y catorce de altura hasta el piso del muelle. Sobre este pilar se apoya otro cuerpo de fábrica más estrecho con ménsulas de hierro. Esta emblemática construcción tan vinculada a la historia del puerto y a la memoria de los santanderinos se conserva como monumento». Así figura en el Catálogo de Elementos Etnográficos del Plan General de Ordenación Urbana de Santander. Una categoría –la de elemento etnográfico– concedida «a todos aquellos espacios, elementos, conocimientos o actividades que sean expresivos de la cultura y los medios de vida que, a través del tiempo, han sido y son característicos de la historia de un lugar». La Grúa es la vida del Santander del puerto. De una actividad que, en su caso, empezó siendo a vapor hasta que a finales de los años veinte se procedió a su electrificación. Biografía. Con una hoja de servicios laborales de casi ochenta años.

Luego le llegó la jubilación, que fue más allá de lo que suele ir en el caso de una máquina que ya no sirve. Fue rehabilitada en 1990. Desde entonces, por tener, tuvo hasta unos inquilinos. Un matrimonio con poca fortuna. Les pillaron entrando y saliendo de su base después de tres meses guardando allí sus cosas. Y ‘su’ guerra. Porque el proyecto inicial de su nuevo vecino, el Centro Botín, incluía instalarse en su sitio. De eso, nada. El ir y venir del Ferry, los actos en el Palacete del Embarcadero, la despedida de las vías del tren que le pasaban por delante... Muchas cosas en muchos años.

Así, entera, hasta que se desprendió parte del contrapeso durante el pasado mes de febrero «por el colapso repentino de una de las vigas de sustentación» –según explican desde la Autoridad portuaria–. «Como medida de precaución se cortaron también la pluma, los tirantes y el cable de elevación de cargas, quedando en pie únicamente la caseta». Ahora, tras unos meses llenos de rumores, todo parece listo para que vuelva a su sitio.