Torrelavega honra a sus héroes

La afición ha aborrotado la 'plaza roja' de Torrelavega. / Luis Palomeque

Cerca de 2.000 personas llenan la Plaza Roja de la capital del Besaya para aplaudir y vitorear a los jugadores y cuerpo técnico de la Gimnástica en la fiesta del ascenso

ADELA SANZ y LEILA BENSGHAIYARTorrelavega

Torrelavega vivió algo que esperaba desde que se inició la temporada en agosto. De hecho, desde hace un lustro, cuando un descenso administrativo dejó a su equipo sin la categoría que por derecho merecía. Han sido; son, años duros en Torrelavega y en Cantabria, había ganas de celebrar algo y se notaba. Hasta los escaparates de las tiendas estaban engalanados con globos de color azul y blanco y camisetas de la Gimnástica. Galeano dijo que «el fútbol y Dios se parecen en la devoción que le tienen muchos creyentes» y es verdad. La celebración del ascenso gimnástico se convirtió ayer casi en una catarsis colectiva macerada desde media tarde en la Plaza Roja, que se fue tiñendo de bullicio y blanquiazul hasta que hacia las siete comenzó la fiesta. Los primeros en llegar fueron los niños, acompañados de sus madres y de sus abuelos, muchos de ellos con la bufanda de la Gimnástica al cuello y el brillo del triunfo en la mirada. Pero la fiesta era de, por y para todos. Hasta el párroco se asomó a una de las torres de la Iglesia de la Virgen Grande para no perderse ni un detalle de lo que ocurría abajo.

A medida que avanzaban los minutos, la plaza comenzó llenarse mientras el grupo A duras penas tocaba sobre el escenario y se acercaba el gran momento. Cerca de 2.000 personas se congregaron en la Plaza Roja. Y eso sin contar a los que se asomaron tímidamente a los balcones de sus casas. Una muchedumbre de lo más heterogénea. Aficionados pertrechados con la equipación de rigor y ejecutivos trajeados se unieron para recibir a su equipo y rendirle homenaje. Uno más después del improvisado recibimiento del pasado domingo en la fuente del dónut. A más de uno le dieron las tantas, pero a pesar del cansancio nadie quiso perdérselo.

El protagonismo, de los jugadores, de las dos bandas que abrieron y cerraron el acto y de unos representantes municipales que no dejaron pasar la ocasión. «Después de cinco temporadas brilla el sol en Mies de Vega», decía el concejal de Deportes, Jesús Sánchez. El alcalde, José Manuel Cruz Viadero fue mucho más contundente. «El año que viene a ganar al Racing, que es lo queremos todos», gritó ente los aplausos del público, que esperaba ya impaciente la llegada de su equipo.

Y la Gimnástica no decepcionó. No lo hizo sobre el césped y tampoco quiso hacerlo sobre el escenario. Al filo de las 20.00 horas, sin hacerse esperar, la plantilla (toda uniformada con vaqueros y camisetas blancas en las que rezaba 'En volandas a Segunda B, campeones') y el cuerpo técnico llegaban a la Plaza Roja. El locutor, Ángel Rubio, los hizo desfilar uno por uno. Minutos de reconocimiento para todos. Desde el fisioterapeuta al entrenador de porteros, pasando por el segundo entrenador, Carlos Setién. Ese mismo que el domingo perdió el pelo en el vestuario a manos de Belmonte para cumplir una promesa.

Y con ellos el presidente, Tomás Bustamante, que ha tenido que lidiar con muchas crisis y ahora recoge el premio a un esfuerzo hercúleo. Agradeció «lo que hemos vivido ayer. Es un sentimiento que no podemos explicar». Eso sí, el mandatario gimnástico no quiso perder la oportunidad de lanzar un mensaje –una invitación– para la próxima temporada. «Espero que el año que viene vayamos muchos más a El Malecón. Os animo a todos a ir al campo para seguir consiguiendo objetivos», decía el presidente, que no quiso acaparar la atención.

Tras ellos llegó el turno del hombre más esperado de la tarde. Pablo Lago subió al escenario entre aplausos y vitores, pero el entrenador tomó el micrófono tímidamente para descargar toda la atención en sus jugadores y en la afición. Para los primeros solo tuvo palabras de agradecimiento por «haber logrado una temporada con números espectaculares». «Llevamos dos semanas increíbles. Desde que se consiguió el campeonato hasta el último partido de play off», decía el asturiano emocionado. Aunque la afición también tuvo su momento de protagonismo. «Nos hizo muy felices ver cómo un puñado de gimnásticos venían con el equipo para apoyarnos. Muchas gracias Torrelavega». Y es que esta es una batalla que quedará para la historia. Un relato que los aficionados blanquizules llevaban cinco años esperando para poder contar. No se trata solamente de fútbol, es vida en estado puro. Sufrimiento y pasión que al final se ve recompensada.

Y llegó el turno del Rubén Palazuelos. Un veterano de cuyas botas salió el primer gol del partido ante el Mallorca. Tomó el micro e hizo las veces de Pepe Reina como animador. «Lo hemos conseguido, que parecía que no, pero es que sí, que somos de Segunda B. Aúpa Gimnástica y aúpa Torrelavega», gritó en una arenga que el público acogió entre vítores y coros. Era lo que querían oír y se lo hicieron saber con risas y aplausos al cántico de 'Rubén, Rubén, Rubén Palazuelos'. Tuvo unas palabras para todos. En su discursos no faltó la mención a algunos compañeros que, aquejados por la lesiones, no pudieron jugar en momentos claves de la temporada.

Para entonces la euforia ya se había apoderado de todos. De los que estaban sobre el escenario y también de los que se congregaban sobre las baldosas de la Plaza Roja. No faltaron el 'Alé Torrelavega, alé alé' ni el 'Alé Gimnástica, alé alé' que ya no se dejaron de escuchar invariablemente durante el resto de la tarde. Los jugadores se fueron pasando el micrófono para dedicar unas palabras a todos los aficionados que el domingo les recibieron como héroes y que ayer estaban dispuestos a venerarlos de nuevo. «Para mí lo más grande es pertenecer a este club y saber que tenemos a toda una ciudad detrás», decía Hugo Vitienes. Un futbolista que ha crecido en la Gimnástica recordó sus visitas a El Malecón cuando era apenas un crío para ver en acción al club blanquiazul. «Y ahora voy a jugar en Segunda B. Para mí entrar en la historia del club es algo muy importante», señalaba emocionado con palabras entrecortadas.

Con la bandera de Torrelavega sobre los hombros a modo de capa emulando a Supermán, el central Nacho González entonó 'El día que me muera yo quiero mi cajón pintado azul y blanco como mi corazón'. Nada más pronunciar las primeras estrofas miles de voces se le unieron para terminar el himno al unísono. Y en estas, Palazuelos, micrófono en mano, quiso hacer partícipes del homenaje a una persona que, pesar de no formar parte del equipo ni del cuerpo técnico sí es parte importante de la Gimnástica. Es Chemaro, el del Bar Chema, el socio número uno del equipo. Subió al escenario a la llamada del centrocampista. «Llevo desde 1945 siendo socio de la Gimnástica. Más de 73 años con este equipo», decía mientras mostraba orgulloso un carné muy muy antiguo. «Es de cuando tenía yo unos quince años más o menos», explicaba con el orgullo y una pizca de melancolía.

Después de eso llegó la traca final. El ritual que no puede faltar en cualquier celebración deportiva que se precie. Unos acordes de sobra conocidos inundaron el aire. El inevitable 'We Are The Champions' de Queen sonó por megafonía. Una explosión de confeti azul y blanco inundó la plaza y se confundió en la multitud mientras jugadores y afición se desgañitaban por última vez. Selfis y abrazos. Los Lefties, segunda banda que amenizó el evento, tomaron el relevo. Tocaron el himno y la fiesta se diluyó para que cada cual, si así lo decidía, pudiera seguir por su cuenta, que el martes era día de labor.Eso poco importaba para una Gimnástica que está ya de vacaciones. Y para una Torrelavega que sigue desbordante de alegría.Ahora toca hacer recuento y preparar una ilusionante temporada.La de la Gimnástica de nuevo en la categoría de bronce y la del derbi cántabro. Apenas faltan ya unos meses.