La última moda en Instagram: Cortar jabones

Las imágenes de los jabones cortados nos permite desacelerar por un momento, regular nuestras emociones, reducir el estrés y obtener cierta sensación de control./
Las imágenes de los jabones cortados nos permite desacelerar por un momento, regular nuestras emociones, reducir el estrés y obtener cierta sensación de control.

El #soapcutting causa furor en la red social y los expertos vinculan esta práctica al fenómeno de la 'Respuesta Sensorial Meridiana Autonóma'

JOSÉ CARLOS CASTILLO

Gatos, fashion victims y cuerpos esculturales tienen un nuevo contendiente en Instagram: el jabón. De la noche a la mañana, la red social del momento se ha copado de vídeos en los que las pastillas de jabón son cortadas a cuchilla. No hablamos de modelaje, sino de tajos consecutivos sin mayor propósito.

Unas veces, el usuario de turno realiza cortes superficiales en el jabón, para conseguir el desprendimiento de cientos de escamas al cortarlo transversalmente. Otras se procede a laminar delicadamente la pieza, apreciándose su composición multicolor; aunque también encontramos lascas de grosor ínfimo, desmenuzadas para disfrute del respetable.

Se preguntará quién puede encontrar placer en este tipo de grabaciones, pero se sorprendería: el #soapcutting, etiqueta que aglutina la tendencia de seccionar jabón, suma la friolera de 256.000 publicaciones (sin contar el millar de 'hashtags' similares). Existen incluso perfiles específicos con más de 400.000 seguidores, como el ruso '@asmr_soap_princess'.

No en vano, Rusia es el país donde mayor furor se ha desatado, para regocijo de las tiendas de coméstica. En declaraciones a The Guardian, una usuaria reconoce invertir más de 100 dólares mensuales en jabón: «Es mucho dinero tratándose de Rusia, donde cualquier hobby sale muy caro». Aún así acomete el desembolso, no tanto por el número de 'me gusta' como por la satisfacción que le provoca utilizar el cutter: «Comencé por mera distracción, pero acabó resultándome hipnótico».

La clave está en las siglas

ASMR ('Autonomous Sensory Meridian Response' o Respuesta Sensorial Meridiana Autonóma) se define como el fenómeno biológico por el que sentimos una sensación de hormigueo placentero en el cuero cabelludo, la espalda o el resto del cuerpo, a raíz de estímulos visuales o auditivos. A menudo se asocia con la sinestesia, cual percepción frecuente e involuntaria de correspondencias sensoriales. Por ejemplo, asociar olores con piezas musicales, colores con números, palabras con sabores...

El concepto de ASMR se originó en 2007 a través de un foro de conversación en Internet, cuando un usuario preguntó por una sensación que llevaba acompañándole toda la vida: «Recorre todo mi cuerpo y ocurre de forma aleatoria, sin motivo aparente. Por ejemplo de niño, cuando presenciaba un espectáculo de marionetas; en el instituto, al conversar con mi grupo de amigos; ahora mismo, al recorrer mi piel con los dedos... No me estoy quejando porque me gusta pero... ¿de qué puede tratarse?».

Tres años después, la impulsora del fenómeno (Jennifer Allen) lo definió tal y como se le conoce, donde 'autónomo' refiere a que no todo el mundo lo experimenta del mismo modo ni responde ante los mismos estímulos y 'meridiano' a la sensación de «orgasmo cerebral» aludida por algunas personas. La misma que pareció describir Virginia Wolf en 'Mrs. Dalloway', allá por 1925: «[le habla] de manera profunda, como un órgano suave, pero con una dureza parecida a la de un grillo, que hace que recorra por su espalda una sensación de cosquilleo deliciosa y corra hacia su cerebro causando un sonido armonioso».

Los principales denotantes de la Respuesta Sensorial Meridiana Autónoma, a fin de cuentas, son los que llevan motivando una década de vídeos al respecto en YouTube: susurros, voces 'firmes', patrones repetitivos, sonidos que rompen el silencio más absoluto, aquellos producidos al masticar o comer... De igual modo, el sonido del jabón al cortarse y caer sobre una superficie produce bienestar a determinadas personas, incluso si nunca han sido susceptibles al mentado ASMR. Según explica el Dr. Giulia Poerio, del Departamento de Psicología de la Universidad de Sheffield: «Ver cómo alguien realiza una tarea de forma experta y métodica, moviendo las manos cautelosamente, resulta satisfactorio para la mayoría».

El imperio de las pantallas

La terapeuta Natalie Cawley arroja otra explicación, la saturación de estímulos al pasarnos el día de la pantalla del móvil, a la del ordenador o el televisor: «Instagram, Facebook, las aplicaciones de citas, Netflix... semejante carga visual demanda un gran esfuerzo cognitivo para monitorizar, manipular e interpretar la información. Ver cómo alguien corta jabón provoca un alivio momentáneo; apela al procesamiento más primitivo. [...] Nuestro ojos se sienten atraídos por el color y visualizar tareas simples o repetitivas ofrece un respiro más que necesario a nuestro cebrero».

«Cuando reproducimos estos vídeos» -continúa- «centramos nuestra atención en el corte. Nos permite desacelerar por un momento, regular nuestras emociones, reducir el estrés y obtener cierta sensación de control».

La contemplación de tareas sencillas permite despejar la mente, a menudo repleta de ideas y tareas que consiguen bloquearnos. También de problemas: «A un nivel simbólico, asociamos el jabón con lo limpio y nuevo. Su textura ejerce poca resistencia a la presión... de aquellas inquitudes vitales que puedan estar haciéndonos sufrir».

Cuestión bien distinta es qué ocurre con dicho jabón tras las grabaciones, ya que pocos se preocupan de reciclarlo (lo que puede hacerse fácilmente) y acaba por resultar contaminante. De hecho, la problemática se extiende a las cadenas hoteleras, que cada año desechan millones de pastillas de jabón a medio usar, según ha hecho constar la Organización Mundial de la Salud. ¿Una solución práctica? Llevarnos el sobrante a casa... sea por temas higiénicos o para castigarlo frente a la cámara.