Alexander S. C. Rower | Nieto de Alexander Calder

«Roxbury era el lugar sagrado de Calder»

Alexander, Sandy, viajó a Santander a la inauguración de la exposición 'Calder Stories'./Roberto Ruiz
Alexander, Sandy, viajó a Santander a la inauguración de la exposición 'Calder Stories'. / Roberto Ruiz

«Trabajaba siete días a la semana en su estudio, que se mantiene tal cual lo dejó cuando se murió», recuerda su nietoAlexander S. C. Rower Nieto de Alexander Calder

Lola Gallardo
LOLA GALLARDOSantander

Alexander S. C. Rower es nieto del artista Alexander Calder. Está al frente de la Calder Foundation de Nueva York, un proyecto que comenzó cuando tenía 24 años. Hoy tiene 56 y sigue adelante recopilando fondos y mostrándolos al mundo. Acudió a Santander para inaugurar la muestra 'Calder Stories'. En la entrevista está acompañado por Hans Ulrich Obrist, comisario de la exposición que estará en el Centro Botín hasta el 3 de noviembre. La muestra recoge más de ochenta piezas procedentes en gran parte de la Calder Foundation, pero también algunas cedidas por importantes colecciones privadas y públicas. Es una forma de conocer historias apasionantes y poco conocidas de la obra del famoso artista norteamericano a través de una amplia variedad de proyectos que abarcan desde los grandes encargos públicos a sus innovadoras propuestas escénicas.

-¿Cómo era su abuelo? ¿Qué recuerda de su niñez y qué rasgos definían su carácter?

EN DATOS

Centro Botín
'Calder Stories', formada por unas ochenta piezas procedentes en gran parte de la Calder Foundation, pero también cedidas por importantes coleccionistas particulares y públicas, se podrá visitar hasta el próximo 3 de noviembre.
Comisario
Hans Ulrich Obrist, director artístico de las Serpentine Galleries de Londres. Está organizada en colaboración con la Calder Foundation de Nueva York. El diseño expositivo es de Renzo Piano, arquitecto del edificio del Centro Botín.

-Creo que siempre ha habido un malentendido sobre cómo era mi abuelo. Parecía una persona divertida y entretenida. Así aparece en los vídeos porque cuando le grababan era una persona muy dulce, pero cuando acaban de grabar se mostraba como él era de verdad: una persona muy trabajadora. No escuchaba música, no oía la radio... Su estudio era su lugar sagrado. Y si venía un comisario o algún amigo o familiar, estaba con él cinco minutos y enseguida volvía a trabajar. Lo normal era que estuviese en su estudio desde primera hora de la mañana hasta mediodía, y que volviese a él nada más acabar de comer. Así, siete días a la semana.

«Cuando trabajaba lo hacía muy concentrado. En su estudio no escuchaba música ni oía la radio»

-¿Usted estuvo en su estudio?

-Cuando trabajaba, lo hacía muy concentrado. Estaba muy serio y no quería que le molestasen. A mí me permitía entrar en el estudio siempre que estuviese callado y no lo distrajese. A pesar de ello, allí también me enseñó muchas cosas sobre su trabajo, sus herramientas, etcétera. Era su lugar sagrado.

-¿Cómo es Roxbury, ese lugar sagrado de Calder?

-La casa y el estudio de Roxbury (Connecticut) se construyeron en 1933 y se mantiene tal cual él lo dejó. Están como si no hubiera pasado el tiempo. Sus objetos guardados en cajones, su cocina, con botes etiquetados con su propia letra, que era maravilloso. Sus lapiceros, sus bocetos... También hay muchos objetos decorados por él que se mantienen en su casa.

El comisario de la muestra insiste que su casa de Roxbury, un pueblo de Connecticut, era su lugar sagrado. Y añade que se pueden encontrar los materiales que él utilizaba para hacer estructuras. Esta exposición es una prolongación de su obra con un sabor especial en Santander porque está dentro de la arquitectura «mágica» de Renzo Piano.

«Sus amigos eran aquellos que habían cenado al menos diez veces con él»

-¿Calder y Renzo Piano se conocieron?

-Sí, en los años setenta o los ochenta tuvieron un encuentro. La vinculación de mi abuelo con Renzo Piano se remonta a los inicios de la carrera del genovés. Era un joven arquitecto que junto a Richard Rogers logró que su propuesta para el Centro George Pompidou de París resultara ganadora. En el jurado había amigos de Calder como Niemeyer o Philip Johnson. Piano era muy joven, casi un estudiante y reconoció que Calder le había inspirado al hacer un edificio flotante. Es un sueño que ahora Calder ocupe una sala del edificio de Renzo Piano en Santander.

Ulrich señala que se trata de una arquitectura flotante en un edificio flotante y recuerda que en 1983 se organizó la mayor muestra de Calder con más de 500 obras, y también Renzo Piano hizo el diseño de la exposición.

-¿Conocía el edificio de Renzo Piano antes de venir a Santander?

-Lo había visto en internet, pero como sucede con la obra de Calder, solo cuando la ves al natural eres consciente de su grandeza. Sabía que era bonito, pero hasta que no he llegado a Santander no he comprobado la ligereza del edificio, la luz y cómo flota sobre el mar. Es un éxito, me ha impresionado mucho.

Ulrich fija su mirada en la dimensión del agua sobre el edificio de Renzo Piano. «Es una arquitectura muy ligada al mar Santander», dice.

«Empecé a crear el archivo con 24 años para mostrar su trabajo al mundo. Han pasado ya 32 años»

-¿Cuál es el objetivo de esta exposición?

-Cada exposición sobre Calder pretende crear una sensación, que experimentes a nivel personal. Se trata de crear una espiritualidad. Y en este sentido, cada persona lo experimenta o lo vive de una forma diferente. Calder te eleva, ver su obra es una experiencia espiritual. Al principio advertí de que no se transmitía al espectador esa elevación presente en la obra de mi abuelo en esta muestra, hablé con el arquitecto del edificio, Renzo Piano, que ha diseñado también la exposición, y le sugerí unos cambios para crear esa armonía. Así ha sido.

-¿Cómo definiría hoy la obra de su abuelo?

-Era increíble la capacidad de trabajo que tenía Calder. El proceso creativo de mi abuelo era intuitivo, no había cálculos, pese a que había estudiado ingeniería. Pero era muy creativo, quizás porque creció en un ambiente artístico. Sus padres eran escultor y pintora.

Ulrich añade que es muy bonita la historia de Agnès Varda. Su último proyecto, un mes antes de morir, es el que ha realizado para esta muestra de Calder en Santander. «Es nuestro gran homenaje a esta fotógrafa. Ella tuvo total libertad para hacer este cortometraje. Siempre defendió la magia de Calder y recordaba que cuando bailaba con las piezas, ese hombre fuerte y grande, era como si flotara». El cortometraje «es como una carta de amor, de amistad, escrita desde el corazón. Es muy breve y se refiere al día que pasaron en la playa mientras ella grababa al artista. El coche se estropeó y él le hizo una joya. Fue un momento muy íntimo entre los dos». Ulrich recuerda su última reunión con Varda como una celebración de la vida y relata que su último proyecto fueron fotos de parejas, de amantes, porque «para ella lo más importante de la vida era el amor».

-Ella hizo muchas fotografías de Calder...

-Sí, le habían encargado hacer unas fotografías de Calder mientras trabajaba en su estudio. Son unas fotos increíbles que están incluidas en el catálogo en las que se ve, por ejemplo, a Calder llevando esculturas por la calle. La exposición cuenta con un catálogo ilustrado y acompañado de textos de Ultrich, Rower y de la comisaria independiente Sandra Antelo-Suárez entre otros. Además incluye las entrevistas realizadas a la directora de cine Angès Varda y al artista Jack Youngerman.

-El cortometraje de Agnès Varda sólo se puede ver en Santander. ¿Qué pasará luego cuando se termine la exposición?

-La muestra que está en Santander incluye entrevistas realizadas a la directora de cine Agnès Varda y al artista Jack Youngerman, ambos amigos de Calder. Para ser amigo de mi abuelo no bastaba con haber intercambiado palabras con él o haber coincidido alguna vez, sino que había que haber cenado al menos diez veces con él. Estos cortometrajes no se pueden ver en ningún portal de internet, porque son obras de arte y debe exponerse en museos, en el contexto de una exposición de Calder. Las animaciones son encargos para esta exposición y resultan muy emocionantes. Yo conozco los dibujos de mi abuelo de toda la vida y creía adivinar sus intenciones cuando creaba, pero no se pueden entender hasta que la obra no se ve en acción. En ningún momento adivinas al cien por cien el objetivo de Calder, son siempre interpretaciones.

-¿La Calder Foundation de Nueva York fue un proyecto de su abuelo? ¿Quería dejar su herencia, su futuro en una fundación?

-No, en absoluto. Yo empecé con la Fundación cuando tenía 24 años y hoy tengo 56. Hace 32 años que estoy en este proyecto. El primer objetivo era crear un archivo y después desarrollar exposiciones. Primero recogimos el material disperso por todo el mundo. Había obras en la Fundación Miró, por ejemplo... Hicimos intercambio de obras entre las familias de Miró y los Calder. También hay material que llegó de Sidney o Brasil, con historias muy interesantes. Es un depósito definitivo donde conservar el material y convertirlo en un lugar de estudio porque Calder parece un artista sencillo y fácil y no lo es. Todo lo contrario, es muy difícil. Y hoy, como su trabajo parece ligero, alegre y divertido, es todavía más difícil llegar a entenderlo. Este archivo es el que nos ayuda a entenderlo.

-¿Alguna vez hizo alguna obra de arte?

-No. Mi hermano es el artista, ha venido conmigo a Santander. Él tiene los genes de artista. Y mi hijo es comisario de exposiciones, escritor y músico. Mi hijo se encargó de elegir la música para las animaciones de esta exposición del Centro Botín.