Okuda ha comenzado a pintar el Colegio Vital Alsar

El artista Okuda y su equipo, ayer durante el inicio de los trabajos de rediseño de las fachadas en el Colegio Vital Alsar, en Cueto. / María Gil Lastra

Faltan 3.200 euros para pagar el rediseño de la fachada del centro de Cueto, que recibió al artista de Santander entre la emoción de padres y alumnos

JAVIER GANGOITI SANTANDER.

Todos los años a estas alturas de septiembre, los niños de Cantabria vuelven a llenar sus mochilas de libretas inmaculadas, pinturas de todos los colores y gomas impecables. Ese primer día de colegio, los pequeños alternan el entusiasmo de ver a sus compañeros con la pereza de enfrentarse de nuevo al día a día. Los gritos de reencuentro, los llantos de alumnos que se niegan a cruzar la puerta y el consuelo de los padres ya forman parte de la música habitual al final de las vacaciones. Lo que no ocurre con tanta frecuencia es la situación que se dio ayer en el Colegio Vital Alsar, de Cueto. Ahí, decenas de alumnos de todos los cursos asistieron atónitos a la llegada del artista Okuda (Óscar San Miguel) para convertir su colegio en una obra de arte.

Un mes después de poner en marcha una campaña de micromecenazgo en la plataforma 'Ulule' y recaudar 26.800 euros (de los 30.000 que exige la reforma), el artista santanderino y su equipo llegaron al colegio en medio de abrazos y una emoción compartida por todos. Se presentó, agarró un bote de pintura, se subió a una escalera y comenzó a dar color a las paredes del centro ante los bailes y aplausos de los pequeños.

«Lo bonito es que esta iniciativa nace de los niños. Esta es una de esas escuelas que da voz a los alumnos y eso es algo a valorar. No hay muchos centros así», expresó Okuda. El modelo educativo del Colegio Vital Alsar es otro de los aspectos que más ha atraído al artista: «Aquí tienen en cuenta el desarrollo creativo de los pequeños, algo fundamental hoy en día y que las instituciones deberían potenciar más». «En este centro enseñan mediante la unión y no a través de la competición», afirmó el pintor y escultor, que expresó su deseo de querer ver el Vital Alsar «tan bonito por fuera como por dentro».

Tito de la Fuente, presidente de la AMPA y uno de los artífices del éxito del proyecto, se mostró muy agradecido por «este sueño hecho realidad». No oculta su asombro cuando recuerda el origen casual de la iniciativa: «Primero pensamos únicamente en el rediseño del cartel del centro y a esa propuesta se sumó la intención de que fuera Okuda el encargado de rehabilitar la fachada. De pronto, vimos cumplido nuestro sueño, y el artista se prestó amablemente a ayudarnos», rememora. El esfuerzo de multitud de padres en redes sociales, el apoyo de los donantes y la fuerte presencia internacional del autor hizo el resto. No en vano ha logrado que más de veinte países de todo el mundo colaboren con la causa. La participación entre el personal del centro, padres y alumnos fue total. Nadie quiso faltar a la cita solidaria, en la que han formado parte varios comercios. Empresas como Montana; Pinturas Tenysol; Corema21 Reformas y el Restaurante La Lola, que dará de comer a los artistas durante los cinco días de trabajo, han querido contribuir a la iniciativa. Tampoco se quedó fuera el Ayuntamiento de Santander que, a pesar de las dificultades para subvencionar el proyecto en un principio, siempre mostró su intención de colaborar, destacan desde el colegio. Hace unas semanas, Cultura confirmó una aportación de 1.500 euros. «El día que vi que estábamos recibiendo tanta ayuda me eché a llorar de la emoción», expresó Tito de la Fuente.

Un mes después del inicio de la campaña, ése sigue siendo el estado general de muchos de los padres que verán mejorado el centro de sus hijos. María Rivero es una de las madres que ayer compartió el emocionante momento del inicio de los trabajos. «Estamos todos entusiasmados con este sueño», manifestó ante los primeros bocetos dibujados sobre la pared. Lo mismo que Mónica Míguez, que consulta con varios pequeños la evolución de los dibujos: «¿Os gustan los unicornios y los triángulos de Okuda?». Los gritos de alegría, las canciones y los bailes contestaron por sí solos. Nunca un primer día de colegio desató tanta emoción.

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