Despedida del FIS más sinfónico

La Budapest Festival Orchestra, bajo la batuta de su director Ivan Fischer, en la velada de clausura. /Alberto Aja
La Budapest Festival Orchestra, bajo la batuta de su director Ivan Fischer, en la velada de clausura. / Alberto Aja

La Budapest Festival Orchestra, bajo la batuta de su director Iván Fischer, dijo adiós anoche a un intensa programación

Guillermo Balbona
GUILLERMO BALBONASantander

El FIS más sinfónico concluyó este sábadop por la noche en una velada que llenó la sala Argenta del Palacio de Festivales. Nueva fiesta de la clásica que ha convertido agosto, desde las finales del Concurso Internacional de Piano Paloma O'Shea hasta la presencia sucesiva de grandes orquestas , en una celebración musical, eje dominante de la identidad de esta programación siempre pendiente de afrontar el reto de los necesarios equilibrios. Antes de mirar al futuro, el Festival Internacional de Santander vivió anoche su última jornada con una formación de referencia, la Budapest Festival Orchestra, considerada una de las diez mejores del mundo, y la batuta de su director Iván Fischer, en el regreso al Festival que dirigen Jaime Martín -desde este año batuta titular de la Orquesta de Cámara de los Ángeles-, y Valentina Granados.

El colectivo magiar regresaba al festival, después de dos años, para interpretar la Sinfonía n.4 de Gustav Mahler, junto a la soprano Christina Landshammer, y otras composiciones de George Enescu y Béla Bartók. Una edición del FIS con un programa configurado por 48 propuestas con grandes citas sinfónicas, montajes de danza, recitales, música antigua y barroca, propuestas familiares, coloquios y proyecciones.

El concierto del Budapest Festival Orchestra cerraba un ciclo sinfónico -sin duda el pilar de la marca FIS- que se ha caracterizado por ofrecer al público un interesante recorrido por el universo mahleriano y el gran sinfonismo centroeuropeo de la mano de algunas de las más sólidas formaciones en este ámbito.

La 67 edición, no obstante, ha venido marcada por las buenas noticas que la precedieron: deuda resuelta y cuentas saneadas. Liberada la gestión de otras cargas, comienza una cuenta atrás quizás hacia otros derroteros, o encaminada a la consolidación de un camino más definido con los objetivos más claros, ya sin pesadas herencias.

A la izquierda, el presidente regional, Miguel Ángel Revilla, y la alcaldesa, Gema Igual, que presidieron la gala final. A la derecha, el director Iván Fischer / Alberto Aja

Como era de esperar la cita estrella, celebrada en el paso del ecuador, tuvo un nombre propio: sir Simon Rattle, al frente de la London Symphony, con dos programas que provocaron el entusiasmo de la crítica y del público. La diversidad de contenidos y estilos se encarnó en la Orquesta Barroca de Sevilla, el Bejart Ballet de Lausanne, María Pagés y, en general en buena parte de las citas convocadas en los Marcos Históricos. En esta edición también se ha vuelto a estrechar el vínculo entre el FIS -uno de los festivales más veteranos de la escena española junto al de Granada-, con la Quincena donostiarra con la que ha compartido algunos intérpretes y programas: caso de las orquestas NDR de Hamburgo, la Filarmónica de Rotterdam y la de Budapest, los conjuntos barrocos Ímpetus y L'Apothéose, un trío, La Guirlande, el dúo de las hermanas Labèque, el contratenor Carlos Mena, la violinista Lina Tur Bonet y el organista Juan de la Rubia. Ahora, ya sólo cabe esperar el balance de cifras y opiniones, y la reflexión (más importante) sobre las decisiones de futuro, la necesidad de seguir creciendo y la exploración de nuevas vías en busca de públicos diferentes.