Castanedo, el paraíso de caballos y jinetes

Una de las monitoras, durante la doma de uno de los ejemplares de la yeguada de Castanedo. /
Una de las monitoras, durante la doma de uno de los ejemplares de la yeguada de Castanedo.

La yeguada de Castanedo se ha convertido en todo un referente del mundo de la hípica regional, escuela de campeones y santuario de caballos

ELENA TRESGALLO

En un paraje verde al lado de la costa pastan tranquilos varios caballos y, a lo lejos, se escuchan risas infantiles y se avistan las instalaciones de la Yeguada de Castanedo en Ribamontán al Mar. Se trata de un lugar especial, rodeado de la magia de la naturaleza, en el que jinetes y caballos aprenden a quererse, a cuidarse y a entrenarse para competir o por simple diversión. Castanedo es un recinto de varias hectáreas de terreno con zona de entrenamiento cubierta y al aire libre, donde aprender a montar, pero también un auténtico nirvana para caballos.

Hace 19 años que la vida llevó a Mirian Uriarte, una conocida jinete y domadora vasca, a adquirir una yeguada ya en marcha en el pueblo de Castanedo en Ribamontán al Mar. No se sabe bien si el lugar la encontró a ella o fue ella quien lo llevaba buscando toda su existencia, pero el caso es que se quedó allí. «Para mí es un modo de vida, es mi filosofía, no sabría hacer otra cosa», explica satisfecha de lo que hace.

Mientras nos enseña las instalaciones, media docena de caballos saludan al pasar por las cuadras, unos mueven la cabeza en señal afirmativa, y los más mimosos te acercan el hocico para que no te vayas sin saludarles. Se trata de animales que sus dueños confían al cuidado de la Yeguada y de Mirian. Allí duermen, desayunan, cenan y pastan libres si quieren. Se les doma si son salvajes o necesitan más aprendizaje, se les cepilla y se les limpia hasta que sus dueños vienen a verlos para montarlos o pasan sus últimos días de jubilados en paz.

«Es un trabajo de la mañana a la noche, no hay descanso», insiste Mirian mientras hace tres cosas a la vez, todas mecánicas, y a la velocidad del rayo. «Yo es que soy hiperactiva», se disculpa, y sigue saludando caballos y enseñándonos las estancias de la yeguada a ritmo de trote ligerito, porque tenemos poco tiempo y muchas cosas por hacer. Los caballos están resguardados en boxes de descanso, Mirian explica que son más grandes de lo normal, porque en su día, la anterior dueña los construyó así «y son un auténtico lujazo», incide.

Llegamos a una sala mediana, donde están los aperos para la monta. En las paredes, cada bocado y montura tiene su nombre y corresponde a los caballos o ponis que van a ser montados por los niños y adultos que acuden al centro ecuestre para aprender a montar y conectar con el alma de los caballos.

Abajo, en la llanura, esta el campo de entrenamiento y Malena de la Maza, la profesora de equitación y salto trabaja con un grupo de niños y niñas que montan ponis y caballos más grandes que ellos, pero que manejan con una destreza increíble para su edad, obteniendo muy buenos resultados en la liga cántabra. Se huele complicidad y cariño por los cuatro costados de la pista de entrenamiento.

Desde la ventana de la pequeña cafetería de las instalaciones dos mujeres toman algo, mientras contemplan a sus hijos entrenar y saludan a Mirian, el trato es muy familiar y cercano, tanto que la propia gerente de las instalaciones nos confiesa que son los padres quienes le han ayudado a acondicionar ese espacio dentro de la yeguada, porque son un auténtico equipo.

Hace sol y los niños están practicando al aire libre, pero junto a las pistas hay una enorme nave cubierta «en la que pueden entrenar los días malos», añade. La escuela tiene la misma filosofía que Mirian que ha gastado una de sus dos vidas en los caballos. Allí los niños aprenden a manejar los animales pero también a cuidarlos y respetarlos como si fueran su propia prole. «Lo primero que hacen es cogerlo y limpiarlo, no vienen y montan de seguido, siempre empiezan desde abajo o me ayudan a darles de comer», resume. Y no es tarea fácil, solo para dar de comer a todos los caballos de la Yeguada hay que estar una hora diaria haciendo la papilla de avena o cebada, machacando el grano por un pasa puré enorme que ruge a ritmo de relincho.

En Castanedo los niños aprenden a relacionarse con los caballos a precios nada elevados, a pesar del tabú de deporte caro que rodea este mundo. «Los niños del municipio tienen un precio especial de 40 euros al mes y vienen a montar una vez por semana», resume Mirian. En verano, la yeguada también organiza cursos o campamentos a precios bastante competitivos y no es más caro que cualquier otra actividad infantil. El teléfono para las clases o los paseos es el 606 405 079.

Hotel para caballos

La pasión de Mirian Uriarte por el mundo del caballo va más allá de la Yeguada de Castanedo. De hecho es la promotora de un segundo proyecto en la vecina localidad de Entrambasaguas, donde hace siete años que puso en marcha un hotel para caballos, en una finca de más de 10 hectáreas de terreno en El Bosque. Se trata de un lugar donde ella misma vive y se desvive por estos animales, muchos de ellos ya retirados de la competición y que «necesitan un lugar para descansar y estar tranquilos», explica.

Los dueños de estos caballos algunos viejos campeones de un gran alto palmarés confían a Mirian su cuidado y ella les proporciona un retiro a la altura de un nirvana para caballos en un bello rincón de pastos verdes de Trasmiera.