La empresa canadiense asegura que la mina de zinc no emitirá gases ni ruidos ni verterá al agua

Lago artificial creado en el agujero que dejó la antigua mina de Reocín tras su cierre en 2003.
Lago artificial creado en el agujero que dejó la antigua mina de Reocín tras su cierre en 2003. / Luis Palomeque
  • Emerita Resource muestra a PRC, PSOE, Ciudadanos y Podemos un informe para respaldar la seguridad ambiental del proyecto para la Comarca del Besaya

Veinte millones de toneladas de zinc, un volumen de negocio similar al 22% del PIB cántabro, alrededor de 1.500 puestos de trabajo y un empujón del 20% a la actividad del Puerto de Santander.

El nuevo proyecto minero para la comarca del Besaya maneja unas expectativas económicas que no pueden ser más altas, pero el Gobierno regional y la empresa canadiense Emerita Resource –la firma más interesada en este negocio– han encontrado el respaldo político y social de un territorio especialmente dañado por la crisis. Hasta los más escépticos en Torrelavega, Santillana del Mar y Reocín –los tres municipios que guardan la mayor veta de zinc conocida en España– esperan que se cumplan esas perspectivas. Lo que genera más dudas es el impacto natural. Por eso, la compañía americana ha presentado al Ejecutivo regional y a todos los grupos parlamentarios, excepto al PP, un informe en el que desgrana las medidas medioambientales que acompañan al proyecto. Se resumen en una sola frase: no emitirá gases ni ruidos ni vertidos al agua.

El documento, al que ha tenido acceso este periódico, repite hasta en cuatro ocasiones que la explotación será totalmente subterránea y que, en ningún caso, se trata de una mina a cielo abierto, como lo fue durante 150 años la antigua instalación de Reocín. Todos los trabajos se desarrollarán a 500 metros de profundidad y en el exterior «no se percibirá nada». Por eso, la empresa canadiense asegura que el proyecto «no afectará al terreno natural ni a ninguna superficie, no habrá ninguna sustancia que entre en contacto con el suelo, no emitirá ningún gas al exterior, no se generarán ruidos al medio ambiente, no aportará ninguna partícula sólida al medio natural y el agua utilizada se depurará y no entrará en contacto con posibles contaminantes».

Los métodos de extracción no tendrán nada que ver con los utilizados por Asturiana de Zinc en los últimos tiempos de la mina de Reocín. En las páginas mostradas por Emerita Resource se habla de una «minería sostenible» que no afecta a la atmósfera ni a las aguas ni a los suelos. Y tampoco produce residuos.

El sistema es el siguiente. Para hacer la bocamina inicial de cinco kilómetros se utilizarán explosivos, pero las voladuras cuentan con un sistema de absorción de ruidos similar al que se utiliza en las grandes ciudades para construir los metros.

La extracción del mineral también contará con sistemas muy distintos a los de hace una década. En primer lugar, habrá paneles especiales para absorber las ondas y el ruido de la maquinaria pesada y las voladuras. La blenda, el mineral de color terruno en el que el zinc aparece mezclado con otros elementos, comienza entonces un viaje que será de ida y vuelta. Primero, se meterá en cápsulas para «evitar partículas en suspensión en el aire» durante su transporte.

Una red de raíles recorrerá las galerías de la mina para llevar la blenda a las plantas de tratamiento, que también estarán en el subsuelo. Durante el traslado se minimizarán los gases, ya que el carbón se dejó de utilizar para mover la maquinaria. Se usarán cintas transportadoras eléctricas.

Separar el zinc y rellenar

Una vez triturado el mineral, llegará el momento de separar el zinc de los demás elementos por el método de flotación, ideado por el ingeniero cántabro Leopoldo Bárcena Díaz de la Guerra, exdirector de la sede de Torrelavega de la Real Compañía Asturiana de Minas y fallecido en 1949. En líneas muy básicas consiste en meter el mineral en un tanque lleno de agua e inyectar aire para separar los elementos químicos.

Este proceso, según la empresa canadiense, «no produce combustión ni reacción química de ningún tipo» ni tampoco generará balsas de agua, por lo que «se evitará la peligrosidad de inundaciones». Además, las plantas de tratamiento serán «de última generación». «Las aguas utilizadas permanecerán dentro de un circuito cerrado y no entrarán en contacto con el medio natural», aseguran desde la firma, que cuenta con una delegación en Sevilla y explotaciones mineras en Asturias, Badajoz y Brasil.

La última fase será el tratamiento de los restos de mineral que carecen de valor. Este nuevo sistema, bautizado en inglés como Backfill, evitará la generación de escombreras al reutilizar todos los materiales. Los residuos sobrantes volverán a su lugar de origen metidos en cápsulas. Allí se inyectarán de nuevo en las cavidades producidas en la primera extracción junto con un cemento especial. Es decir, se rellenarán los agujeros. «Se aumentará considerablemente la sostenibilidad de la mina, no se alterarán las condiciones físicas de los posibles acuíferos, no se crearán balsas de lodos y, por tanto, no habrá que eliminar ningún residuo en vertedero», se destaca en el informe.

El zinc será almacenado en naves antes de transportarlo al Puerto de Santander y ponerlo en el mercado. La producción mundial triplica actualmente la que existía en la década de los 60 y duplica la que había en 1995. Sólo en los últimos quince años se ha incrementado la demanda un 55%. China, que ha multiplicado por tres su necesidad de este mineral, tiene mucha culpa. De hecho, cuando la mina de Reocín cerró sus puertas, el zinc cotizaba a poco más de mil euros la tonelada frente a los cerca de 2.800 euros de esta semana. Y el ritmo de incremento es de un 3% anual, según los expertos.

Por eso, Emerita Resource, que viene de la mano del grupo mexicano Aldesa, el principal constructor del país centroamericano, no es la única compañía que ha puesto sus ojos en la Comarca del Besaya. El Gobierno cántabro también ha mantenido conversaciones con una firma australiana –Slipstream Resources– que opera un fondo de inversiones y con la compañía AZSA, que explotó la vieja mina de Reocín.