Aquellas 'Noches de Reyes'

Aquellas 'Noches de Reyes'

Los regalos y especialmente los juguetes han sufrido una gran evolución en los últimos años, como bien saben Melchor, Gaspar y Baltasar

Javier Rodríguez
JAVIER RODRÍGUEZSantander

Todos recordamos las 'Noches de Reyes' de nuestra infancia. Permanecen almacenadas en la memoria sentimental. Las de ahora se diferencian de aquellas en que Melchor, Gaspar y Baltasar tenían antaño poco dinero y, por tanto, podían regalar sólo algunas de las cosas que se les pedía (como ha mejorado su economía, hogaño pueden regalar todas). Pero aún así, los niños nos sentíamos felices con su generosidad.

A los chavales nos traían como regalos el fuerte con los indios, los vaqueros y los federales; el coche teledirigido por cable; el Madelman; el tren de cuerda, etc. Y a las niñas una muñeca, cacharritos, el maletín de la señorita Pepis, etc. Existían también juguetes que no eran ni de niños ni de niñas, pues ambos nos divertíamos con ellos. Dos ejemplos de gran éxito fueron los «Juegos Reunidos Geyper», creados por el genial empresario español Antonio Pérez, y el «Cine Exin», con el que, dándole a la manivela, proyectábamos en la pared pelis de dibujos animados.

¡Qué emocionante resultaba todo en torno a los Reyes Magos! Primero asistir a la famosa cabalgata, la cita más popular y emocionante del año. Después, llegar a casa, cenar, dejar bien brillantes los zapatos, el turrón para los reyes y el agua para los camellos, y meternos pronto en la cama. El principal problema de la 'Noche de Reyes' consistía, precisamente, en conciliar el sueño…

… Teníamos los peques tantas ganas de dormir para alcanzar el siguiente día y ver qué nos habían traído desde el lejano Oriente Sus Majestades, que no había forma de cerrar los ojos. Una vez conseguido, a primerísima hora de la mañana salíamos disparados hacia el salón, donde Melchor, Gaspar y Baltasar habían dejado colocados los paquetes. Y allí –igual que sucede hoy, siendo adultos- brotaba la magia. O sea, la Felicidad (así, con mayúscula). ¡Que nunca deje de brotar! Es luz en el, con frecuencia, oscuro camino de la vida.

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