La Policía puso veinte multas en el estreno del MetroTUS

La Policía puso veinte multas en el estreno del MetroTUS
Javier Cotera

Las sanciones por utilizar o detenerse en el carril reservado a autobuses, taxis o motos ascienden a doscientos euros. Los agentes estaban ayer vigilando la zona

Álvaro Machín
ÁLVARO MACHÍNSantander

A eso de las once de la mañana de ayer, un coche de la Policía Local pasaba por el carril reservado frente a la Delegación de Gobierno. Cinco minutos después, justo por el otro lado. De patrulla. Y en torno a las doce y media, un vehículo de los municipales estaba detenido con vistas a la amplia zona de parada de autobús de la Plaza del Ayuntamiento. Ni un coche parado en el espacio para buses, taxis y motos. Y si pillan a alguno -las cámaras que hay por el recorrido aún no han entrado en funcionamiento-, multa. En el día del estreno, veinte sanciones. Quince fueron para conductores de vehículos particulares -por usar el carril o por detenerse- y otras cinco, para los del reparto. Porque la carga y descarga está prohibida. Cada multa son doscientos euros.

«Por la mañana hemos solicitado presencia de la Policía en el intercambiador de Valdecilla porque se había detectado que empezaba a poder ser habitual que a la hora de llevar a alguien a que coja el autobús allí, se metieran en el carril bus para apear a los pasajeros. Antes de que eso se convirtiera en práctica habitual, se ha solicitado la presencia policial de manera disuasoria». Gema Igual apuntó ese dato y también la tarea de «concienciación» con los taxistas, pero desconocía si se habían puesto multas. Y sí. Las veinte, a doscientos euros cada una, que se quedan en la mitad si se pagan en quince días.

«Pues ya me dirás cómo lo hacemos ahora»

Los habituales -los que se conocen- son unos treinta o cuarenta. Y el jueves, a cinco les multaron. «El primer día, la primera vez, al minuto, en vez de avisar y decir que ya no se puede parar donde lo llevamos haciendo los últimos seis años, pusieron multas.

Si lo haces tres veces en una hora es lógico. Pero si me avisan a la primera, ya sé que no debo hacerlo y no lo haré, sin necesidad de tener doscientos euros menos en el bolsillo», se quejaba un repartidor (no fue de los multados). «Ya me dirás cómo lo hacemos ahora. No hay solución. Nos dicen que hay que ir a la carga/descarga que hay detrás del Paseo de Pereda para ir, por ejemplo, al embarcadero. En Casimiro Sainz no hay carga/descarga y la de la bajada de Santa Lucía el jueves estaba ocupada por coches particulares».

El caso es que ayer, haciendo un ejercicio de observación a media mañana, era raro ver a algún conductor por donde no debe. Aunque hubiera excepciones. Como una mujer en bicicleta -no pueden usar el carril- y otra conductora que paró junto a un semáforo en el área reservada para dejar a su acompañante. Por poco no coincidieron con la patrulla policial...

Javier Cotera

Por si acaso

Hay incluso cierto temor a equivocarse. Entre la rotonda del Banco Santander y el Ayuntamiento -dirección Cuatro Caminos- no todo es carril exclusivo. El espacio restringido llega hasta la intersección con la calle Puente, justo frente a la Catedral. El caso es que en el suelo no está pintado el final del tramo y hay únicamente una señal vertical que lo indica. Pero allí, por si acaso, no se mete nadie. En cinco minutos de observación, sólo motos y un par de taxis. Nadie más.

Aunque suponga aumentar el espacio para la circulación abierta en un buen puñado de metros hasta la Plaza del Ayuntamiento y desahogue la parte anterior, en la que únicamente se ha dejado un único carril para todo lo que no sean vehículos autorizados (habrá que esperar para ver si allí se dan atascos los días complicados).

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Y algo parecido ocurre, en el mismo sentido de circulación, al llegar a San Fernando. Desde la salida del túnel a la primera parada de autobús hay poco espacio. Y es raro ver que por allí, a la derecha, se meta algún coche. Si acaso, más adelante, y ya con la intención de girar por Narciso Cuevas. Aunque allí ya no exista ningún carril reservado.

Por lo demás, ayer, pararse a escuchar conversaciones en las marquesinas suponía seguir aumentando la colección de usuarios con dudas. «¿El grande para aquí?», preguntaban en Correos. Frente al Ayuntamiento, cuatro personas miraban la pantalla de próximas llegadas como el que mira un Madrid-Barça. Un señor, uno de ellos, iba de esa pantalla al mapa colgado del cristal una y otra vez. Llegadas, mapa. Próximo autobús, ruta. Hasta que otro viajero le hizo la pregunta: «¿Usted dónde quiere ir?».

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