Sacyr planea extraer piedra de la antigua mina de Reocín y utilizarla para obra civil

Sacyr espera que el Gobierno recalifique los recursos existentes bajo la mina de Reocín. /Javier Rosendo
Sacyr espera que el Gobierno recalifique los recursos existentes bajo la mina de Reocín. / Javier Rosendo

El Gobierno trabaja en el procedimiento administrativo con el que dar luz verde a la solicitud trasladada por la constructora

Jesús Lastra
JESÚS LASTRAReocín

La constructora Sacyr ha trasladado al Gobierno de Cantabria su intención de poner en valor los residuos inertes generados con la actividad llevada a cabo durante décadas en la antigua mina de Reocín con objeto de recopilar las rocas calizas y dolomías resultantes para poder emplearlas en el negocio de la obra civil.

La corporación, según el anteproyecto al que ha tenido acceso este periódico, trasladó en noviembre a la Consejería de Industria su petición, que afecta a los terrenos de la histórica explotación pilotada inicialmente por la Real Compañía Asturiana de Minas y posteriormente por Asturiana de Zinc (Azsa). El Ejecutivo ya trabaja en la tramitación del expediente correspondiente para poder dar este nuevo destino a los suelos, que actualmente tienen sus permisos caducados, por lo que la firma tendría que negociar con sus actuales propietarios.

Las claves

Recalificación
La compañía ha pedido al Ejecutivo que dé un nuevo uso a los residuos inertes en el yacimiento
Tramitación
La declaración de nuevo destino por parte de la Administración saldrá a información pública
Complementario
La roca se halla fuera del área de la mina que se prevé restaurar y el suelo está en manos privadas

Esta iniciativa industrial nada tiene que ver con el resurgir inversor vivido en los últimos tiempos para identificar y extraer el zinc en la comarca del Besaya, aunque sí que implicará un cambio del uso de la superficie afectada. En este sentido, Sacyr explica que en agosto presentó ante la Autoridad Minera de Cantabria su interés por el beneficio de estos depósitos, aunque el organismo regional le dejó claro que previamente deberá obtener la aquiescencia de la Administración para que declare este yacimiento conforme al nuevo objeto de negocio que persigue la corporación.

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Según la interesada, durante 147 años se han venido generando estos residuos, ahora subproductos, que se localizan «en el término municipal de Reocín, al sur del zanjón de la antigua mina, en la pedanía del mismo nombre; a seis kilómetros al oeste de Torrelavega y a 30 de Santander; y se extienden hacia el este ocupando terrenos del término municipal de Cartes».

El objetivo no es otro que «poner en valor las calizas y dolomías extraídas de la corta para facilitar el laboreo del mineral y poder ser usadas en la industria de la construcción y la obra civil». Sentada esta premisa, Sacyr entra materia y recuerda que estos materiales fueron arrancados mediante voladura y depositados al sur de la corta para no estorbar en los trabajos futuros. «De esta manera, presentan unos tamaños adecuados para su posterior uso», hasta los 30 centímetros, «aunque en el interior de los depósitos, debido a la clasificación de tamaños por vertido, podemos encontrarnos mayores dimensiones llegando incluso al de escollera».

La distribución estimada por la constructora gira en torno a una escombrera conformada por cuatro depósitos principales que ocupan unas 120 hectáreas, de las cuales 67 pertenecen al municipio de Reocín. Estos terrenos conformarían el depósito más extenso y voluminoso, y sobre él se asienta el Parque Empresarial Besaya. Hacia el este existe una primera terraza de unas 11 hectáreas, mientras que rumbo al noroeste y lindando con la anterior aguarda otra de 16,5 hectáreas, según el proyecto. Como complemento, otra terraza sobre unas 15 hectáreas. No solo eso, sino que el anteproyecto admite que, «al no disponerse de la topografía original y no haberse realizado sondeos que confirmen el espesor, resulta difícil cubicar el depósito con total exactitud, pero sería muy superior a los 30 millones de metros cúbicos». Como ejemplo, el yacimiento de mayor dimensión albergaría un volumen por encima de los 20 millones de metros cúbicos.

En su contexto

Ubicación
La explotación se asentaría sobre terrenos municipales de Reocín y Cartes, 67 hectáreas en el caso del primer ayuntamiento y 53 en territorio del segundo.
Trámites
La constructora pidió al Ejecutivo la recalificación de estos recursos el pasado mes de noviembre como paso previo a presentar su plan industrial para el proyecto.
Origen
Sacyr quiere explotar y extraer las rocas calizas y dolomías resultantes del proceso minero durante casi 147 años para la extracción de zinc en la antigua mina.
120
hectáreas ocupan los cuatro depósitos que tiene identificados la constructora, según la petición trasladada al Gobierno.
Usos
La piedra, que se fue acumulando en zonas donde no afectara a los trabajos siguientes en la mina, tiene nuevas aplicaciones como material para obra civil y construcción.

Según explican desde la Consejería, el proyecto de regeneración de la mina todavía está vigente. De hecho, se paralizó el relleno del lago después de que se produjeran inundaciones en la zona de La Turbera (Cartes), pero una vez solventada la incidencia se otorgó de nuevo permiso para continuar con el plan, algo que tuvo lugar hace cerca de un año. Sin embargo, los suelos en los que se ha fijado Sacyr se hallan fuera de esta restauración y en su momento fueron rellenados con residuos de inertes de la propia explotación. Es decir, que el método de trabajo pasaba por separar el zinc mientras estas rocas se acumulaban en las mencionadas áreas.

Según el Ejecutivo, la forma de poder autorizar la explotación es similar a la que se da con los manantiales, por lo que la Administración trabaja con la idea de que esta área sea declarada como zona de estériles, todo ello en base a un Real Decreto que permite retirarlos tras cambiar el uso de las parcelas.

La normativa define a este tipo de derechos como Sección B e incluye las aguas minerales y termales, así como las estructuras subterráneas. Sin embargo, para el caso del Besaya la clave está en que igualmente recoge los yacimientos de origen no natural, es decir, el aprovechamiento de los residuos obtenidos en operaciones de investigación, explotación o beneficio. Este aprovechamiento se logra vía autorización administrativa, la cual se condiciona a la disponibilidad de los terrenos sobre los que se piensa actuar por parte del promotor.

La cuestión fundamental es que Sacyr entiende que en la actualidad dispone de nuevas técnicas que le permitirían emplear estos residuos inertes con destino a la construcción y aprovechar otro nicho empresarial que se abre para la antigua mina lejos del mineral.

Así las cosas, el Gobierno tiene previsto sacar la declaración a información pública para su aprobación, momento en que Sacyr deberá presentar ya el proyecto detallado de explotación, dónde se dará cuenta de la forma en que se recopilará la roca. El titular de la concesión era Azsa, pero la misma caducó, por lo que tocará negociar con los propietarios originales. Fuentes conocedoras del caso abundan en que aún no se ha elaborado un plan definido en el que se expliquen las principales magnitudes de la actuación para hacerse con las calizas y las dolomías, algo que llegará después de que se apruebe la recalificación. 

De hecho, la constructora, cuestionada por este periódico, ha optado por no aportar información adicional acerca de su hoja de ruta empresarial en el Besaya hasta que el proceso administrativo esté más consolidado.

Interés renovado

Esta nueva aventura industrial en torno a la piedra para construcción viene a complementar y apuntalar el renacer minero que vive la comarca, con el zinc como protagonista estelar. Así las cosas, el Gobierno regional repartió en otoño entre la media docena de firmas interesadas el suelo bajo el que se esconde, según las previsiones, una de las vetas de este mineral más importantes del mundo.

La canadiense Emérita Resources, a través de su nueva filial, Cantabria del Zinc, ganó el concurso de la segunda zona –en la que más sondeos se han hecho para verificar la existencia de mineral– y consiguió los derechos sobre las 120 cuadrículas dispersadas entre Santillana del Mar, Cartes, Torrelavega y Reocín a las que aspiraba. Invertirá 17 millones en los sondeos para confirmar sus expectativas sobre el yacimiento, que prevé iniciar en semanas y, si es así, comprometer otros 600 a construir la mina, trabajos que podrían comenzar ya «a finales de 2018

Es todo el suelo que quería excepto una casilla de cinco hectáreas en la frontera entre Comillas y Alfoz, que le arrebató Áridos y Hormigones del Deva, del grupo cántabro Candesa, solo interesada en la explotación de piedra caliza. Este grupo es uno de los principales del país dedicados a la minería a cielo abierto no metálica y sus derivados. Cuenta en la actualidad con nueve canteras activas –Las Caldas, La Robla o Herrera de Camargo, entre otras– y ocho centros de producción de hormigón propios en Cantabria, Asturias y Castilla-León.

El fondo de inversiones australiano Slipstream Resources se dedica, por su parte, a rastrear el mercado mundial en busca de oportunidades en el sector minero donde lograr la máxima rentabilidad. En verano de 2016 la compañía pidió autorización para operar en Portugal, en una prospección de cuarzo, feldespato, litio y otros minerales en la ribera del río Miño. En caso de llevar adelante el proyecto de la mina de la Comarca del Besaya, se asociaría con una empresa española.

La firma tiene ahora tres años de margen para hacer prospecciones y sondeos mecánicos, analizar los resultados y presentar los proyectos –económicos, empresariales y ambientales– para el desarrollo de una explotación en la zona.

La norteamericana Louis Berger, matriz de la cántabra Apia XXI desde hace cuatro años, logró 320 cuadrículas repartidas entre Cabezón de la Sal, Alfoz de Lloredo, Reocín y Santillana del Mar, pero no ha conseguido los terrenos con los que pugnaba con Emérita Resources y con la australiana Slipstream Resources.

Berger es un referente mundial en proyectos de ingeniería. Suyos son el One World Trade Center –el rascacielos más alto de Nueva York construido sobre el suelo de las Torres Gemelas– o la piscina reflectante del monumento a Lincoln de Washington. Con más de 6.000 ingenieros en su plantilla y oficinas en 157 países, Louis Berger trabaja en la gestión ambiental de dos minas: Greens Creek (Alaska) e Inco (Canadá).

Las últimas dos compañías con derecho sobre el suelo son españolas: Atalaya Mining y Hormisa, una filial del Grupo Sadisa. La primera, que obtuvo un puñado de cuadrículas en Santillana, tiene su sede en Huelva y opera a través de su filial Atalaya Riotinto, creada en 2007 para reabrir la mina de ese mismo nombre, aunque se ha encontrado con multitud de problemas judiciales y administrativos.

La segunda, con derechos de explotación en Mazcuerras y Reocín, es propiedad de Santiago Díaz y gestiona canteras en Lerma (Burgos), Llanes (Asturias) y Barros, Caranceja y Escobedo.