Alfonso Lamadrid: «El derecho no puede ignorar la realidad»

Alfonso Lamadrid. /DM .
Alfonso Lamadrid. / DM .

El abogado reinosano Alfonso Lamadrid, que ejerce en el despacho Garrigues de Bruselas, ha sido seleccionado por el Colegio Mundial de Abogados como uno de los seis abogados de menos de 35 años más influyentes de todo el mundo

Blanca Carbonell
BLANCA CARBONELLReinosa

El reinosano Alfonso Lamadrid es abogado especializado en derecho de la Unión Europea y de la Competencia y socio del despacho Garrigues en Bruselas. Ha sido seleccionado por el Colegio Mundial de Abogados como uno de los seis abogados de menos de 35 años más influyentes de todo el mundo.

-Se incorporó al despacho Garrigues en Bruselas en 2007 y ha sido nombrado socio en 2018. ¿Cómo valora su trayectoria hasta ahora?

-Trabajar en Garrigues durante estos años ha sido un privilegio. Hemos conseguido cosas que hasta hace poco tiempo eran impensables para un despacho de abogados español, y lo hemos hecho aprendiendo y divirtiéndonos con nuestro trabajo. El mérito y la dificultad estriba en dar con el equipo adecuado, y eso creo que sí lo hemos conseguido.

-¿Qué es lo que más disfruta de su trabajo?

-Tengo la suerte trabajar en un área del derecho que es muy abierta y dinámica, muy internacional, y que tiene parte de derecho, estrategia empresarial, economía, política y relaciones internacionales. Trabajamos, además, con empresas y mercados muy distintos, por lo que tenemos oportunidad de conocer de cerca muchas realidades y modelos de negocio. En cada caso nos enfrentamos a problemas y retos variados. Hay además un gran componente académico, y dedico mucho tiempo a impartir clases y a publicaciones, incluido un blog www.chillingcompetition.com, en el que abordamos nuestra disciplina desde una perspectiva más relajada, y en ocasiones casi humorística. Personalmente, lo que más me ha aportado es la gente a la que he conocido gracias a la profesión. Los momentos profesionales que más disfruto son probablemente las vistas ante el Tribunal de Justicia de la UE.

-En su trabajo aborda el Derecho de la Competencia en mercados digitales. ¿Está actualizada la legislación europea en ese campo?

-Los mercados digitales atraen mucha atención por parte de reguladores, autoridades de competencia y por parte del público, y es lógico que exista cierta inquietud ante la velocidad de algunos cambios. En mi experiencia, la naturaleza de la problemática que se plantea en estos mercados no es nueva; lo que cambia es su escala. El Derecho no puede ignorar la realidad y, aunque pueden quizás existir categorías obsoletas, la legislación europea tiene los mecanismos para adaptarse. Ello no quiere decir que no pueda haber conflictos, como ocurre por ejemplo con la economía colaborativa. Pero sin fricción entre la realidad y el Derecho no habría progreso. En cualquier caso, contamos con las herramientas adecuadas y no es necesario reinventar nada.

-Representa a Google para afrontar la multa récord de más 4.300 millones de euros que le impuso la Comisión Europea por abuso de posición dominante en relación con el sistema operativo Android. ¿Cree que a partir de ahora se van a dar más casos de este tipo?

-Se trata de un asunto en curso que estamos actualmente discutiendo ante el Tribunal General de la UE y sobre el que no podemos aún dar detalles públicos. Obviamente consideramos que la Comisión se equivocó al cuestionar el modelo de negocio que ha permitido a Android ser el sistema operativo más abierto y competitivo que existe. Éste es un asunto extraordinario por muchas razones, pero es cierto que se enmarca dentro de una aparente tendencia a aplicar reglas de juego más estrictas a las denominadas plataformas digitales.

-Pasó de estudiar en Reinosa a hacerlo en alguna de las mejores universidades del mundo. ¿Qué les diría a los jóvenes que estudian en la comarca?

-Que no tengan miedo de salir fuera un tiempo, y que desde Reinosa se puede ir a cualquier sitio. Creo que es algo que, cuando las circunstancias lo permiten, es muy útil, también para gente que después quieran trabajar en su lugar de origen. En España hay muchas iniciativas que lo facilitan. Yo tuve la suerte de obtener una beca del Ministerio de Asuntos Exteriores para estudiar en el Colegio de Europa en Brujas, y otra de la fundación Ramón Areces para estudiar en Harvard. Tanto en el Colegio Antares como en el Instituto de Reinosa conocí gente con mucho más potencial que otra con la que después me he encontrado como alumno o profesor en algunas de estas universidades.