La dura jornada del profesor universitario

De izquierda a derecha, Félix Sangari, María del Mar García, José María Zamanillo, Josefa Montse Ferreras, María Cristina Pérez y Ana Belén Marín./
De izquierda a derecha, Félix Sangari, María del Mar García, José María Zamanillo, Josefa Montse Ferreras, María Cristina Pérez y Ana Belén Marín.

El sistema les exige publicaciones científicas, más trabajo con Bolonia y mantener la calidad docente

JOSÉ CARLOS ROJOSantander

Un día cualquiera, a última hora de la tarde, en el despacho de María Cristina Pérez la primera catedrática de Matemáticas que alumbró la Universidad de Cantabria, no cabe un alfiler. "Los más hambrientos de conocimiento son los alumnos del doble grado en Física y Matemáticas. He tenido días de salir a las nueve de la noche pero, ¿qué le voy a hacer? ¿Dejarlos tirados con sus dudas? No puedo, los atiendo ¡porque me sale del alma!" María Cristina, una de las sabias veteranas del campus cántabro, personifica el ejemplo del buen docente; pero existen excepciones.

Los alumnos manifiestan su descontento con profesores despreocupados, o con otros incapaces de empatizar con ellos para enseñar con eficacia. Denuncian incluso que algunos entraron en la universidad para poder continuar con sus investigaciones que son las que otorgan verdadero prestigio y abandonan la docencia a un segundo plano marginal.

Los profesores se defienden: dicen que son casos aislados, que el sistema no lo pone fácil les exige resultados de investigación, de innovación, divulgación; horas de docencia y de tutorías... Y que en la mayor parte de los casos, el alumno siempre es lo primero.

En la élite investigadora

Si la investigación de excelencia fuera sinónimo de éxito docente, el campus cántabro podría presumir de posición líder a escala nacional.

Según el llamado Índice h, empleado como uno de los indicadores de calidad de los investigadores al relacionar el número de artículos científicos publicados con la cifra de citas que estos textos reciben, treinta científicos de la UC se encuentran entre los mejores del país en las áreas de ciencias y tecnología.

Son Miguel Ángel González-Gay Mantecón, en Reumatología; Luis Manuel Cruz, en Microscopia; Íñigo Losada, en Ingeniería Oceanográfica y Enrique Castillo, en Matemáticas.

Completan la representación cántabra la ingeniera Inmaculada Ortiz, José Ángel Irabien y Ana María Urtiaga, en el campo de la Química, y como exponente en Informática, Luis Miguel Pardo, entre otros.

Sin horario claro

"No creo que ninguno de nosotros contemos con un horario fijo. El día se acaba cuando terminamos las tareas, y en la mayor parte de las ocasiones ni eso; porque por norma nos llevamos trabajo a casa y acabamos robándole tiempo a nuestras familias", cuenta Josefa Montse Ferreras, profesora titular de química e investigadora. El resto de los presentes, todos profesionales del campus que conjugan la docencia con la investigación, asienten cómplices tras el comentario.

"Lo que es fundamental es entender que la docencia es lo primero, y que puedes ser un estupendo investigador, que si no sabes transmitir tus conocimientos, no servirá de nada, porque toda tu sabiduría morirá contigo", remarca José María Zamanillo, profesor titular del Departamento de Ingeniería de Telecomunicaciones. "Hay que saber de lo que hablas y también saber contarlo a todos los públicos, sea en una clase o en la calle".

Comunicar bien

La clave está en la comunicación, en saber ponerse en el lugar del otro. "No podemos hablar a los alumnos como si lo estuviésemos haciendo con colegas de profesión. Lo que siempre funciona es pensar que tenemos que explicarselo a nuestra abuela. Así y solo así, sabremos que estamos utilizando el lenguaje adecuado", explica Ana Belén Marín, investigadora del Instituto Internacional de Investigaciones Prehistóricas (Iiipc).

El inconveniente, como suele suceder en estos casos, es el tiempo. Hay que desdoblar las horas del día para cubrir el tiempo de docencia, para escribir artículos, promover publicaciones científicas... Incluso hay que contemplar espacio para la gestión y para la divulgación.

"Lo importante es tener prioridades y saber que la docencia tiene que ser lo primero. Somos ante todo profesores, y nos debemos a nuestros alumnos", zanja María del Mar García de los Salmones, profesora titular del Departamento de Administración de Empresas.

Tiempo para todo

"A veces es difícil cumplir con eso debido a la cantidad de tareas de las que tenemos que hacernos cargo, pero hay que hacer un esfuerzo", proclama Juan Baró, catedrático del Departamento de Derecho Privado y exdecano de esa facultad.

Ahora el sistema universitario lo pone más fácil. La reciente publicación de los criterios de acreditación del profesorado universitario fijados en el Programa Academia miran allá donde jamás se puso el ojo. "En las horas dedicadas a gestión, a divulgación, etc. Digamos que ya no va a ser todo investigación. Si quieres ser docente o promocionar, tendrás que dedicar aunque sea un pequeño periodo de tiempo a estas labores", justifica Félix Sangari, profesor contratado doctor en el Instituto de Biomedicina y Biotecnología de Cantabria (Ibbtec).

Se adapta la calle

El lenguaje

La buena docencia se parece a la buena divulgación, «si eres capaz de explicar una investigación a tu abuela, quiere decir que lo estás haciendo bien», concreta Ana Belén Marín. Solo así se logra también que el total de los alumnos comprenda lo que se dice en clase. «A veces el investigador puede pensar que habla claro, suponiendo que todo el mundo parte de un gran nivel, pero en realidad no es así. Hay que partir siempre de cero para asegurar que todo el mundo te sigue», advierte José María Zamanillo.

"Eso es bueno porque digamos que obligará a la gente a hacer cosas que antes no eran obligatorias, y que sin embargo pueden ser muy positivas para la ciencia y también para la docencia", agrega Sangari, de nuevo con las miras puestas en la mejora de la eficacia del colectivo de profesores. Con ese objetivo todos ponen el foco en una cosa: escuchar al estudiante.

"Si hay algo por lo que se caracterizan los alumnos es porque siempre dicen la verdad, y más en este tipo de cuestiones en que sienten que tienen libertad absoluta", advierte Zamanillo. Por eso es tan importante atender con atención a las valoraciones que hacen de sus profesores. Unos comentarios que según los estudiantes caen en saco roto pero que en realidad parecen captar la atención de los docentes.

Profesores evaluados

"Claro que las miramos y claro que son importantes. En algunos casos, incluso, pueden ayudar a rectificar algún detalle en el que por alguna circunstancia no habíamos reparado. Sinceramente, creo que pueden ayudarnos a hacer mejor las cosas porque a veces aparece errores de los que no éramos conscientes", confiesa Juan Baró. "Especialmente los comentarios a mano que cierran las encuestas pueden ser especialmente reveladores", se suma María Cristina Pérez.

El feedback puede ayudar en ese camino hacia la excelencia en la docencia; pero a la postre todo se resume en una misma idea: "Sucede como con los médicos, los arquitctos o los bomberos... El profesional que de verdad hace bien su trabajo es el que tiene vocación de verdad, el que lleva la enseñanza en la sangre porque ha nacido con ello", apunta Zamanillo.

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