Treinta años del fin del 'mataviejas'

Treinta años del fin del 'mataviejas'
Manuel Bustamante

El 19 de mayo de 1988 la Policía detuvo a José Antonio Rodríguez Vega por el asesinato de 16 mujeres. Murió en la cárcel cosido a puñaladas

CONSUELO DE LA PEÑASantander

Decía la popular cronista de sucesos Margarita Landi que con Caín y Abel el crimen se puso de moda. Desde entonces la pasión de matar sigue siendo la misma, aunque existen niveles, que es lo que diferencia a los asesinos en serie. A finales del siglo pasado Cantabria dio uno de esos ejemplares distintos a los demás, capaces de superar en horror todo lo conocido. Era José Antonio Rodríguez Vega, un albañil de Santander obsesionado con las ancianas, que siempre quiso matar a su madre, pero no pudo («Me ha dado la vida», aduciría). Así que, entre abril de 1987 y el mismo mes de 1988, entró en casa de al menos 16 mujeres mayores alegando que iba a arreglar algo; una vez allí, las violó y mató. La más joven de sus víctimas tenía 61 años, y la mayor, 93. Todas vivían solas. Hoy se cumplen 30 años de su detención, un arresto que puso fin a una cadena de asesinatos que mantuvo en vilo a la ciudad.

Tenía 34 años cuando a Rodríguez Vega, conocido como 'el mataviejas' y 'el Landrú español', le cayeron 440 años de prisión. «¡Ahora, ríete cabrón!», le gritaron las familias cuando la Audiencia Provincial hizo pública la sentencia en diciembre de 1991. El 'asesino de ancianas' pasó por más de diez prisiones, y cuando había cumplido 14 años de condena y le quedaban ocho para salir a la calle, murió cosido a puñaladas en la cárcel salmantina de Topas.

Las víctimas

Víctoria Rodríguez Morales
61 años. Asesinada el 15 de abril de 1987 en la calle San Pedro, 6.
Simona Salas Menéndez
84 años. Asesinada el 13 de julio de 1987 en la calle Alta, 27.
Margarita González Sánchez
82 años. Asesinada el 6 de agosto de 1987 en la calle La Roca, 6.
Josefina López G
del Anillo. 86 años. Asesinada el 17 de septiembre de 1987 en Juan Garay, 4.
Manuela González Fernández
80 años. Muerta el 30 de septiembre de 1987 en Gómez de Oreña, 9.
Josefa Martínez Collantes
84 años. Asesinada el 7 de octubre de 1987 en la calle Perines, 22.
Natividad Robledo Espinosa
66 años. Muerta el 31 de octubre de 1987 en la calle Zaragoza, 16.
Catalina J
Fernández Mata. 93 años. Muerta el 17 de diciembre de 1987 en Cisneros, 28.
Isabel Fernández Vallejo
82 años. Muerta el 29 de diciembre de 1987 en la calle Alta, 45.
María Landazábal San Miguel
72 años. Asesinada el 6 de enero de 1988 en la calle Alta, 113.
Carmen Martínez González
65 años. Muerta el 20 de enero de 1988 en Isabel la Católica, 16.
Engracia González Arana
65 años. Muerta el 11 de febrero de 1988 en Cuesta del Hospital, 9.

Aquella noche del año 2002, el 'mataviejas' durmió pared con pared con sus asesinos, Enrique del Valle González, conocido como 'el zanahorio', y Daniel Rodríguez Obelleiro, dos reclusos condenados sólo por robos y lesiones pero con un pedigrí carcelario excepcional, que les otorgaba el título de presos de especial seguimiento. Le asesinaron porque «deshonraba el patíbulo», pero como ya no hay patíbulo, afortunadamente, deshonraba la celda. Es la ley de la cárcel, donde los parricidas y los violadores están mal vistos en las penitenciarías, sobre todo si se han especializado en niños y en viejas. Le aplicaron su sumarísima ley. Un excompañero de presidio que compartió cinco años en la cárcel de Ocaña con Rodríguez Vega, dijo que le mataron también por «chivato».

La muerte airada del 'mataviejas' no suscitó piedad alguna. Era un psicópata desalmado. Bajo su aspecto de cordero albergaba una bestia implacable, y así lo vieron los psiquiatras y los jueces. Porque la batalla judicial se libró en el campo de la psiquiatría. Los locos no son imputables, pero los psicópatas severos, y Rodríguez Vega lo era, pagan por sus crímenes. En España, sólo Manuel Delgado Villegas, el mendigo apodado 'el arropiero', le supera en muertes. Se le consiguieron probar siete, aunque la policía consideró verosímil que fuese el autor de veintidós.

Agresivo e irascible

Pero, ¿quién era Rodríguez Vega? Nació en 1959 en el barrio santanderino de Campogiro en el seno de una familia humilde, donde era el cuarto de seis hermanos. Siendo adolescente comenzó a trabajar como albañil y carpintero, oficios que años después le permitieron un acceso fácil a la viviendas de sus víctimas, a las que seleccionaba con exquisito cuidado. Es en esta etapa de su juventud cuando Rodríguez Vega empieza a manifestar ciertos rasgos de agresividad y se convierte en un hombre solitario y sin amigos. A los 18 años se casó con María Socorro, con la que tuvo un hijo.

El nacimiento del pequeño afloró su temperamento irascible y los primeros síntomas de agresividad. Su esposa llegó a declarar que cuando el niño tenía sólo dos meses su padre le propinó una brutal paliza porque no le dejaba dormir. Por aquel entonces se convirtió en un agresor sexual cometiendo un número indeterminado de violaciones, hasta que fue detenido e identificado como el 'violador de la moto' pues tras abusar de sus víctimas huía a bordo de una motocicleta. En aquella ocasión, sus víctimas eran mujeres jóvenes.

Condenado a 17 años, sólo cumplió ocho de reclusión gracias a que desde el penal escribió a todas sus víctimas para solicitarles el perdón. Todas se lo concedieron, excepto una, que fue la única con la que consumó la violación. Durante su estancia en la cárcel de Ocaña, el albañil perdió una falange de la mano izquierda por soplón, siguiendo el viejo 'reglamento' penitenciario del hampa.

El excarcelamiento le supuso un gran trauma. Su familia, excepto su hermana Trina, renegó de él. Su mujer le pidió el divorcio y consiguió la custodia del hijo de ambos. Además no encontraba trabajo por ningún sitio. Todas las culpas las cargaba sobre su madre y su suegra.

De nuevo en libertad, Rodríguez Vega se dedicó a ganarse la confianza de ancianas solitarias. Primero las observaba y estudiaba sus costumbres, y una vez tenía todos los datos sobre su forma de vida, las abordaba. El recurso más empleado para entrar en los hogares era su profesión de albañil. Se ofrecía a hacerles reformas o reparaciones y, una vez dentro, las asaltaba sexualmente y las mataba tapándoles las vías respiratorias.

Lo explicó con absoluta franqueza en el juicio. Como a las señoras les había caído bien durante las obras, luego pasaba a visitarlas con cualquier pretexto. Todas le recibían con agrado y mantenían largas conversaciones con él, hasta que las hacía proposiciones sexuales y, al ser rechazado, furioso, las atacaba hasta asfixiarlas. Así, hasta en 16 ocasiones. Causa de la muerte: «enfisema pulmonar y paro cardiaco».

Nadie sospechó

Cometido el crimen, el albañil dejaba a sus víctimas encima de la cama para que pareciera que habían fallecido de forma natural. De hecho, trece de las 16 asesinadas fueron despachadas al otro mundo con el certificado de defunción de «causas naturales». Salvo en un caso, ni los familiares, ni los médicos de cabecera, ni los forenses, ni los jueces... nadie sospechó. Sólo El Diario Montañés investigó las muertes y advirtió de la presencia de un asesino en serie de ancianas, aún a costa de ser acusado de sensacionalista y de alarmar a la población. Sus presagios se cumplieron. La coincidencia de que en la casa de dos de las tres víctimas que oficialmente habían sido asesinadas se hubieran realizado recientemente trabajos de albañilería fue la pista que condujo a la detención del homicida múltiple.

El jueves, 19 de mayo de 1988, amaneció cubierto. En la calle Cobo de la Torre todo parecía tranquilo y el espectacular despliegue policial pasaba desapercibido para los escasos viandantes que circulaban por la zona. A las ocho de la mañana varios agentes de paisano se aproximan al albañil. ¿José Antonio Rodríguez Vega?, preguntaron. «Sí, soy yo». El 'mataviejas' fue detenido. Primero confesó haber asesinado a nueve mujeres, pero en días posteriores el número se elevó dramáticamente hasta llegar a las dieciséis. En su casa la Policía descubrió un cuarto decorado en rojo en el que tenía expuesta su colección de fetiches pertenecientes a sus víctimas: joyas, alianzas, flores de plástico, muñecas. No lo guardaba por el valor de lo robado, sino para su recuerdo morboso.

Un criminal de película

Los crímenes del 'asesino de ancianas' han sido fuente de inspiración de documentales y películas. El director de cine Pedro Costa recreó su historia delictiva en 'Mis estimadas víctimas', film en el que retrata la andadura criminal de Rodríguez Vega (personaje que interpretó el actor Fernando Guillén Cuervo) desde que salió de la cárcel por una condena de agresión sexual hasta cometer el asesinato de 16 ancianas. Además, Televisión Española dedicó un capítulo de la serie 'Lo que me contaron los muertos' al caso. Un grupo de la cadena pública se trasladó a Santander en febrero de 2004 para rodar el episodio. Parte de las escenas se filmaron en la antigua sede de El Diario Montañés, en La Albericia, periódico que investigó los crímenes.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos