Objetivo, limpiar la bahía de Santander

Un centenar de niños del club de Vela Príncipe Felipe han salido al mar para dejar limpias las aguas y aprender a cuidar este entorno

ITZIAR LAUZURIKASantander
Los participantes a punto de embarcar. Foto: Sane/
Los participantes a punto de embarcar. Foto: Sane

A las once de la mañana más de cien niños y niñas, con chaleco salvavidas y visera, están preparados para embarcar. Son un peculiar equipo de limpieza. Porque lo suyo es aprender a izar velas o llevar el timón. Pero hoy hacen otra cosa. Son parte de Limpiando el Mar, una iniciativa de concienciación en la que participan durante estos días los alumnos del Club de Vela Príncipe Felipe de Santander. Bolsas de basura, latas, incluso periódicos y revistas son los objetos perdidos que recogen. Grupos de seis, junto al monitor, recorren las costas de la ciudad en busca de «todo lo que tiran los barcos». Lo que deja la marea y lo que hace volar el viento. Nada se escapa a este grupo de limpieza.

Antes de salir inspeccionan las aguas que recorrerán durante los próximo minutos. Son una jauría de críos de entre siete y 16 años que corren como locos por la rampa de Puertochico. Con los pies aún en tierra, Pedro, de once años, señala un papel a la deriva. «Recogemos todo lo que flota en el agua». Y es que la actividad consiste en coger con las manos nada de redeños todos los residuos y tirarlos a una bolsa que llevan dentro del raquero (una pequeña embarcación) para después echarlo a la basura.

Entre risas y discusiones recuerdan qué fue lo que vieron ayer en la bahía de la capital. Que si ruedas de coche, que si eran «cacas» o era espuma... «Ayer encontramos un sombrero y me lo quería quedar yo», afirma uno de los chavales, que, finalmente, no consiguió hacerse con el gorro. Álvaro, el más pequeño de la tripulación coordinada por Ana, espera encontrar algún reloj. Cree que es un objeto que mucha gente pierde en la playa durante los días de verano. Cosas de niños, que, a veces, no son tan descabelladas.

Cada uno, junto a su raquero, espera el momento de salir a navegar con su tripulación. Entre todos, arrastran la embarcación cuesta abajo, sobre unas ruedas, hasta que llegan a orillas de la bahía santanderina. Lo monitores no olvidan la fase de aprendizaje (más allá de la actividad del día). Y, una vez en el agua, todos suben al raquero. Comienza el viaje. Una aventura protagonizada por pequeños marineros y que servirá para ayudar en el cuidado del mar.

Organizadores

Aventura para unos y concienciación para todos. Con estas jornadas se pretende transmitir la importancia de proteger el litoral y de promover una actitud sostenible en el disfrute de la naturaleza. La iniciativa ha dado el pistoletazo de salida en Santander para continuar en otras ciudades como Málaga. De hecho, pretende alentar también a los clubes náuticos para que cuiden las costas de su entorno.

Por un planeta mejor, se llama. Y lo consigue. Porque Álvaro, aunque no se llevara el rejoj, sí que aprendió una buena lección.

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