Santillana del Mar, 25 oct (EFE).- El Museo de Altamira está estudiando la posibilidad de abrir al público la cueva de las estalactitas muy próxima a la cavidad rupestre, una visita que se incorporaría a la oferta de actividades pues desde su descubrimiento es de interés por la belleza de sus formaciones geológicas.

La posibilidad de reabrir esta cueva, que no tiene arte rupestre ni yacimiento arqueológico pero que fue utilizada como cámara sepulcral en la Edad del Bronce, forma parte de los proyectos que maneja la nueva dirección del Museo y se materialización dependerá de las posibilidades presupuestarias para 2017.

Este anuncio ha sido realizado hoy por la directora del Museo, Pilar Fatás, quien ha avanzado que otros proyectos en los que se trabaja son la reordenación de espacios en el entorno de la cueva, el llamado "paisaje de Altamira", con actuaciones en los caminos peatonales, en las zonas ajardinada y arbolada e, incluso, la posibilidad de abrir este área al público.

Ha insistido que estos proyectos quedan pendientes de que los apruebe un próximo Patronato de Altamira y en que se disponga de las consignaciones presupuestarias necesarias, aunque ha reconocido la dificultad de que todos ellos se puedan materializar en 2017.

En este sentido, ha adelantando que en los próximos meses está prevista la celebración de una reunión del Patronato de Altamira, para la cual todavía no hay fecha, ya que dependerá de la formación del nuevo Gobierno central.

No obstante, ha asegurado que el Patronato deberá aprobar la planificación de actividades e inversiones para 2017, en especial en infraestructuras, como la futura renovación de la exposición permanente y la mejora de la climatización del Museo.

Respecto a la conservación de la cuevas, Fatás ha asegurado que se mantiene la implantación del plan de conservación preventiva a través de la comisión de seguimiento que, cada cierto tiempo, evalúa las condiciones de la cavidad.

De los últimos resultados conocidos, ha destacado que se mantienen estables los parámetros de la cueva y también algunas de las problemáticas relativas a la microbiología o al agua en superficie que puede arrastrar pigmentos, pero, ha detallado, no son problemas nuevos sino que algunos de ellos se vienen siguiendo desde 2002.

En este sentido, ha reiterado que sobre estos problemas se está trabajando "de forma intensa" por parte de los técnicos e investigadores, para conseguir minimizar los riesgos que implican en la cueva.