La casa joven de Cantabria en la provincia cubana llana y ganadera

Interior de la sede del centro montañés en Camagüey.
Interior de la sede del centro montañés en Camagüey. / CMC
  • La asociación montañesa pide al Gobierno que singularice el caso de la isla por la lejanía y la precaria situación económica

Mongo, cubano de Birán, echa hacia atrás la cabeza, de regular tamaño, y se le ve divertido. La cita es en la Casa del Científico, en el Paseo Martí de Centro Habana, muy cerca de la sede histórica del Centro Montañés y la famosa esquina de Prado y Neptuno. La Casa del Científico fue la residencia del segundo presidente de Cuba, José Miguel Gómez "El tiburón", reconvertida en un hotelito de una decena de habitaciones, con una escalinata espectacular y una terraza en la que hay dispuestas unas pocas mesas. Mientras nos sentamos, Mongo observa mi sorpresa, que no disimulo, pese a la advertencia previa de Fernando García, el director de Viajes Altamira. Por un momento creo que voy a almorzar con Fidel Castro. "¿Dices que me parezco mucho a Fidel? No te preocupes, estoy acostumbrado. Es cierto que tenemos un gran parecido, pero es Fidel quien se parece a mí. Yo soy el hermano mayor". Porque el hombre a quien todo el mundo llama Mongo, es Ramón Castro Ruz, el segundo de los siete hijos del gallego Ángel Castro y la cubana Lina Ruz, y el primero de los varones. Le llevaba dos años a Fidel y siete a Raúl.

Ramón, fallecido este mismo año, unos meses antes que Fidel, no fue un revolucionario como sus hermanos, aunque les apoyó logísticamente, sino un campesino. Cuando le conocí, en los años noventa, era el máximo responsable de la política ganadera del Gobierno cubano, trataba de poner en marcha un plan lechero, le habían hablado de la tradición de Cantabria y estaba interesado en conocer detalles. Mongo había visitado el Centro Montañés de la capital cubana por mediación de un amigo común, Rafael Marziota, y asistió después a una cena con una delegación cántabra en el hotel Habana Libre, el antiguo Hilton de Batista, en la zona de El Vedado.

La provincia de Camagüey, situada en el centro-este de Cuba, a unos quinientos cuarenta kilómetros de La Habana, tiene una superficie que triplica la de Cantabria, es la más extensa, llana y ganadera de la isla, y a ella se refería Ramón Castro al esbozar sus proyectos de desarrollo. Bautizada en 1514 por los españoles como Santa María del Puerto del Príncipe, pronto se llamó simplemente Puerto Príncipe, y conservó ese nombre hasta que Cuba se independizó de España. Es el lugar, según afirma Orlando Lázaro González Beares, presidente de la Asociación Cántabra, y corrobora cualquier estudio, "en el que mejor se habla español de la isla". La capital es una ciudad bellísima, cuyo centro histórico, que conserva los rasgos de las urbes medievales, fue declarado Patrimonio de la Humanidad por su alto valor arquitectónico.

Los emigrantes

Todavía en 1959, el año del triunfo de la Revolución, llegaron emigrantes cántabros a Camagüey para dedicarse a las explotaciones ganaderas, preferentemente, aunque practicaron otros oficios, los propios de la hostelería, los víveres, el comercio, los productos derivados de la caña de azúcar y la apicultura. "La mayoría de ellos prosperaron y pocos volvieron a su tierra. Camagüey es acogedora, y los montañeses fueron reconocidos por su trabajo, porque aportaron mucho a la economía. Como en otras partes de la isla, los grupos españoles más numerosos son los gallegos, asturianos y canarios, pero la colonia cántabra se hizo notar", señala González Beares, ingeniero termoenergético y agente de viajes, de sesenta años, cuyo abuelo, natural de Espinama, emigró a Cuba en 1920 y se estableció en la provincia. Fueron cientos los montañeses que terminaron asentándose en Camagüey durante esa época.

La huella aún permanece, la Asociación Cántabra cuida de que no desaparezca, y programa, con tal fin, diversas actividades destinadas a los mayores y a los niños. Si algunos cántabros progresaron con las vacas "aunque, sin duda, debieron extrañar el paso de las montañas y las quebradas de Cantabria a las llanuras camagüeyanas", otros lo hicieron en pequeños establecimientos comerciales en diversos barrios de la ciudad, como es el caso de Severo Beares, quien tuvo una bodega y carnicería en el reparto Las Mercedes y, más tarde, en La Vigía, o el de Raimundo del Campo, natural de Peñarrubia, quien trabajó durante muchos años en la Compañía Cubana de Electricidad hasta llegar a dirigirla. Aún pueden contemplarse algunos negocios regentados por montañeses que conservan el nombre original, pero sólo la información previa permite conocer que la actual Taberna Don Galletano fue en tiempos una tienda de comestibles, La Hora; que la Asociación de Publicistas ocupa el local que fue de la sastrería El Águila o que la Ferretería de Antón es hoy Radio 26.

Orlando L. González Beares.

Orlando L. González Beares. / J. Cotera

La singularidad cubana

Fue en el año 1994 cuando, en su primer viaje a España, González Beares visitó Espinama, el pueblo de su abuelo, y Santander. "Tanto entusiasmo me despertó la región que a mi regreso a Cuba decidí iniciar los pasos para la creación de una sociedad montañesa en Camagüey". Por medio de un llamamiento público a través de la radio y la televisión "convocamos a los naturales de Cantabria y a sus descendientes en el Centro Iberoamericano. Para mi sorpresa, acudieron ciento veinte personas. A los pocos días celebramos la asamblea de constitución, y en la actualidad contamos con 318 asociados, siete de ellos nacidos en Cantabria. Pero nada de esto hubiera sido posible sin la ayuda de Fernando García, padre e hijo, que se volcaron en el proyecto". Hoy, la Casa desarrolla una interesante actividad en la que se implican todos sus componentes, la coral Ijujú actúa en locales de la ciudad ofreciendo conciertos de la música más diversa, y el pequeño rincón montañés en Camagüey destaca por sus inquietudes culturales.

"Nuestro objetivo es dar a conocer y promocionar Cantabria en Camagüey. La distancia no acorta los sentimientos, y nos sentimos muy orgullosos de la labor que realizamos. Lo único que queremos es que Cantabria no nos olvide y recuerde que estamos aquí". González Beares pide al Gobierno autónomo que tenga en cuenta la lejanía y la precaria situación económica de la isla para "singularizar el caso de Cuba", con una "subvención justa que nos permita sobrevivir y continuar con nuestra labor publicitaria y de recuerdo". Necesitan, para ello, el suministro de folletos, videos o películas tanto para proyectarlas a sus asociados como a los muchos camagüeyanos que visitan la sede social. El presidente –"aquí, en Camagüey, siempre digo que soy de Santander y de Cantabria"– intenta alcanzar la meta contando con la colaboración de los socios, y organiza diversos certámenes entre ellos, siempre relacionados con lo que muchos aún conocen como La Montaña.

Sirva de ejemplo un extracto del poema ganador del concurso de poesía "Casa de Cantabria de Camagüey", escrito por la asociada Yolanda Fresnedo Alonso: "Cantabria, para cantarte / hay que levantar la frente, / alzar al cielo la mente / para poder alabarte"... / "Amamos tus cordilleras / y las playas que te bañan, / valles, aldeas, montañas / y al santo de La Barquera, / las hayas de tus laderas, / Santander, El Sardinero, / Liébana, Laredo, Ampuero. / Cantabria, tierruca amada…". Cantabria en Camagüey.

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