El Plan General de Santander proyecta una ciudad para 260.000 habitantes

El entorno del Pctcan reúne más de la mitad de los nuevos suelos residenciales y todos los productivos que se desarrollarán en una primera fase. En la parcela situada al otro lado de la autovía se construirán 2.500 viviendas y un millón de metros cuadrados para empresas.
El entorno del Pctcan reúne más de la mitad de los nuevos suelos residenciales y todos los productivos que se desarrollarán en una primera fase. En la parcela situada al otro lado de la autovía se construirán 2.500 viviendas y un millón de metros cuadrados para empresas. / DM
  • así lo contÓ EL DIARIO MONTAÑÉS EN 2012

  • Las últimas zonas de expansión serán los alrededores del Parque Científico, Monte, Cueto, San Román y La Remonta

El suelo que le queda a Santander para crecer es lo que ocupa Potes o cien veces la segunda playa de El Sardinero. Ocho kilómetros cuadrados de un total de 36. El resto, o ya está construido o está protegido por leyes ambientales. El Plan General, el documento que diseña el urbanismo de la ciudad para los próximos años, entró en su recta final de aprobacióntras siete años en los despachos y continuos retrasos. Sacarlo adelante ha sido, en palabras del alcalde, Íñigo de la Serna, una tarea «de carácter épico» muy parecida a «una tortura». Ese Plan proyecta una ciudad para 260.000 personas. Ochenta mil nuevos vecinos que se mudarán a los alrededores del Parque Científico y Tecnológico (Pctcan) o en la franja Norte del municipio, entre Cueto y San Román. Las dos grandes bolsas de suelo que el Plan reserva para viviendas. El 75% de todo el terreno disponible. El otro 25% será para nuevas empresas. Y se acabó. Santander ya no podrá seguir creciendo en ninguna dirección.

Este modelo de crecimiento no es casual. Además de tener el control sobre el último suelo que le quedaba al municipio para crecer, el alcalde considera que es el molde perfecto para el cambio de modelo productivo que monopoliza su agenda. Ese que está basado en la innovación y en el turismo de calidad. El de SmartSantander y de la ampliación del Parque Científico y Tecnológico (Pctcan), pero también el de los congresos y los cruceros. Por eso más viviendas y más terreno para empresas. De las primeras, según su ideario, se construirán alrededor de 10.000 protegidas en una primera fase. También, claro, muchas segundas residencias. «Este modelo garantiza que el crecimiento no sea anárquico y establece las condiciones para que sea sostenible», defendió el concejal de Urbanismo, César Díaz, en una de las cinco veces que el Plan General ha pasado por el Pleno del Ayuntamiento debido a sus continuas modificaciones.

La primera gran bolsa

Cuando el Plan General se apruebe en septiembre u octubre, según las previsiones del Gobierno regional, que es el que tiene que darle el visto bueno definitivo, el crecimiento de Santander no será inmediato ni al mismo tiempo en todas las zonas disponibles. Habrá una primera fase en la que se construirá en los terrenos que el Plan General define como Suelo Urbanizable Prioritario (SUP). Unas bolsas de terreno de 3,4 kilómetros cuadrados situadas en los alrededores del Pctcan, Monte, Cueto, San Román y La Remonta. Para poner una sola piedra en esas parcelas, el Ayuntamiento deberá hacerlo a través de planes parciales.

En el área de influencia de la autovía A-67, entre el Parque Científico, el Alisal y Mercasantander, se concentrarán más de la mitad de estos proyectos, con seis grandes bolsas residenciales bien definidas. Allí, casi en la frontera con Santa Cruz de Bezana, se construirán alrededor de 5.200 viviendas para casi 11.000 nuevos vecinos, según el ratio de 2,1 personas por casa que maneja el Plan General.

El resto de suelo que en esta primera fase se dedicará a nuevas residencias se encuentra entre Monte y Cueto, al norte de la calle Matilde de la Torre (1.615 viviendas); en San Román, frente a La Albericia (1.592); en la antigua parcela del Ministerio de Defensa de La Remonta (1.300); en Cueto, entre las calles Madreselva y Hermanos Tonetti (843), y frente a los campos de fútbol de La Albericia, al otro lado de la autovía (350 viviendas). Otros doce mil nuevos vecinos para Santander.

Más suelo productivo

Los 3,4 kilómetros cuadrados que romperán el hielo del crecimiento de la ciudad también albergarán gran parte del nuevo tejido empresarial. En total, 1,4 kilómetros cuadrados situados en su mayoría frente al Parque Científico, en esa gran bolsa de suelo que se extiende a ambos lados del puente sin uso sobre la autovía. El llamado SUP-4. El 90% de ese terreno llevará la etiqueta de "uso terciario", es decir, hospedaje, comercio, oficinas, salas de reunión y hostelería. Igual que la ampliación del Pctcan, también recogida en el Plan General. Otros dos terrenos colindantes, uno de ellos pegado a Mercasantander serán "productivos": industrial, talleres y almacenes, agropecuario...

«Este plan pretende colmatar la capacidad territorial del municipio, por lo que el dimensionamiento de los equipamientos deberá ser acorde a esta circunstancia», se puede leer en una de las páginas de los veinte tomos que comprenden el Plan General. Con 23.000 nuevos residentes en la fase más inmediata, el documento también recoge los nuevos servicios que deberán construirse en ese suelo. En las etiquetas que acompañan cada parcela hay incluidos hasta tres colegios, tres institutos de Secundaria, cinco centros de salud, un polideportivo y varias parcelas reservadas para equipamientos. Y todas ellas deberán dejar espacio para el carril bici y el metro ligero, un proyecto que hoy en día parece desterrado del podio de prioridades de la capital.

El último crecimiento de Santander será en los 4,6 kilómetros cuadrados que recorren el municipio de Este a Oeste, entre Cueto, Monte y San Román. Una franja residencial que separará la actual ciudad del Parque Litoral Norte, en la primera línea de costa. La construcción de 6.800 viviendas en esta zona no podrá comenzar hasta que se haya completado el desarrollo de la anterior fase.

El suelo, el desarrollo y el urbanismo también pueden traducirse en números. En la cantidad que percibirá el Ayuntamiento no sólo en dinero por impuestos de construcciones, sino en terreno gracias al 10% de aprovechamiento que recibirá con cada proyecto. El Plan General prevé, en total, ingresos por valor de 1.065 millones de euros e inversiones por importe de 1.042 millones de euros.

Estos ingresos proceden de conceptos como las plusvalías reinvertidas de los suelos cedidos por los promotores, los que son por la consecución del planeamiento o los impuestos y tasas ligados a la construcción, entre otros, mientras que las inversiones recogen aspectos como el mantenimiento y las actuaciones de iniciativa pública, por ejemplo. Sin embargo, «la dependencia que estos valores poseen de la actividad inmobiliaria y de la iniciativa privada, y su planteamiento para un horizonte temporal de doce años hacen que no puedan considerarse gastos e ingresos dentro de la planificación económica municipal, tal y como avala la propia normativa, que los considera una mera estimación», explicó el concejal de Urbanismo.

El modelo elegido por el Ayuntamiento para que Santander dé su último estirón ha encontrado una fuerte oposición en el Colegio de Arquitectos, el PRC y en el PSOE.

Para los regionalistas, el Plan General se basa en un modelo «trasnochado y desarrollista», y consideran que este documento perpetuará en Santander el modelo de desarrollo urbanístico de los años 80 y 90, el de la «era del "boom" inmobiliario». «Cuando toda la sociedad ha visto que ese sistema está agotado, el equipo de gobierno ha decidido perpetuarlo en Santander», señalaron desde el PRC.

La postura del PSOE no se aleja demasiado. El concejal del PSOE José Emilio Gómez opinó, en su momento, que el documento se utilizará «para construir segundas residencias que convertirán Santander en una ciudad balneario». «Es un modelo fallido de desarrollismo insostenible. Los santanderinos no merecen un plan que santifica la política del ladrillo», señaló.

Los arquitectos fueron los más críticos cuando presentaron 26 folios para explicar sus alegaciones a un Plan que «agota urbanísticamente» el municipio. Ahora, el decano, Ignacio Pereda, se muestra cauto hasta conocer el alcance de las nuevas modificaciones. «Si el espíritu no ha cambiado diremos lo mismo que antes, pero habrá matices que revisar», subrayó.

Los reproches son para un Plan General que proyecta 260.000 habitantes. Antes de la modificación eran más. El documento estaba diseñado para llenar las calles de la ciudad con 337.000 personas.