La cercanía y la magia de las tiendas de Paula de Vicente

Paula de Vicente con un blusón veraniego./
Paula de Vicente con un blusón veraniego.

El arte de esta empresaria cántabra está en leer a sus clientas y ofrecerles lo mejor tanto en sus comercios de moda de Santander y de Bilbao

Adriana del Val Ruiz
ADRIANA DEL VAL RUIZ

Cuando comencé esta aventura tenía claro que el propósito de ella era conocer a mujeres maravillosas, con espíritu emprendedor, carácter y personalidad. Pero sobre todo con ganas de charlar sobre la vida y la moda. No sólo quería conocerlas personalmente, sino descubriros en cada artículo a estas personas fabulosas. Y con cada una que estoy descubro un corazón nuevo lleno de pasión.

Esto me ha pasado esta semana al conocer personalmente a Paula de Vicente. ¡Todo un cúmulo de pasión y entrega a su trabajo! Charlar con ella no solo ha sido un descubrimiento constante, sino que además me hubiera quedado con ella hasta la madrugada hablando de la vida en general y de la moda en concreto.

Ella dice no inspirarse en las revistas sino en todo lo que la rodea: sus viajes, sus amistades, sus experiencias y, sobre todo, sus clientes. «Ellos son fuente de inspiración, siempre lo digo, son ellos quienes me marcan las pautas de qué elegir o no para mis tiendas. Cuando estoy ante una nueva marca o colección pienso en cada persona que me visita en la tienda con nombre y apellidos. Y decido en función de ellos». Podemos ver a Paula, con sus tiendas Colette y Zona Coolto, en plena calle Arrabal, esa calle de Santander tan mágica para mí, tan coqueta y tan llena de color. También tiene una tienda Coolto en Bilbao donde descubrir todo su universo de prendas escogidas por ella y tener un trato encantador según entras por la puerta.

Paula no es diseñadora, aunque si ella quisiera podría. Su arte está en leer al cliente y ofrecerle lo mejor para estar perfecta. Y perfecta no significa que vayas a estar vestida de gala, sino ideal «para cada sentimiento que tengas». Paula me describe cómo hay que saber vestirse acorde a como uno se siente. Es decir, todas tenemos días en los que si por nosotras fuera saldríamos en pijama a la calle. (Sí, sí, en pijamas literales y reales, no de estos maravillosos que están tan de moda para salir a la calle…). Para esos días hay prendas que nos sacan del apuro, nos hacen estar cómodas y, a la vez, preciosas y a la moda. Otras veces necesitamos estar de punta en blanco porque toca celebrar, en ocasiones necesitamos dar a ver nuestra fortaleza en alguna reunión… Y ahí está Paula, de Colette, para ayudarnos. Ella y su maravilloso equipo de profesionales.

Yo, que tantas veces he visitado tiendas y lo único que he querido es salir corriendo, veo que, en Colette me quedaría a vivir. Me probaría todo lo que veo y sé que ellas me asesorarían a la perfección. Al final el cliente siempre es lo primero, y si sale feliz de tu tienda, ya tienes la mejor publicidad hecha.

La conversación fluye, siempre vinculada a sentimientos, claro… A fin de cuentas, quien piense que la moda es frívola está muy equivocado. Últimamente no hago más que leer sobre la sostenibilidad y la importancia de que la ropa no nos «dañe». Paula aborda, desde otro punto, pero también acertado, este tema. Mientras me prueba un fular de cachemira me pregunta «¿qué sientes?». Yo me quedo ensimismada, sé lo que llevo al cuello en ese momento, y la verdad es que siento como si de un abrazo cálido se tratara. «Este fular te lo pondrías incluso hoy con el calor que hace. De eso se trata, que las prendas que nos pongamos no nos agredan, no nos hagan sentir mal, sino todo lo contrario. Cuando una prenda te pica, te molesta… es que no es para ti». Continúa explicándome lo necesario que es que cada vez más nos fijemos en esto cuando compramos moda. Lo principal es sentirse bien.

Hilamos este tema con lo que cree ella, como mujer, que la moda debe ser para las mujeres: «La ropa, los complementos… toda la moda para las mujeres es una herramienta clave que usamos para dar a ver al mundo quienes somos y cómo somos. Me encanta ser sincera con mis clientas, quizá a veces lo soy en exceso, pero me gusta decirlas lo que realmente veo cuando salen del probador y asesorarlas lo mejor posible». Paula hace esto no solo con sus clientas sino también con su propio equipo: en las tiendas se respira «buen rollo» y por lo que ella me cuenta, muchos de sus empleados son ahora amigos. Narra anécdotas de momentos en los que todos juntos han salido adelante, a veces aprendiendo en el momento y como eso les ha unido más aún. Da gusto ver el cariño que desprenden sus ojos al hablar de ciertas dependientas que la acompañaron en el pasado…

Terminando, le pregunto cuando me habla de lo mucho que le gusta decorar sus escaparates, si el artista nace o se hace. Coincide con todas mis entrevistadas: «Se hace. Hay que tener una cierta sensibilidad innata claro, pero hay que desarrollarlo, estudiar, empaparse y no dejar de crear… sino, el artista desaparece».

Divina Paula, divina sus tiendas, divinas sus historias… Me quedo con ganas de conocerte mucho más, pero seguro que tenemos mil y una ocasiones.

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