'Calzoncillos borrachos' o la felicidad al estilo finlandés

'Calzoncillos borrachos' o la felicidad al estilo finlandés

Tomarse una copa ligeros de ropa es algo que los finlandeses asocian con el bienestar. Repasamos los conceptos que mejor definen la felicidad en las distintas latitudes del planeta

YOLANDA VEIGA

En Finlandia el emoticono de la felicidad no es la carita amarilla sonriente. La estampa son un hombre y una mujer en ropa interior y cerveza en mano. Además de emoticono, la sugerente escena tiene nombre: 'kalsarikännit'. Literalmente significa 'calzoncillos borrachos', y la explicación también es bastante literal porque si con algo asocian los finlandeses el bienestar es con encerrarse en casa con la calefacción a tope, poca ropa y una copa.

El país nórdico acaba de revalidar su condición de país más feliz del mundo. El primero de 156. Completan el top 5 Dinamarca, Noruega, Islandia y Holanda, y España aparece en la posición treinta del informe, elaborado por la Red de Soluciones para un desarrollo sostenible de Naciones Unidas.

A propósito de esto de la felicidad, la periodista británica Helen Russell ha recorrido el mundo buscando su origen en distintas latitudes. El resultado, un 'Atlas de la felicidad' (Libros Cúpula) que bien podría ser un diccionario: una treintena de palabras que invocan a la buena vida en otros tantos países del mundo. Por cierto que ha incluido a España, con una definición de la 'dolce vita' que se asienta en dos totéms: «el tapeo y la sobremesa». Un estilo de vida muy vinculado al sol y a estar en la calle.

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Todo lo contrario que en Finlandia. Allí la felicidad tiene que ver con el frío y el recogimiento. Y le sacan chispas: durante una reciente ola de frío se hizo viral un meme que describía cómo se tomaban en el norte del Europa el temporal: en Suecia lo llamaron 'Cañón de Nieve', en Reino Unido le decían 'La bestia del Este' y en Finlandia lo bautizaron, con mucha guasa, 'Miércoles'. Con lo del tapeo descartado allá arriba, a mediados de los 90 los finlandeses se inventaron el 'kalsarikännit'. Explican en el libro que se puede practicar «solo o en pareja» y que una alternativa interesante es trasladarlo a una sauna. Una cosa también muy finlandesa esta de la sauna, tanto que hay una por cada tres habitantes.

A continuación repasamos algunos de los conceptos con los que ciudadanos de todo el mundo identifican la felicidad en su casa, desde la veneración por las cosas antiguas a la flexibilidad en el trabajo o la 'escuela' que ha creado Roger Federer:

Costa Rica ¡Pura Vida!

La gente que ha viajado a Costa Rica acostumbra a traerse de allí una hamaca de esas de árbol o una camisa de flores. Pero mejor harían en importar el '¡Pura vida!'. Es el saludo nacional y lo que mejor define a los 'ticos'. En el 'Atlas de la felicidad' de Russell se describe como «despreocupación, conciencia social y orgullo ecológico». Y es que en Costa Rica viven sin mirar el reloj -«llegar dos horas tarde es la norma general, algo que vuelve locos a los extranjeros»-, dan mucha importancia a la familia -el domingo es el 'día de la abuela'- y cuidan como pocos del privilegiado entorno natural en el que habitan: tienen la mayor densidad de especies del mundo y producen el 99% de su electricidad mediante fuentes de energía renovables.

Dinamarca Felicidad en el trabajo

Lars trabaja de nueve a tres pero no perdona el jogging a media mañana. Ni Mads y Mete su clase de yoga para parejas. Lo hacen en horario laboral, sin dar cuenta al jefe. En Dinamarca tienen un concepto difícilmente extrapolable a otros países: el 'arbejdsglaede', en castellano 'felicidad en el trabajo'. Y más que con el sueldo tiene que ver con la condiciones: la jornada laboral oficial es de 37 horas semanales aunque en la práctica trabajan «treinta y tres», a sumar «las cinco semanas de vacaciones» e «incontables días libres» como la celebración del 'Día de la plegaria general'. Pone Helen Russell los dientes largos a los 'currelas' de medio mundo al enumerar las ventajosas condiciones laborales de las que gozan los daneses. «Apenas se ven corbatas, no es raro ver al director ejecutivo de la empresa charlando junto a la máquina de café con la persona encargada de la limpieza o a la directora financiera haciendo cola en el comedor. La comida es un momento innegociable y de postre es probable que haya tarta». La persiana se cierra a las tres de la tarde y si un día te quedas hasta las siete «es más probable que te ganes un sermón que una palmadita en la espalda».

Japón Apreciar lo viejo

Cuando la autora del 'Atlas de la felicidad' le pregunta a su amiga Yukiko por la felicidad, ella le habla de su abuela. «De niña le ayudaba a arrancar la hierba que crecía en los laterales de los campos de arroz. Todos los días la arrancábamos y al día siguiente estaba ahí de nuevo. Aprendí a respetar la naturaleza y sus imperfecciones». En eso consiste el 'wabi-sabi', en «respetar las cosas que envejecen, desde las personas hasta los jarrones». «Ser 'viejo' no es algo malo en la cultura japonesa, significa que tienes una historia, lo que te añade valor». Y esa filosofía se aplica también a lo material: «El 'kintsugi' es el arte antiguo japonés de reparar piezas de cerámica que se han roto con esmalte metalizado que rellena las grietas. En lugar de esconderlas, las grietas se resaltan con oro puro e incluso se admiran. El objeto es bello gracias a sus imperfecciones».

Suiza 'Federerismo'

Tienen en Suiza un embajador extraordinario: Roger Federer. Y ha creado escuela al margen del tenis. El 'federerismo' es la palabra que la autora del libro se ha inventado para resumir el ramillete de virtudes que adornan al tenista en particular y a los suizos en general y que tan felices les hacen: «buenos modales, disciplina, control, humildad, meticulosidad, precisión... y puntualidad». Más que la de los británicos. Cuenta Diccon, el guía suizo de Russell, que «en el Reino Unido se considera que un tren llega tarde si se retrasa más de diez minutos. En Suiza son tres minutos». Por algo anuncian relojes. Lo hace también Federer, que por cierto escoge siempre «los modelos menos llamativos». Lo que provoca que su imagen sea la de una persona rica «pero no pomposa». Muy en la línea de no destacar de los suizos. «Son educados y discretos. Ya puedes estar a diecisiete bajo cero que un suizo dirá: 'Hace un poco de fresco' o puede que ni siquiera lo comente».

Hawai ¡Aloha!

Un collar de flores, '¡aloha!'. Y enseguida uno entiende por qué esa palabra resume como pocas el concepto de felicidad. «Es una expresión que significa amor, compasión, solidaridad, amabilidad, respeto y perdón», explica Russell en su libro. Es «una forma de vida» y también «una fórmula de saludo», concretada en un 'shaka', un gesto que se hace extendiendo tres dedos de la mano y cerrando los dos centrales. «Se dice que el 'shaka' nació cuando un anciano amigable que tenía por costumbre saludar a los transeúntes perdió los dos dedos del medio en un accidente de jardinería. Eso lo podría haber vuelto huraño pero él tenía un corazón tan grande que siguió saludando con su mano accidentada y la gente empezó a devolverle el saludo cerrando dos dedos en señal de solidaridad». Pues eso, '¡aloha!'.

Italia El gusto de no hacer nada

«Para los italianos no hay gran diferencia entre trabajar y no trabajar». Conste que se lo cuenta así una italiana a la autora del libro. Y con eso está casi todo dicho. El 'doce far niente', que es el concepto italiano que evoca la felicidad, se traduce como 'no hacer nada' y de ello han hecho en aquel país una auténtica virtud. «Los alemanes y los daneses, por ejemplo, no lo entienden y eso de no hacer nada les horroriza. Te preguntan: '¿Por qué? '¿estás bien'». Y sí, están muy bien. Muy bien y muy entrenados. «La felicidad está en las pequeñas cosas, en ver la vida pasar con un café y un cornetto en la mano, en reírse de los turistas o de los políticos... El sentido del humor es muy importante y en Roma todo el mundo es cómico. El camarero al que has pedido un café antes de traértelo se parará a contar un chiste a todo el mundo y a ti te tocará esperar».

Islandia Todo saldrá bien

«En Islandia dicen de broma que un día erigirán una estatua en Reikiavik en honor al único islandés que jamás escribió un libro». Lo dicen porque «es el país con más escritores, más libros publicados y más libros leídos por persona que en cualquier otro lugar del mundo». Esto es también 'Petta reddast', la expresión que mejor define la felicidad al estilo islandés. Tiene una traducción optimista: 'Todo saldrá bien', y se refiere a la actitud de esta gente recia, al ánimo con que enfrentan la vida en un territorio hostil donde solo hay cuatro horas de sol en invierno. «A los niños islandeses se les enseña a ser fuertes y no es raro ver a críos de 6 años yendo solos al colegio y caminando largas distancias en medio de la oscuridad invernal». Eso también es 'Petta reddast': confianza en sí mismo, demostración continua de que pueden con las adversidades. Como cuando en 2008 los tres principales bancos del país colapsaron y la gente respondió con caceroladas. «Para mediados de 2012 Islandia se convirtió en uno de los casos de éxito de recuperación en Europa», recuerda Russell.

Sudáfrica Humanidad

Habló del 'ubuntu' Barack Obama en un homenaje a Nelson Mandela en 2013. Es una palabra muy cortita par describir algo muy grande: humanidad. El 'ubuntu' «fue una luz que guiaba al movimiento anti apartheid», recoge la autora en su 'Atlas de la felicidad' y explica que el término tiene que ver con «conferir un gran valor a la vida y el bienestar del otro». Probablemente el concepto de felicidad más global de cuantos se recogen en estas líneas. Una explicación muy gráfica de qué es el 'ubuntu' es la que dio Mandela en 2006 a un periodista que le preguntaba por ello: «En los viejos tiempos, cuando éramos jóvenes, un viajero que atravesaba el país se paraba en un pueblo y no tenía que pedir comida o agua, en cuanto paraban los vecinos le daban comida y le atendían».

Las 'tapas' o la felicidad 'made in Spain'

El viaje por el mundo feliz de Helen Russell hace escala en España. Para su investigación la autora contacta en cada país con lugareños y aquí se prestan a hacer de guías Diego, de Andalucía, y Marta, de San Sebastián. Que le cuentan cosas como ésta: «La vida sin tapeo es inimaginable. Sales el sábado a las 19.30 y te dejas llevar». Le explican que el recorrido incluye «como mínimo» tres bares y de ahí en adelante, los que quieras. «Si tienes veintitantos años te quedas por ahí hasta las once de la mañana del día siguiente, que es la hora de ir a por churros con chocolate. Luego, cuando tienes treinta y tantos te quedas hasta las cinco o las siete de la mañana y con cuarenta y tantos puede que hasta las dos de la madrugada. Pero nunca te recoges antes». A estas alturas la autora del 'Atlas de la felicidad' (Libros Cúpula), ojiplática, no sabe si coger un avión directo a Madrid o escapar antes de acostumbrarse demasiado a los hábitos autóctonos.

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