Charlas en verano

«Me gustan las ciudades que abrazan el mar»

«Me gustan las ciudades que abrazan el mar»
Daniel Pedriza

Alejandro Pelayo es la parte más tímida y silenciosa del grupo que forma junto a la actriz Leonor Watling. Cuando está en Santander, está en casa, pero confiesa que su sueño es perderse en Villacarriedo

Mariana Cores
MARIANA CORESSantander

Hace catorce años la vida musical de Alejandro Pelayo (Santander, 1971) se cruzó con la de la actriz Leonor Watling, con quien formó el grupo Marlango. Desde entonces, con sus más y sus menos, no han dejado de crear. En septiembre presentan su séptimo disco. Cuando algo va mal, acude al piano. Cuando algo va bien, recurre a lo mismo. «La música es mi terapia». Todo empezó de pequeño, cuando sus padres le llevaban a la casa de la profesora de música María Teresa Gutiérrez, en la calle Santa Clara, en Santander. Después vino el conservatorio Ataúlfo Argenta, en la antigua sede, en unos bajos de la calle Menéndez Pelayo. «Tuve la suerte de aprender a tocar como un juego, algo que deberíamos de inculcar a todos los niños», afirma. No le gustan las entrevistas ni los bullicios. Es feliz sobre el escenario y escapándose a La Magdalena, donde escribe y corre. «Necesito el silencio para crear y lo encuentro cuando salgo solo a correr. Es una necesidad egoísta. Lejos de todo el mundo». Su sueño: una casa en Villacarriedo. «Algún día, lo conseguiré», sentencia.

–De Watling ha sido amigo, novio, exnovio, amigo y ahora más que hermanos. A pesar de todo, Marlango sobrevive.

–Hemos sido de todo. Nos conocimos en 1999 y Marlango nació en 2002. El primer disco, en 2004. En ningún momento hemos dejado de tocar. Lo que nos une es nuestra relación musical, más poderosa que la personal. Compartimos un gusto estético muy parecido que hace que seamos como coleccionistas. No podemos no hacer música porque nos mantiene cuerdos en el resto nuestras facetas, con nuestras parejas, como padres. Como los que juegan al póquer, de manera adictiva, nuestra relación con la música es igual. Siempre encontramos el hueco para quedar.

–¿Cómo se lleva la fama de una compañera que es una estrella de cine?

–Siempre ha sido así. Cuando empezamos ya era conocida como actriz. Al principio fue incluso más positivo. Cuando ella salió en el cartel de la película de Almodóvar 'Hablé con ella' nos vino muy bien. Pero también se esforzaba mucho por demostrar que no era un capricho de actriz. Sabíamos lo que estábamos haciendo y cuál era nuestra motivación. Este trabajo no tiene nada que ver con la interpretación, bajo el mando de un director y un equipo que trabaja como un ejército. Esto es algo que se genera desde un egoísmo muy íntimo. No tenemos a nadie que nos diga que tenemos que hacer un disco para el semestre que viene. Lo hacemos cuando necesitamos descansar del resto de cosas cotidianas.

–Estáis a punto de dar a luz una nueva criatura.

–Estamos a la espera de recibir el nuevo disco en cualquier momento. Lo presentamos el 23 de octubre, en el Teatro Rialto, de la Gran Vía de Madrid, y a partir de ahí, los siguientes dos o tres años lo estaremos tocando por todo el mundo. Este es el disco más conceptual y diferente a los seis anteriores. Nuestro plan era hacer una banda sonora de una película del cine clásico de los años cuarenta-cincuenta. El disco se llama 'Tecnicolor', en referencia a ese primer momento de tratamiento del blanco y negro.

–Cantan a Chavela Vargas.

–En el trayecto de la creación del disco, las diez canciones editadas se convirtieron en pequeñas piezas que forman parte de diez películas, podíamos decir. Están ambientadas en la época dorada del cine mexicano. Hay mucha referencia a José Alfredo Jiménez y a Chavela Vargas. Muchos personajes con problemas con el alcohol, el amor y el desamor. Se puede escuchar piano, violonchelo, metales. Sin percusión. No hay guitarra, ni ningún bajo, casi sin batería. Es bastante ambiental. Para que cada uno se haga su película.

–¿Es Leonor Watling la parte positiva de este dúo?

–Somos como el día y la noche. Ella es más extrovertida. Soy de aquí, de Santander, y me gusta cuando llueve. A ella le gusta el sol. Con eso te lo digo todo. Hacemos un buen equipo porque no dejamos que el otro se abandone. Yo a la melancolía y ella a lo suyo, que no sé bien qué es. Somos el mejor complemento el uno del otro.

–Tu hijo te dijo un día que tenías que componer canciones que se pudieran bailar.

–Cuando él tenía seis años (ahora tiene diez) estábamos en el coche y escuchábamos 'Habana', de Camino Cabello. Me mira por el espejo y me dice: 'Papi, tienes que hacer esto, canciones para bailar'. Me encantaría hacerlo. Algo que le gustara a todo el mundo, pero intento explicarle que cada uno es como es, y que está bien. Que hago música en el pino que no a todo el mundo le parece alegre, pero que también es bueno. Para un niño, la alegría es algo que está ahí por defecto. Pero en los tiempos que corren, en los que todo el mundo está haciéndose selfis, mostrando lo contentos que están, lo increíble que es su vida, eso sí que me da tristeza. La música está para ayudarme a superar el bajón del lunes o enfermedades de los padres. La música te ayuda a avanzar, a sentirte mejor.

–¿Dónde te gustaría perderte?

–En Villacarriedo. Es donde está nuestra casa familiar, por el lado de mi padre. Mi madre es del Asón. Estos dos sitios son mis lugares de veraneo. Aunque Villacarriedo es mi debilidad. Llevo más de diez años buscando casa para comprar allí. Cuando estoy en un hotel en México o en Buenos Aires, en el momento en el que no puedo dormir por el 'jetlag', me pongo a buscar casa en Villacarriedo. El problema es que no encuentro el apoyo familiar para mi plan. Pero para los niños y para mí sería como el sueño más cercano a hacerse realidad, y aún así, no lo consigo. Quizá sea porque lo tengo muy idealizado. También tenemos un terreno, en el que no se puede construir, pero le dije a un amigo arquitecto que me hiciera el proyecto básico. Ya tengo dibujada la casa, de una sola planta, de piedra. De vez en cuando lo miro. Cuando nació nuestro segundo hijo pinté a lápiz un añadido para su habitación y eso me mantiene muy activo y con ilusión.

–Muchas familias no aguantan Cantabria en verano por su meteorología. Usted, lo adora.

–Este es el mejor clima del mundo. Me hace feliz la lluvia. Me sienta bien. Y si además lo acompaño de salir a correr al lado del mar, ese silencio que me acompaña es lo mejor que hay. Me gustan las ciudades que abrazan el mar, no que son creadas a espaldas de este.

 

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