'¡Oye Trump!'

El candidato Andrés Manuel López Obrador./RONALDO SCHEMIDT (AFP)
El candidato Andrés Manuel López Obrador. / RONALDO SCHEMIDT (AFP)

Por primera vez en muchas décadas México y EE UU tendrán al frente a dos presidentes testarudos que defienden el proteccionismo

MERCEDES GALLEGOEnviada especial a Ciudad de México

En los días que siguieron a la elección de Donald Trump, Andrés Manuel López Obrador asumió el papel de erigirse en la voz de sus connacionales en EE UU. «Porque sabíamos que Enrique Peña Nieto no sería capaz de asumir la defensa firme de los migrantes», escribió en la introducción de su libro '¡Oye, Trump!', que agrupa los discursos de esa gira.

La confrontación no podía ser más directa. El mismo día en que el nuevo presidente de EE UU tomaba posesión, AMLO respondía a sus insultos en la ciudad fronteriza de Acuña (Coahuila), al sur de Texas. Su papel no era sólo plantarle cara, sino reconfortar a sus paisanos y hacerles pasar «del pánico a la reflexión». En los dos meses que siguieron recorrió varios puntos de la franja fronteriza de 3.180 kilómetros a la que ha prometido devolver la prosperidad al convertirla en una zona libre de impuestos que se adentrará 20 kilómetros dentro de México. Aprovechaba también para hacer campaña entre los 11 millones de mexicanos de EE UU, tradicionalmente desentendidos del proceso electoral en su país, que en estas elecciones han triplicado el número de votos por correo.

Entre su discurso de Acuña y el siguiente en Los Ángeles, Trump le echó un cable. Por Twitter humilló al presidente Enrique Peña Nieto al decirle que si no estaba dispuesto a pagar por el muro. «Mejor que no venga», escribió obligándole así a cancelar su visita a la Casa Blanca. En Washington cundió el pánico. «Trump le está haciendo la campaña a Andrés Manuel López Obrador», opinaron con preocupación diplomáticos y legisladores. «Si las elecciones de México fueran mañana, probablemente tendrías a un presidente de izquierda antiamericano», dijo en el Congreso el senador John McCain durante una audiencia. El general John Kelly, entonces secretario de Seguridad Doméstica y hoy jefe de gabinete de la Casa Blanca, concurrió con él. «No sería bueno para EE UU. Ni para México», añadió.

Décadas de contubernio con el poderoso vecino del norte acabaron ayer. Por primera vez en mucho tiempo los dos colosos que comparten el río Bravo tienen al frente a un mandatario testarudo dispuesto a exaltar el nacionalismo de su país y a proteger su mercado interno. «Las posturas entreguistas y obsecuentes de Peña Nieto ante el poder estadounidense se han acabado», anunció el escritor Pedro Miguel, que ha asesorado al fundador del Movimiento Regeneración Nacional (Morena) en su tercer intento de ganar la presidencia.

El primer arancel en la mira de AMLO es para los 14 millones de toneladas de maíz que EE UU le vende, un producto de subsistencia que supone el 30% del consumo nacional y alimenta tanto al ganado como el orgullo nacional. La materia prima de los pueblos prehispánicos es también la piedra angular de las culturas indígenas, un símbolo de la cultura mexicana que nunca debió formar parte del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica. «El maíz viene de México ¡y ahora resulta que México es el país del mundo que más maíz compra al extranjero!», bramó en Tamaulipas. «¡Eso no puede seguir sucediendo!».

Uno por la izquierda y el otro por la derecha, ambos mandatarios acusados de populismo saben conectar con sus bases. AMLO, que no habla inglés, aspira también a «hablar y hablar con quienes fueron engañados por Trump para hacerles reflexionar». Y mientras Trump promete jugar duro, al margen de las instituciones multilaterales, el líder de la coalición 'Juntos Hacemos Historia' apuesta por una relación de cooperación con EE UU y reclama la intervención de la ONU y la Organización del Mundial del Comercio.

Se diría que es un choque de trenes a punto de ocurrir pero el imprevisible mandatario estadounidense ya sorprendió al mundo fraguando una amistad con Kim Jong-un, después de llamarlo «hombre cohete» y medir el tamaño de sus misiles. Muchos se ríen del tabasqueño cuando dice que su deber es «persuadir» a Trump de que el muro de la ignominia no servirá para frenar la migración, sino «sólo para hacerla más peligrosa», pero aunque falte la química son dos pragmáticos que necesitan contentar a sus bases.

La idea de AMLO de transformar la frontera en «la última cortina para retener a trabajadores» puede interesar al hombre que intentó deslumbrar a Kim Jong-un con torres de apartamentos en las playas de Corea del Norte. AMLO ofrece convertir la frontera en un paraíso con estímulos fiscales para la inversión extranjera, donde el precio de la gasolina y los salarios se equiparen progresivamente con los estadunidenses y se ponga en marcha un plan de desarrollo urbano que transforme esa franja infernal de polvo y violencia en un lugar de prosperidad que los migrantes no quieran abandonar. ¿Le gustará a Trump la idea? El nuevo presidente del país azteca no tomará posesión del cargo hasta diciembre. Ese es el plazo que tiene EE UU para arreglarse con el gobierno de Peña Nieto con el que ha llevado a cabo negociaciones secretas para transformar su relación comercial, pero Trump anunció ayer que no firmará ningún acuerdo comercial hasta que pasen las elecciones legislativas de noviembre. AMLO tendrá entonces su primera oportunidad de medirse con él.

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