Dmytro Choni logra la gloria del piano

María Gil Lastra

El ucraniano, de 25 años, recibe un premio de 30.000 euros, una gira y la grabación de un CD

Marta San Miguel
MARTA SAN MIGUELSantander

Cuando apareció el piano Yamaha en el escenario de la Sala Argenta, algo se rompió: después de entregar el tercer premio, tocaba conocer el segundo, pero la marca del piano lo dijo antes que el acta. Lo llaman 'spoiler', pero en realidad fue una sutil manera de decirle a Dmytro Choni que era el ganador del Concurso Internacional de Piano de Santander, al poner ante el público un piano de cola que sólo usa uno de los finalistas cuando quedaban dos puestos por dirimir. Para ese momento de la gala, que se celebró ayer en el Palacio de Festivales, ya se conocía el nombre de los tres finalistas; Federico Nicoletta (Italia), Lucas Thomazinho (Brasil) y el español Juan Carlos Fernández Nieto, que además se llevó el Premio del Público arropado por una ovación del que juega en casa.

La ceremonia avanzaba bajo una protocolaria cuenta atrás y tras ese primer descarte, empezó el medallero. Primero desveló el nombre del tercer clasificado, el ruso Aleksandr Kliuchko, que tras recoger el premio con sus 17 años y regalar una interpretación del Estudio trascendental número 5 'Feux follets' de Liszt al público, se levantó de su Steinway & Sons y se sentó en una silla sobre el escenario, entre el jurado y las autoridades, a esperar quién de los dos finalistas que quedaban se llevaba el oro y quién la plata. Fue entonces cuando aparecieron en el escenario las ruedas del Yamaha. Y como si los abanicos se hubieran puesto de acuerdo para quedarse quietos, un calor repentino se empezó a contagiar por el patio de butacas: sólo el pianista chino Yutong Sun había usado este tipo de piano; el resto de finalistas, el Steinway.

Los seis jóvenes leyeron los primeros la elocuencia de este cambio de instrumento. Sentados en la fila 6 de la sala, iluminados por un foco que los subrayaba desde el techo como un renglón, empezaron a reírse y a felicitar al ya ganador aún no anunciado, una cabeza rubia escondida bajo las manos, las mangas negras de los trajes de los pianistas entrelazadas entre choques de manos, mientras la presentadora proseguía su intervención como si nada: todos sabían lo que venía después, que el segundo premio iba a ser para el intérprete chino, un claro favorito tras interpretar la noche del viernes un complejo Prokofiev, como si estuviera jugando a construir algo pequeño sobre las teclas de su piano, y que la victoria final era para Choni, que se la jugó con el mismo concierto –el 3 de Prokofiev– la noche del sábado, para marcarse una versión que le valió la Medalla de Oro del XIX Concurso Internacional de Piano de Santander Paloma O'Shea.

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Cuando al fin sonó por los altavoces el nombre del pianista chino, el Yamaha se convirtió en un instrumento más. Sun recogió el premio, se sentó ante su instrumento y tomó de la mano otra vez a Prokofiev para sellar su participación en el concurso con el tercer movimiento de la Sonata número Op. 83 tan extenuante como festivo porque, en el fondo, esas notas casi parecían celebrar lo que estaba a punto de llegar: la gloria para el joven intérprete ucraniano. Y con el jurado a un lado, presidido por Joaquín Achúcarro, y con las autoridades al otro, con el presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla; la alcaldesa de Santander, Gema Igual, y la presidenta del Concurso y de la Fundación Albéniz, Paloma O'Shea, sonó al final el nombre del vencedor, mientras el Yamaha abandonaba el escenario y en su lugar retornaba el Steinway & Sons al escenario de la Argenta, el piano del ganador de la XIX edición y que tras un aplauso hegemónico y providencial, tradujo en su sentido más romántico. ¿Qué otro final se puede pedir que la transcripción de Liszt sobre la obra de Schubert 'Canción del cisne', 'Mi morada?

Traducir lo que supone

Todo era traducir significados ayer domingo; por un lado la elocuencia de la victoria, por otro, el porvenir que tienen los seis finalistas, con premios que superan el montante económico para configurar el trayecto de su potencial carrera. Lo dijo el propio Achúcarro, como presidente del jurado: «No se inicia sólo un camino, sino que este premio abre muchas puertas». Y qué mejor que ver en primera persona el significado de las metáforas con el audiovisual que envió desde Venecia el último ganador del concurso en su edición de 2015, el español Juan Pérez Floristán: «He perdido la cuenta de cuántos países he visitado para tocar», declaró el intérprete sevillano en un vídeo que se proyectó sobre el fondo del escenario. Porque eso es lo que se les avecina a los ganadores; premios, sí, pero también llevar adherido a su trayectoria el nombre de un concurso que avala la carrera de más de un centenar de pianistas consagrados.

El chino Yutong Sun, uno de los favoritos en las apuestas, quedó en segundo lugar, y el ruso Aleksandr Kliuchko, el más joven del Concurso, fue tercero

Dmytro Choni obtiene 30.000 euros, una gira de conciertos en España y en el extranjero y la grabación de un CD para el sello Naxos. Yutong Sun, Segundo Premio, patrocinado por Bergé y Compañía, y Medalla de Plata, obtiene 20.000 euros y una gira de conciertos en España y en el extranjero. Por último, el ruso Aleksandr Kliuchko, Tercer Premio y Medalla de Bronce, obtiene 10.000 euros y una gira de conciertos en España y en el extranjero. «No soy consciente de las puertas que se me abrirán a partir de ahora», dijo minutos después de terminar la gala en un encuentro con los medios. Nadie lo sabe, lo que queda para siempre retratado es la interpretación que tanto él como los finalistas dejan tras de sí en un concurso, que enfila su vigésima edición en el 50 aniversario de su nacimiento en el año 1972, un recordatorio que hace augurar una edición muy especial la que sobreviene en 2022.

María Gil Lastra

Lo indicó la presidenta de la Fundación Albéniz, Paloma O'Shea, que agradeció en su discurso el apoyo de las instituciones privadas a este tipo de eventos, una actitud, la del reconocimiento, que es una constante en ella como forma de subrayar el necesario papel de los mecenas. Lo hizo primero al referirse a las instuciones cántabras, con la presencia en la mesa del presidente de Cantabria y de la alcaldesa.

«El apoyo de ambas instituciones y del Ministerio de Cultura es clave en un Concurso que convierte a Santander por unos días en la capital mundial del piano», dijo O'Shea, y acto seguido se refirió a la «España privada»: «Agradezco de todo corazón a las empresas y particulares que han decidido sumarse a la tarea, aportando no sólo recursos, sino también implicándose y dándonos impulso». Por último, tuvo un guiño para el Jurado, santo y seña de un certamen en cuyas manos está algo más que el veredicto. «Lo que distingue en última instancia a un Concurso es el jurado. Los concursantes se inscriben porque confían en su competencia, dedicación y honestidad», dijo Paloma O'Shea. Su veredicto es ya una sentencia.

 

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