Entorno creativo

Hoy Santander celebra su particular solsticio de verano inaugurando el Centro Botín. En el ambiente flota cierta expectación y muchas preguntas sobre el efecto que la apertura puede tener en su vida cultural y también, cómo no, en su actividad económica y turística. Como es lógico, a lo largo de los últimos años y a medida que el edificio iba tomando forma entre los viejos muelles y los jardines de Pereda, una ciudadanía intrigada especulaba sobre el posible alcance del proyecto y el papel real de la ciudad en su desarrollo: ¿Un verdadero motor de desarrollo cultural y socioeconómico? ¿Una pieza fundamental en el tránsito a esa proclamada ‘ciudad de la cultura’?

Ahora empezamos a conocer algunas de sus intenciones y propuestas y los detalles del programa inaugural que, básicamente, continúa las líneas de trabajo que forman las señas de identidad de la Fundación Botín. Por un lado, se presenta la exposición más importante dedicada en España al Goya dibujante, primer fruto del convenio de colaboración existente entre el Prado y la Fundación Botín para la catalogación razonada de los dibujos de Goya. Una exposición que da brillante continuidad a la sistemática línea de investigación iniciada por la Fundación Botín en 2006 para la catalogación de los grandes maestros del dibujo español. Un valor seguro, inapelable.

Sin embargo, la segunda apuesta inaugural del Centro Botín es radicalmente opuesta. Se trata de la primera y más ambiciosa exposición monográfica de Carsten Höller en España, un recorrido por la producción de este artista belga, reconocido internacionalmente por su aguda investigación sobre la experiencia del espectador y la función cultural y social de los espacios de exhibición actuales. La decisión de inaugurar el nuevo Centro con Höller, anunciada hace años (cuando la terminación de las obras se preveía más rápida), responde al interés de la Fundación Botín en la idea del arte como una experiencia que es fruto de una interacción activa entre el visitante y la obra. Toda una declaración de intenciones.

Pero, llegados a este punto, cabe preguntarse por los planes de futuro. Si atendemos a la información de su nueva web, el Centro declara como su objetivo principal «generar desarrollo social y riqueza aprovechando el potencial que tienen las artes para despertar la capacidad creativa». Es decir, que el principal objetivo del Centro es aprovechar el Arte para despertar la creatividad y alcanzar así un objetivo socioeconómico... «Generar desarrollo social y riqueza». Pero, ¿puede un centro de arte o un museo (re)generar social y económicamente una ciudad? ¿Debería ser ese su primer objetivo?

Tras ese objetivo principal se detallan algunas de las aspiraciones del Centro:

1. Ser una ‘referencia’ en España dentro del’circuito europeo de centros de arte de primer nivel’, destacando por la ‘excelencia’ de su programación.

2. Ser un lugar ‘vivo y cercano’, de encuentro ciudadano, en el que todos los públicos puedan «disfrutar, aprender e inspirarse».

3. Ser «un motor de generación de riqueza económica, social y cultural» en el ámbito de la cornisa cantábrica. Ese pacto entre lo global y lo local podría advertirse incluso en la propia arquitectura e implantación del atractivo edificio de Renzo Piano, que parece sugerir un nacarado organismo gigante que se abre con grandes lienzos acristalados hacia la ciudad y la bahía, sólidamente anclado en el muelle. Se sitúa así en un territorio fronterizo entre lo local y lo global, lo terrenal y lo marítimo, lo sólido y lo líquido.

En general, tales aspiraciones evocan algunas tendencias muy actuales repetidas en numerosos proyectos para museos, centros de Arte y ciudades de la Cultura de las últimas décadas. En algunos de estos proyectos se ha llegado a hablar de la relación entre Arte y Economía como un ‘matrimonio de conveniencia’, en el que el primero sirve como referencia estratégica para una regeneración urbana que permita atraer y retener las actividades vinculadas a la ‘economía creativa’, desde la innovación y el desarrollo a las ahora llamadas industrias culturales.

No obstante, en esta época en que los grandes museos globales, siguiendo una estrategia reproductiva planetaria, multiplican sus sedes-franquicia por Bilbao, Málaga, Abu-Dhabi o Hong Kong, el Centro Botín trabaja con otra escala y pretende destacarse con algunas señas de identidad particulares. La principal ya se ha señalado: despertar la capacidad creativa a través de las artes para generar riqueza. De hecho, ha llegado a afirmarse que el centro «será un lugar pionero en el mundo para el desarrollo de la creatividad a través de las artes» y que «será el único museo del mundo con un programa ligado a talleres de artista». No obstante, el fomento de la creatividad y de las actividades vinculadas a la economía creativa (o industrias creativas) son, en realidad, un tema de gran actualidad: 2009 fue el Año Europeo de la Creatividad y la Innovación, con un amplio espectro de actividades relacionadas con el fomento del arte y otras formas de creatividad en la educación formal e informal. Hay, incluso, un Día Mundial de la Creatividad y la Innovación nombrado por Naciones Unidas (el 21 de abril, según parece en homenaje a Leonardo da Vinci).

Ahora bien, la mayor parte de especialistas en estos temas coinciden en señalar que, para que una red de economía creativa funcione, requiere de un sistema educativo eficaz e implicado y de un contexto de diversidad cultural, es decir, de un entorno creativo. Es en este punto donde se tendrá que hacer un gran esfuerzo, en una ciudad con notables y significativas ausencias en estudios relacionados con las Artes o la creatividad. Es cierto que Santander cuenta con profesionales (artistas, intelectuales, gestores o científicos) relevantes y bien valorados, y con varias iniciativas (Archivo Lafuente/Reina Sofía, nuevo museo de Prehistoria y Arqueología, Fábrica de creación…) que, sumados al Centro Botín, pueden transformar radicalmente el panorama.

El Centro Botín es, en definitiva, un bienvenido primer paso. Falta ahora saber si seremos capaces de tirar de inteligencia emocional y construir entre todos un ‘entorno creativo’, llámese ciudad de la cultura, anillo cultural, ciudad creativa o como se quiera. Santander se sitúa en una encrucijada como la ‘Y’ que da título a la exposición de Höller, la ípsilon griega, la letra de Pitágoras que nos obliga a elegir entre el camino de la virtud o el del vicio. 

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