Las piezas de cerámica de la fachada del Centro Botín no se adaptan a los cambios de temperatura

Alberto Aja

La Fundación, entre labores de seguimiento y mantenimiento, busca una solución que evite reponer las piezas constantemente

Guillermo Balbona
GUILLERMO BALBONASantander

Estética y técnica no siempre casan. La singularidad formal y arquitectónica que aporta la piel de cerámica al Centro Botín de Renzo Piano ha estado acompañada de problemas desde la puesta en funcionamiento del edificio levantado sobre el muelle Albareda. Tras el primer trimestre de vida del Centro de Arte, en octubre del pasado año, ya se detectaron varias decenas de piezas que presentaban defectos en su dibujo o revelaban la aparición de estrías y fisuras de diferente dimensión, lo que provocó su retirada y reposición. De manera gradual, con desigual incidencia, los problemas con las piezas de cerámica -que en un número cercano a las 280.000 envuelven el doble volumen edificado entre la bahía y la ciudad-, han continuado hasta el presente.

El problema reside en que las 'perlas', que se concibieron con «la misión de aprovechar la luz del sol por arriba, y reflejar la luz del agua por abajo», no se adaptan a los cambios de temperatura y los agentes naturales y medioambientales. Ello provoca defectos en la superficie o en la estructura de la pieza de cerámica, lo que obliga a quitarlas de la fachada correspondiente y a ser repuestas más tarde.

Fuentes de la Fundación Botín confirmaron este inconveniente técnico que ha obligado a una labor constante de seguimiento y mantenimiento que conlleva destinar un trabajo extra, un coste añadido y, por supuesto, un problema de imagen para el edificio que aún no ha cumplido un año desde su apertura en junio de 2017. La Fundación, en colaboración con los equipos de arquitectos y de mantenimiento de la UTE, trabaja en la búsqueda de una solución a un desajuste técnico delicado que supone unos protocolos de atención a las piezas, actuación sobre la superficie del Centro y el estudio constante de su evolución.

Esa deficiente adaptación de las piezas a los cambios de temperatura supone una permanente labor de seguimiento que se considera esencial para dar con la solución que evite esa constante actividad de retirada y eliminación de determinadas piezas para luego ser restituidas. En este sentido, se hace hincapié en que lo importante ahora es abordar un largo tiempo de observación que permita calibrar con detalle el comportamiento de las piezas para analizar los factores exactos que provocan los defectos y desajustes.

La Fundación, no obstante, subraya que nunca se han desprendido piezas ni existe riesgo de ello. El pasado mes de diciembre El Diario desveló un informe que apuntaba «el avance del deterioro de la cerámica en su cohesión mecánica» y advertía de que se puede producir «el desprendimiento de la misma de forma impredecible». De acuerdo con las conclusiones de las inspecciones técnicas de ese informe, «el estado actual de la cerámica y las actuaciones llevadas a cabo ponen en riesgo la seguridad de las personas que transitan por el muelle de Albareda y a los usuarios del edificio».

Hasta cinco tamaños diferentes de cerámicas circulares

Toni Cumella es el artífice de la piel de cerámica. El reto, hasta detectarse el actual problema, siempre fue «la tonalidad justa del nacarado». El sistema de fabricación de las piezas, que necesitó de un largo proceso, supuso el diseño de hasta cinco tamaños distintos de cerámicas circulares, lo que permite una «adecuación perfecta a la geometría del edificio». Desde 2011 la Cumella desarrolló una intensa investigación hasta lograr definir la forma y el material adecuados. Renzo Piano quiso que la fachada del Centro de Arte pudiese «aprovechar estéticamente el reflejo de la luz, captando las diferentes tonalidades según los cambios meteorológicos». Se concibió una amplia gama de esmaltes, «del brillante al mate, hasta llegar al actual color blanco, un poco satinado, que lucen las piezas». Estas se fabrican en moldes metálicos circulares en revolución en los que se pone la cantidad precisa de gres. El proceso se inicia con el moldeado de cada pieza, que es extraída después por un robot mediante una ventosa con vacío. Una vez reposadas y secas se aplica por areografía un esmalte blanco satinado y se hace una primera cocción a alta temperatura, a 1.420 grados. Después comienza la fase de nacarado.

Por su parte, la Fundación Botín desmentía que existiera riesgo alguno, negaba que se hubiesen producido desprendimientos y destacaba la labor de mantenimiento y estudio continuo del edificio construido durante cinco años. Asimismo, subrayaba que la envolvente de cerámica responde a un sistema «muy innovador al que ya estaba previsto tener que dar un seguimiento muy cercano para comprobar su funcionamiento». La estética de la infraestructura de arte y cultura, levantada por la institución santanderina, ha sido alabada por publicaciones especializadas y ha sido incluida ya en estudios y monografías sobre el arquitecto genovés. Durante el proceso de construcción, la envolvente necesitó de numerosos planteamientos y decisiones afrontadas por lo novedoso de la instalación, más los retos derivados de las piezas y su encaje sobre la cubierta diseñada por el premio Pritzker. El informe, del que tuvo constancia este periódico, fue elaborado por la empresa Disset. En él se describían las incidencias en la envolvente cerámica desde la finalización de las obras de edificación. La durabilidad, funcionalidad, seguridad y estética son los objetivos primordiales de cualquier actuación sobre la envolvente, según los procedimientos establecidos en todo manual de uso y mantenimiento de la superficie. Tras el análisis en el edificio, el informe estimaba que eran unas 39.000 cerámicas «fisuradas, situadas principalmente en cubierta y fachadas verticales, que presentan síntomas de este proceso de degeneración».

Alberto Aja

La Fundación ha negado siempre que exista riesgo alguno -«ni hay piezas rotas como tal ni desprendimientos posibles»-, y algunas fuentes apuntan a que se tomarán medidas técnicas en las próximas semanas en busca de esa solución final. Como ya sucediera durante el primer trimestre en diversas ocasiones, en este mes de abril ha sido visible a menudo la presencia de la grúa y la actividad de operarios para suprimir o reponer las piezas que se consideran afectadas. La mayor parte se ubicaban en la fachada principal que sostiene la pantalla donde ahora se pueden apreciar los huecos. Las fachadas principales del volumen Oeste y Este y la superficie de la cubierta de ambas edificaciones son las más afectadas por el problema de temperatura al estar más expuestas al sol. Para el desarrollo del revestimiento cerámico completo del Centro se proyectaron una por una sobre un plano las 280.000 piezas con criterios estéticos. De esta forma, «cada pieza tiene su propia posición en el edificio, cuya coordenada ha sido trasladada digitalmente a la bandeja de la envolvente sobre la que va atornillada con unos taladros de fijación».

«El mayor reto fue la piel de cerámica». El arquitecto Renzo Piano, apenas un mes antes de la inauguración de la que es su primera obra en España, ya declaraba a este periódico en su estudio de Génova que la envolvente acapara la singularidad de su proyecto. La «delicada piel» de la infraestructura, que refleja las tonalidades de la bahía, el cielo y los Jardines de Pereda, se considera «uno de los elementos más representativos» del equipamiento cultural construido frente a la bahía.

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