El precursor cántabro de la cibernética

Retrato de Leonardo Torres Quevedo/
Retrato de Leonardo Torres Quevedo

Se cumplen 80 años de la muerte de Leonardo Torres Quevedo, científico de prestigio internacional y creador incansable natural de Molledo

PILAR GONZÁLEZ RUIZSantander

Este 2016 se cumplirán 80 años de la muerte de Leonardo Torres Quevedo, una mente privilegiada, un hombre adelantado a su tiempo que como todos los pioneros, tuvo que enfrentarse a las críticas de sus coetáneos, alejados de su visión futurista. Natural de Molledo, este ingeniero y matemático dejó tras de sí destacados logros en materia de ciencia. Entre ellos cabría destacar dos por su trascendencia posterior: el dirigible o el transbordador.

Aunque nació en Santa Cruz de Iguña, tuvo relación familiar con Bilbao, donde estudió el bachillerato, antes de pasar una etapa en París y regresar a Santander donde se casaría e iniciaría su intensa labor de investigación, sufragándose él mismo los trabajos. Esto era posible gracias, en gran medida, a la generosa herencia que recibió por parte de Pilar Barrenechea, una acudalada mujer bilbaina en cuya casa se alojó el joven Torres Quevedo. Durante muchos años esa sería su forma de sacar adelante sus inventos, pues solo cuando empezó a ser conocido, el Estado le ofreció ayuda económica.

actos

Padre de ocho hijos, Don Leonardo participó también en la contienda carlista, defendiendo Bilbao en las filas de la milicia popular formada por voluntarios liberales.

En 1901 será nombrado director del Laboratorio de Mecánica Aplicada de Madrid, dedicado a la fabricación de instrumentos científicos. Una entidad cuya partida contó con el respaldo de Marcelino Menéndez Pelayo, Santiago Ramón y Cajal, Ramón Menéndez Pidal, Emilia Pardo Bazán o Joaquín Sorolla. Bajo su tutela saldrán adelante innovadores proyectos de la época, tales como el cinematógrafo, el espectrógrafo o el micrótomo.

Su destacada labor de estudio le llevó a ingresar también en la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, que finalmente presidiría desde 1910. También formaría parte de la Real Academia Española, de la Academia de las Ciencias de París (1920) y será nombrado Doctor Honoris Causa por la Sorbona (1922). Con los años se sumaría también a otras academias como la de Zaragoza, Buenos Aires o Ginebra.

El transbordador

Lo que ahora entenderíamos como un funicular, fue el primer proyecto como tal del inventor cántabro. Lo presentó en 1889 en Brevet (Suiza) tras varias pruebas realizadas en Portolín e Iguña. El motor de arrastre consistía en dos vacas que lograban desplazar el soporte, pensado para el desplazamiento de una persona. Más adelante, puliría el proyecto para el transporte de materiales. Tras varios modelos instalados en el Monte Uría, el más conocido fue el construido en el Niágara en 1916, bajo supervisión de su hijo Gonzalo, una obra de ingeniería aún operativa.

Máquinas y letras

La máquina analógica, precursora de la calculadora o la 'Machine a calculer que ideó para calcular las raíces reales de las ecuaciones trinomios. El telekino, un precursor del mando a distancia; el autómata ajedrecista, una de las primeras muestras de inteligencia artificial de su época; el husillo sin fin, pensado para calcular el logaritmo de un producto fueron algunas de sus creaciones, junto al desarrollo de una lengua simbólica y la creación de un diccionario tecnológico español. Torres Quevedo fue, además, uno de los primeros investigadores en dejar un completo archivo personal, cuajado de anotaciones y comentarios, que permiten acercarcarse a la dimensión de obra, de una trascendencia capital para el desarrollo del I+D+i de años posteriores.