La insurrección vital de Carlos Edmundo de Ory

Congreso de Segovia. Junio de 1952. Con Camilo José Cela (d)./Fundación Lara
Congreso de Segovia. Junio de 1952. Con Camilo José Cela (d). / Fundación Lara

'Prender con keroseno el pasado' repasa «las muchas vidas» del fundador del postismo y padre de los 'aerolitos'

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMadrid

Raro, loco, indómito, heterodoxo, maldito, rebelde, insumiso, payaso, excéntrico... Todas estas etiquetas se asociaron al inclasificable y extremo poeta Carlos Edmundo de Ory (Cádiz, 1923-Thezy-Glimont, 2010). Pero su biógrafo cree que «libérrimo» es el adjetivo que mejor lo define y que su verdadera condición literaria fue la de «autoexcluido». Así lo asegura José Manuel García Gil (Cádiz, 1965), también poeta, que publica una extensa biografía de su paisano, 'Prender con keroseno el pasado', con la que ganó en abril el premio Antonio Domínguez Ortiz y con la que demuestra que «vida y obra son en De Ory ramas del mismo árbol».

Las fundaciones José Manuel Lara y Cajasol publican este trabajo de investigación que recupera a una de las figuras «peor conocidas, menos leídas, nada reconocida, pero más relevante de la literatura española contemporánea». Un iconoclasta insurrecto que se situó por voluntad propia en los márgenes de la cultura y cuya vida «es una galaxia de biografías, una historia de muchas vidas», según García Gil.

«El personaje que construyó eclipsó su vasta obra, variada y original», sostiene su biógrafo. Una obra ligada indefectiblemente a su vida y que para su paisano José Manuel Caballero Bonald, poeta como él y premio Cervantes, «es un notable ejemplo de vitalidad creadora, de estrategia independiente frente a cualquier precepto de curso legal» y que, «defiende lo que el ejercicio de la literatura tiene de aventura».

Amor y dolor fueron las fuerzas que ordenaron la vida y la poesía «disidente» del irónico, jocoso y sarcástico De Ory, que jamás se dejó atrapar por las convenciones y que sucumbiría a la leucemia con 87 años. «No se debe llamar poeta al auténtico poeta, que es un hombre que habla de un modo especial», sostenía un creador que prometió «hacer sonetos desde la tumba». «Vivir toda la vida con el nombre de poeta es ridículo», sostenía el original creador, padre del postismo -«el ismo que viene tras todos los ismos» y que aspiraba a superar y sintetizar a todas las vanguardias- y de los 'aerolitos', aforismos con voluntad de estrella fugaz, como el que da título a su biografía.

Ory, en su casa en Castelló (Madrid).
Ory, en su casa en Castelló (Madrid). / Juan Eduardo Zúñiga

«Me van a perdonar, pero yo no entiendo el mundo», fue su declaración de intenciones al presentar en 2004 la antología 'Música de lobo', que el crítico, catedrático y poeta Jaume Pont elaboró sobre una obra poética que alternó con aforismos, cuentos y ensayos. Una obra alumbrada «fuera del tiempo y del encasillamiento que hoy tiene plena actualidad», asegura su biógrafo.

«De Ory fue un autoexcluido de la poesía, de la sociedad y de la familia: era un ser libérrimo y un culo de mal asiento», insiste García Gil, que destaca cómo vivió su singular aventura creativa siempre lejos de cualquier cenáculo. «No cabía en el realismo social ni en la vanguardia: ser inclasificable le perjudicó, le sacó del canon y le alejó de cualquier generación, pero poco a poco va ocupando el sitio que merece», se felicita su biógrafo. Destaca que muy rara vez dejó su casa francesa para aparecer en público y que no obtuvo ninguno de los grandes premios institucionales.

Los postistas en Madrid (1948), de izquierda a derecha: Crespo, Ory, Carriedo y Chicharro.
Los postistas en Madrid (1948), de izquierda a derecha: Crespo, Ory, Carriedo y Chicharro. / Albero y Segovia

Solipsista, apátrida y hereje

García Gil pudo leer los diarios secretos de Ory, que dio cuenta de su azarosa vida en el millar largo de páginas de sus diarios publicados, tres volúmenes con entradas entre 1944 y 2000 y que él llamaba nocturnario, «porque escribo siempre de noche». Ha buceado en la obra más que singular de un poeta que se reinventó en Francia, junto a su esposa Laure-Denisse Lachéroy, y que se definía como «solipsista, apátrida y rabiosamente hereje».

Hijo del poeta modernista Eduardo de Ory, Carlos Edmundo escribió sus primeros versos con catorce años. Publicó 'Versos de pronto' en 1945, el mismo año en que fundó con Eduardo Chicharro y el italiano Silvano Sernesi el postismo, movimiento estético literario que conmocionó el erial intelectual de la posguerra dando una vuelta de tuerca al surrealismo.

Autoexiliado en lo poético y lo político, desapareció del mapa hasta 1963, cuando regresó a la arena poética con 'Los sonetos'. Erró por Francia y Sudamérica para publicar el fruto de tantos silencios a partir de 1969. 'Música de lobo', 'Técnica y llanto', 'Los poemas de 1944', 'Poesía abierta', 'Metanoia', 'Lee sin temor', 'Energeia', 'La flauta prohibida', 'Miserable ternura', 'Soneto vivo' , 'Sin permiso de ser ángel' o 'Las patitas de la sombra' son los títulos que se sucedieron en su bibliografía. Publicó también prosas como 'El bosque'. 'El alfabeto griego', 'Basuras' y 'Del caballero, la muerte y el diablo'. Una obra que, como se inició, se clausuraba con una selección de 'aerolitos', los certeros aforismos poéticos que facturaba De Ory y algunos de los cuales dejó en 2007 como legado -no se abrirá hasta 2022 - en la Caja de las Letras del Instituto Cervantes: «La poesía es un vómito de piedras preciosas», «la risa es el sexo del alma» o «yo soy el limpiabotas del verso».

Tuvo por incompletas obras completas «porque nunca lo serán». «Haré sonetos desde la tumba, de modo que esas obras deberían incorporar mis poemas desde el más allá para ser completas», bromeaba un «ciudadano del mundo» que vivió y creó entre el amor y el dolor. «Son las palabras que lo resumen todo», decía en una queja por «el gran dolor que respiramos y ante el que aúllo como un lobo».

Su última cita editorial fue en 2007, cuando publicó 'El enterrador de vivos', un trabajo multimedia que incluía un documental, docenas de dibujos y un disco con sus poemas interpretados por Luis Eduardo Aute y Fernando Polivieja.

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