El buque 'Esles'

Imagen antigua del Buque Esles./
Imagen antigua del Buque Esles.

González Echegaray narra está escena de la guerra civil española donde uno de sus protagonistas es esta embarcación

JOSÉ LINARES

El historiador cántabro González Echegaray narra está escena de la guerra civil española donde uno de sus protagonistas es el buque Esles. En cursiva y entrecomillados están los textos copiados literalmente del autor para que se pueda apreciar ese estilo tan característico de los escritores marítimos cántabros mediados el siglo XX

El 'Almirante Cervera' fue un crucero del frente nacional apodado 'El Chulo del Cantábrico', dada la impunidad con que minaba puertos y cañoneaba poblaciones costeras como Gijón o Santander, además a finales de la guerra civil buscaba y capturaba barcos mercantes de distintas banderas que intentaban violar el bloqueo marítimo impuesto por el bando franquista. En fin, que era un perro de presa correteando por el mar Cantábrico, pero a nosotros nos interesa porque en una de esas acciones apresó al buque Esles cuando transportaba una singular carga.

«Don Manuel Moreu era el comandante del crucero, descansaba en su litera cuando, a eso de las seis, fue llamado por el acústico y subió al puente. La brisa del este en forma de ventolina suave apenas si rizaba la mar; lejos, tras la bruma, se oía el bordoneo sordo del frente. Enmascarado a contra sombra, sobre el Monte Curiella en la línea de la costa lejana, acababan de avistar los serviolas a un barco mercante de regular porte y con las luces apagadas, que hacía un rumbo nordeste y que al parecer había salido del Musel (puerto de Gijón)».

En efecto era el buque Esles con un triste cargamento de casi quinientos refugiados, en su mayoría mujeres y niños que intentaban huir a Francia y escapar de la guerra o de la posguerra que suele ser incluso peor. El barco se había convertido en un campo de concentración marítimo entre gritos, lloros, blasfemias y mucho miedo. Pobres gentes procedentes en su mayoría del País Vasco que intentaban terminar su periplo agónico de fuga hacía la acogedora Francia teniendo que hacer antes escalas lamentables en Bilbao, Santander y Gijón.

«El 'Esles', silencioso, con su cargamento de aquelarre, sucio, despintado y viejo. Perdiendo vapor por todas partes, avanzaba despacio partiendo el agua con parsimonia».

«Cuando el 'Almirante Cervera' se puso a su altura y lo dio una vuelta en derredor con la suavidad de su media máquina, el 'Esles' paró la suya y se entregó al crucero. Ya estaba el sol arriba y la costa teñida de gris malva con el difumino suave de la bruma sobre el cantil, cuando el 'Cervera', a la voz, pasaba al 'Esles' la orden de hacer rumbo al 250° y de que suspendiera inmediatamente el envío de llamadas de socorro que por radio estaba mandando al aire desde hacía ya un buen rato. La amenaza de la artillería del crucero era, desde luego, un argumento disuasorio bastante contundente, y el 'Esles', obedeciendo, puso rumbo a Cabo Peñas, escoltado de cerca por su captor».

Cuenta el historiador que en este trayecto de pronto el 'Esles' hizo sonar su sirena mientras pasaba por radio un aviso y paraba sus motores; una persona había caído al agua por la borda. Realmente no era extraño este percance en un carguero atestado de gente terrestre que no había pisado la cubierta de un buque en su vida y que, enloquecida de pánico y desesperación se agolpaba o correteaba de proa a popa encerrada en su propia jaula. El 'Esles' arrió su bote de servicio y con él se repescó al náufrago; después prosiguió su marcha al cautiverio, navegando a buena máquina y a la vista siempre del crucero.

La cortina de niebla se iba levantando. Serían ya las once de la mañana cuando se distinguieron por la proa las siluetas minúsculas y humeantes de dos bous (barcos pesqueros armados), uno de ellos llamado el 'Fantástico' se acercó al 'Esles' para hacerse cargo de la presa y conducirla al puerto de Ribadeo.

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