«Entré al garaje a sacar la moto y el agua me arrastraba. Casi me quedo ahí»

«Entré al garaje a sacar la moto y el agua me arrastraba. Casi me quedo ahí»
Luis Palomeque

Piélagos ha sido otro de los municipios más afectados, con garajes anegados en Vioño y Renedo. El Pas no llegó a desbordarse, pero arrancó árboles y se llevó parte de un arcén

Daniel Martínez
DANIEL MARTÍNEZSantander

Los vecinos de Piélagos están relativamente acostumbrados a ver como los locales, portales y sótanos de las zonas bajas queden inundados por los desbordamientos del Pas. Anoche, el río no llegó a salirse de su cauce, aunque arrancó algunos árboles de la ribera y se llevó parte del arcén de la carretera CA-233, pero la fuerte tromba de agua sí que causó importante daños materiales en zonas residenciales de Vioño y Renedo. Sólo fue un puñado de familias que no olvidarán este 11 de julio por las consecuencias de las tormentas.

Los más afectados fueron los vecinos de la urbanización Carrimón, en el barrio Sorribero Alto, que vieron como los garajes quedaron totalmente cubiertos por un líquido marrón y espeso en el que nadaban muebles, recuerdos y vehículos. «Entré al garaje a sacar la moto y el agua me arrastraba. Cuando llegó hasta el techo, las puertas reventaron. Casi me quedo ahí», señala Manuel Humara, que espera con ansias la visita de la compañía de seguros, pero ya se pone en lo peor. «La Harley era una gozada y ahí está, hundida…Si sé esto claro que la saco. Y las herramientas, que tenía mucho dinero invertido. Estaba ahí toda una vida», lamentaba.

Después de 12 horas, este mediodía los bomberos del 112 no habían logrado achicar todo el agua -entonces todavía había cerca de metro y medio, la mitad que en el momento más crítico- caída. Su mujer remarca que el coche también se le ha tenido que llevar la grúa. Este estaba aparcado en la calle, pero el agua casi lo cubría. Y a cinco centímetros estuvo de penetrar en el salón: «Parece que ha llegado hasta el motor. Ya te digo, es que ha sido muy gorda»

Los vecinos de las doce viviendas que dan a la parte contraria de las vías del tren están en la misma situación. «Fue muy rápido, en cuatro minutos se ha llenado. No hacíamos pie. Tuvimos que bucear para intentar sacar algunas cosas», remarca Rubén Ceballos. En su garaje tenían hasta seis motos que sufrieron no una, sino dos trombas. La primera entre las 21.00 y las 22.30 horas y posteriormente a partir de las cuatro de la madrugada. «Llevaron los bomberos a las once, achicaron bastante y después volvió a llenarse incluso más», subraya.

Luis Palomeque

Ceballos recuerda que en otras ocasiones había entrado agua en sus viviendas, pero nada como lo de este miércoles por la noche. Dos viviendas unifamiliares que están al lado de su urbanización no sufrieron ningún daño material, pero los vecinos de Carrimón se encuentran en un punto crítico en el que se juntan dos calles en caída y una ladera procedente del monte. «Es que las tuberías son pequeñas, no dan abasto», decía el joven mientras un niño prefería tomárselo con humor y le preguntaba a su amigo que si quería «un poco de Cola-Cao» señalando a los garajes.

El responsable de Protección Civil de Piélagos señala que lo que ocurrió en esa urbanización fue la excepción, y que la mayoría de las consecuencias fueron leves. «Fue mucho agua en muy poco tiempo. Las alcantarillas no podían tragar tanta lluvia», explica. También se formaron charcas en la carretera de Zurita y en la zona de La Pasiega.

A los que no les sorprendió encontrarse esta mañana con 40 centímetros de agua en sus garajes fue a los vecinos del barrio La Ventilla de Vioño, que están acostumbrados a usar las fregonas desde que arregló la carretera que pasa por delante de su edificio. «En vez de llevar las tuberías de desagüe a la red general lo han metido para nuestra finca. Cada vez que cae fuerte, y casi cuando cae flojo, nos inundamos», recuerda Mari Nieves Sainz, que entiende que cuando se desborda el río no es culpa de nadie, «pero esto sí, porque antes no pasaba. Es porque se ha hecho mal».

En su local, partes de los muebles que guardaba a su hijo han quedado totalmente destrozados. Las garrafas de cinco litros flotaban en el agua. Su vecino Segundo, viendo la que venía, tuvo tiempo para poner unas tablas en la puerta y evitó parte del daño. Y otro vecino, Vicente, de sacar el coche. Este viernes se ha pasado toda la mañana limpiando. «Y menos mal que hemos limpiado las alcantarillas hace poco, si no…», concluye Sainz.

Ver más

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos