Oyambre reivindica su protagonismo en la gesta del vuelo del 'Pájaro Amarillo'

Un grupo de niños posa ante el Pájaro Amarillo en la playa de Oyambre. /Archivo Javier Rosendo
Un grupo de niños posa ante el Pájaro Amarillo en la playa de Oyambre. / Archivo Javier Rosendo

Se celebró ayer el 89 aniversario de la llegada a la playa de este histórico vuelo que constituye uno de los hitos más destacados de la aviación

VICENTE CORTABITARTE SAN VICENTE.

Al atardecer del viernes 14 de junio de 1929 la tranquilidad de la solitaria playa de Oyambre se veía alterada por el potente sonido del motor de un llamativo avión que terminó aterrizando en el arenal cántabro. Nadie se podía imaginar que aquel acontecimiento se terminaría convirtiendo en uno de los grandes hitos de la entonces incipiente aviación y en una de las aventuras más bonitas y también rocambolesca de esos años.

Ayer se cumplía el 89 aniversario del aterrizaje forzoso en la playa de Oyambre del conocido como 'Pájaro Amarillo', un avión Bernard 191 GR, bautizado con el nombre de 'Oiseau Canari' ('Pájaro Amarillo'), a causa de su llamativo color. Eran las 20,40 horas cuando tomó tierra, tras 32 horas y 29 minutos de vuelo ininterrumpido, tras haber despegado de la playa de Old Orchard, localidad cercana a Nueva York.

Acto de inauguración

Mañana sábado, a las 11.00 horas, se celebrará el acto de inauguración de la nueva ubicación del monumento al Pájaro Amarillo. El presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, y el cónsul de Francia en Bilbao, Sameh Safty, descubrirán una placa explicativa del monumento y del del aterrizaje del Pájaro Amarillo.

Su destino era Paris. Ese era el gran sueño de Armand Lotti, un adinerado parisino que quería ser el protagonista y promotor del primer vuelo trasatlántico europeo, dos años después de que lo lograra el americano Lindbergh en solitario. En su caso contaría con los pilotos Jean Assollant y René Lefêvre.

Tras un estresante despegue, los tres pilotos franceses apenas pueden disfrutar de media hora de relativa tranquilidad, momento en el que del fondo del fusilaje del avión apareció un joven, el norteamericano Arthur Schreiber que burlándose de la vigilancia, logró adentrarse en la aeronave para ser también participe de la gesta. En los primeros momentos hasta llegaron a plantearse arrojarlo al mar. Pero no fue este el único problema en la travesía de los 6.000 kilómetros del Atlántico, en la que también tuvieron que soportar una fuerte tormenta. Tras muchas vicisitudes, a las 17,15 horas lograron divisar la costa por el cabo Finisterre, conscientes ya de que el carburante no les llegaría para alcanzar París. Pero el paso del tiempo les hace ver la realidad que no era otra que la urgencia de buscar un lugar para aterrizar.

Después de descartar la playa de Merón alcanzan la de Oyambre que se presenta con unas condiciones propicias para el aterrizaje, a pesar de que la marea está alta. El gran objetivo se había logrado, atravesar el Atlántico Norte sin escalas, aunque el punto de llegada para ese primer vuelo europeo ha quedado marcado en un punto de la playa de Oyambre y no en París. Nadie acude hacia ellos por lo que caminan hasta encontrarse con dos lugareños que les facilitan una bicicleta para que Lotti vaya hasta Comillas. A partir de ese momento la noticia se propaga, convirtiendo la playa de Oyambre en foco de la atención internacional. A las 6,45 de la madrugada del 16 de junio el Pájaro Amarillo despegó de la playa de Oyambre rumbo a la base militar de Cazeaux, pero a poca distancia tienen que volver a hacer un aterrizaje de emergencia. En esa misma jornada reemprenden la última etapa de la aventura que por fin les llevará a París.

Su paso por Oyambre quedó marcado con un monumento que fue inaugurado el 8 de septiembre, acto multitudinario que estuvo presidido por el nuncio de su S.S. el cardenal Tedeschini.

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